Reducción histórica en el uso de agua impulsa la eficiencia industrial y reposiciona la estrategia de Heineken en Brasil, con tecnología en tiempo real, metas globales más estrictas e impacto que supera fábricas y alcanza toda la cadena productiva de la cerveza.
El agua ha pasado a ocupar una posición central en la operación de Heineken en Brasil, y la unidad de Alexânia, en Goiás, se ha convertido en el principal ejemplo de este cambio al reducir el consumo hídrico a cerca de 2,2 litros por litro de cerveza producida.
Desde 2018, la fábrica ha recortado alrededor de 23% de este indicador y ha pasado a integrar el grupo de las unidades más eficientes de la compañía en el mundo, según ejecutivos de la empresa en una entrevista a EXAME.
Según un reportaje de la revista Exame, el salto llama la atención porque la distancia con respecto al pasado es significativa. Hace alrededor de dos décadas, la planta operaba con un consumo cercano a 10 litros de agua por cada litro de cerveza.
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Hoy, el desempeño se debe a una combinación de monitoreo continuo, revisión de procesos, reutilización en etapas industriales y una lógica de gestión que ha transformado el uso de agua en un indicador central de la operación.
“Una de las maneras de calcular nuestra eficiencia es cuánto de agua usamos por cada litro de cerveza producido”, afirmó Lígia Camargo, directora de Sostenibilidad del Grupo HEINEKEN en Brasil, a EXAME.
En la práctica, este parámetro ha pasado a guiar decisiones industriales y a medir la capacidad de la compañía de producir más con menor presión sobre un recurso considerado crítico para el negocio.
Fábrica de Alexânia se convierte en referencia global en eficiencia hídrica

La relevancia de la cervecería goiana ha crecido dentro de una red que reúne más de 160 cervecerías de Heineken en el mundo.
El avance ha colocado a Alexânia entre las operaciones con mejor desempeño hídrico de la compañía, resultado de una transformación realizada sin una ruptura única o solución aislada, sino con ajustes sucesivos en tecnología, rutina de producción y respuesta rápida a desviaciones.
En Brasil, la presencia industrial del grupo también ha cambiado en los últimos meses.
La compañía informa actualmente tener 15 cervecerías en el país, un número superior al de 14 mencionado anteriormente en materiales y reportajes publicados antes de la entrada de la nueva unidad de Passos, en Minas Gerais.
Según Cícero Rodrigues, director de la cervecería de Alexânia, el aumento de eficiencia no se limita a la instalación de equipos.
“En los últimos años, hemos estructurado un viaje consistente para reducir el consumo en Alexânia. Hoy monitoreamos cada gota en tiempo real y podemos actuar rápidamente para evitar desperdicios”, dijo él a EXAME.
Este control fino pasa por sensores distribuidos a lo largo de la operación y por sistemas capaces de identificar variaciones casi en el momento en que ocurren.
Cuando una oscilación se aleja del patrón esperado, el equipo puede actuar antes de que el desvío se convierta en pérdida acumulada, un modelo que reduce el retrabajo, interrupciones y consumo adicional en procedimientos de limpieza.
Eficiencia industrial reduce el desperdicio de agua en las líneas de producción
La lógica industrial detrás de esta reducción es directa.
Cuando la línea opera con estabilidad, hay menos pausas no planificadas, menos reinicios y menos necesidad de higienizaciones extras, etapas que elevan el uso de agua y encarecen la producción.
Por eso, el desempeño hídrico ha pasado a ser tratado como un reflejo inmediato de la eficiencia de la fábrica.
“Cuanto mejor es el rendimiento de la línea, menos agua consumimos”, resumió Rodrigues.
La frase ayuda a entender por qué la discusión dejó de estar restringida al área ambiental y pasó a involucrar indicadores de productividad, mantenimiento, continuidad operativa y disciplina en la ejecución de procedimientos fabriles.
Al mismo tiempo, la empresa reconoce que existe un límite técnico para seguir reduciendo este consumo a un ritmo acelerado.
En una cervecería, una parte relevante del agua está ligada a procesos que exigen rigor sanitario y control permanente para preservar la calidad del producto, lo que restringe recortes lineales o simplificaciones que comprometan la seguridad de la fabricación.
Rodrigues afirmó a EXAME que esta barrera tecnológica existe precisamente porque el proceso no puede prescindir de etapas esenciales.
Aún así, la operación avanza con reutilización en subprocessos industriales y con análisis de parámetros como pH y turbidez, que ayudan a definir cuándo la reutilización puede ocurrir con seguridad y sin afectar el estándar de la bebida.
Cadena agrícola concentra la mayor parte del consumo de agua de la cerveza
A pesar de que el caso de Alexânia gana proyección, Heineken sostiene que la mayor parte del problema hídrico no está dentro de las cervecerías.
De acuerdo con la compañía, alrededor de 90% de la huella hídrica de la cerveza está asociada a la agricultura, especialmente al cultivo de materias primas como cebada y lúpulo, lo que desplaza la discusión hacia la cadena de valor.
“Necesitamos mirar el agua desde el campo hasta la copa, de manera integrada”, dijo Lígia Camargo a EXAME.
En esta visión, la gestión deja de enfocarse solo en lo que sale de las tuberías de la fábrica y pasa a incluir cuencas hidrográficas, producción agrícola, infiltración en el suelo y efectos acumulados de eventos climáticos extremos sobre la disponibilidad futura del recurso.
Esta lectura también ha alterado la respuesta de la empresa ante sequías, inundaciones y quemas.
La directora de sostenibilidad destacó que la crisis hídrica no se limita a la ausencia de lluvia.
El exceso de agua, cuando ocurre de forma desordenada, también compromete el sistema al aumentar la erosión, reducir la infiltración y perjudicar la recarga de acuíferos.
Las quemas entran en esta cuenta porque degradan la cobertura del suelo y afectan la capacidad de retención de agua en los paisajes.
Para la empresa, estos impactos indirectos pueden alcanzar unidades industriales ubicadas a decenas de kilómetros del punto más crítico, lo que refuerza la necesidad de ver la operación en escala territorial, y no solo dentro del perímetro fabril.
Cultura interna transforma el ahorro de agua en un indicador de desempeño
En la evaluación de los ejecutivos, la tecnología solo produce resultados duraderos cuando viene acompañada de un cambio de comportamiento.
Por eso, la meta de uso racional del agua ha pasado a ser tratada como KPI de negocio y diseminada a lo largo de la estructura, involucrando diferentes áreas y funciones dentro de la cervecería.
“El compromiso necesita estar en toda la cadena: del jardinero al maestro cervecero”, afirmó Rodrigues a EXAME.
Cuando la pérdida deja de ser vista como un detalle operativo y pasa a tener peso en los indicadores de la unidad, la respuesta tiende a ser más rápida, y el desperdicio pierde espacio en la rutina.
Este tipo de movilización ayuda a explicar por qué el caso de Alexânia ha pasado a servir de referencia para otras operaciones de la compañía.
El modelo combina supervisión en tiempo real, estándar de proceso, trazabilidad de consumo y un sentido compartido de responsabilidad, sin depender de una medida única que, por sí sola, resolviera el problema.
Metas globales presionan la reducción del consumo hídrico hasta 2030
La estrategia hídrica de Heineken incluye metas globales para esta década.
La compañía informa que ha fortalecido su objetivo para 2030 y ahora busca reducir el uso medio de agua a 2,6 hl/hl globalmente y a 2,4 hl/hl en las cervecerías ubicadas en áreas de estrés hídrico, lo que mantiene presión adicional sobre unidades situadas en regiones más sensibles.
En Itu, en el interior de São Paulo, donde la empresa mantiene una de sus mayores operaciones, la frente de actuación incluye restauración ambiental, recuperación de áreas degradadas, construcción de microcuencas y asociaciones con organizaciones como SOS Mata Atlântica.
La propuesta es ampliar la infiltración, favorecer la recarga hídrica y reducir la vulnerabilidad de las cuencas que sustentan la producción.
Al asociar desempeño industrial, gestión territorial y cadena agrícola, Heineken intenta responder a una ecuación que ha dejado de ser solo ambiental y ha pasado a ser también económica.
En la industria de la cerveza, el agua ya no aparece solo como insumo básico, sino como variable que condiciona la expansión, estabilidad operativa y capacidad de mantener la producción en escenarios climáticos más severos.

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