Transformación silenciosa en el mercado laboral brasileño acelera la disputa por salarios, redefine funciones tradicionales y amplía desigualdades entre profesionales expuestos a la automatización y aquellos que dominan la inteligencia artificial aplicada a los negocios.
La inteligencia artificial generativa ya ha alterado la forma en que las empresas contratan, remuneran y distribuyen tareas en Brasil.
El movimiento no apunta a una desaparición inmediata de puestos masivos, sino que refuerza un cambio más profundo: los puestos con actividades estandarizadas han perdido valor, mientras que los profesionales capaces de desarrollar, integrar y operar sistemas de IA han comenzado a competir por los rangos salariales más altos del mercado.
Impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral brasileño
Datos reunidos por el FGV IBRE muestran que 29,8 millones de personas, lo equivalente a 30% de la población ocupada, estaban expuestas a la IA generativa en Brasil en el tercer trimestre de 2025.
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Dentro de este universo, la propia institución destaca un grupo especialmente vulnerable: alrededor del 20% de la población ocupada combina alta exposición con baja complementariedad a la tecnología, un cuadro asociado a un mayor riesgo de sustitución y pérdida de ingresos.
En la práctica, el efecto más visible no ha sido la desaparición inmediata del gafete, sino la corrosión del valor de ciertas funciones.
Actividades como apoyo administrativo, producción de documentos estandarizados, clasificación de información y análisis operativos más simples han comenzado a ser ejecutadas más rápidamente por software, lo que reduce el tiempo exigido del trabajador y presiona el salario mínimo de estas ocupaciones.
El propio FGV IBRE cita el riesgo de caída de la participación del trabajo en los ingresos cuando la IA opera sobre todo como tecnología de sustitución.
Este rediseño afecta principalmente empleos de oficina con tareas predecibles y alta repetición.
El estudio del FGV IBRE también muestra que la exposición a la IA crece a medida que aumenta la calificación exigida por la ocupación: llega a 42,7% entre trabajadores con educación superior completa, por encima del 10,2% observado entre personas sin instrucción o con educación primaria incompleta.
Al mismo tiempo, mujeres y jóvenes aparecen entre los grupos más expuestos, lo que ayuda a explicar por qué la transición tecnológica tiende a producir efectos desiguales entre sectores, perfiles profesionales y regiones del país.
Salarios en aumento para especialistas en IA en Brasil
Si una parte del mercado ve funciones tradicionales perder tracción, otra vive una carrera por escasez.
La Guía Salarial 2026 de Robert Half coloca el salario inicial de ingeniero(a) de inteligencia artificial entre R$ 19.500 y R$ 27.100 en Brasil, un nivel muy por encima del promedio de varias funciones técnicas tradicionales.
En la misma línea, los cargos relacionados con machine learning, integración de datos y ingeniería de prompt han comenzado a ocupar el centro de las disputas por talentos.
La valorización no se limita al salario fijo.
Una investigación citada por Forbes Brasil indica que 83% de las empresas están más dispuestas a pagar remuneraciones mayores para profesionales con competencias especializadas en IA, señal de que la tecnología ha dejado de ser un diferencial periférico y ha comenzado a influir directamente en la política de retención, promoción y bonificaciones en grandes compañías.
Detrás de este giro hay un cambio simple en la lógica empresarial.
Antes, la empresa buscaba a alguien para ejecutar tareas.
Ahora, en muchas áreas, busca a quien pueda extraer resultados del sistema, revisar respuestas, integrar datos, reducir errores y adaptar la herramienta al negocio.
El valor ha salido de la operación bruta y ha migrado hacia la supervisión calificada, el diseño de procesos y la capacidad de transformar IA en productividad medible.
Esta es una de las razones por las cuales el premio salarial se ha concentrado en perfiles híbridos, con dominio técnico y visión aplicada.
Profesiones menos amenazadas por la automatización
No todo trabajo, sin embargo, ha entrado en la misma ruta.
Las funciones que dependen de presencia física, improvisación en un entorno real, coordinación motora fina, juicio contextual y relación humana directa siguen más protegidas.
La literatura citada por el FGV IBRE y análisis recientes sobre ocupaciones menos amenazadas por la IA apuntan a una mayor resiliencia en áreas como la construcción, instalación y reparación, además de parte de los servicios de cuidado.
Electricistas, carpinteros, fontaneros y técnicos de mantenimiento siguen siendo algunos de los ejemplos más frecuentes de este grupo.
En el sector salud, la resistencia a la automatización aparece de otra forma.
La primera Demografía de la Enfermería, divulgada por el Ministerio de Salud y repercutida por organismos del área, señaló un crecimiento de casi 44% en los puestos de trabajo de enfermería entre 2017 y 2022, pasando de alrededor de 1 millón a 1,5 millones de vínculos.
El dato no mide aisladamente el efecto de la IA, pero refuerza que los sectores basados en cuidado presencial, respuesta rápida y responsabilidad ética siguen exigiendo una fuerte presencia humana.
La educación y parte de los servicios personalizados caminan en una dirección parecida.
Las herramientas automatizadas ya resumen textos, montan presentaciones, corrigen ejercicios y organizan rutinas, pero aún no sustituyen integralmente el repertorio pedagógico, la mediación de conflictos, la lectura de contexto y la adaptación en tiempo real ante situaciones imprevistas.
En otras palabras, la tecnología avanza más rápido donde la tarea es predecible y medible; avanza más lentamente cuando el trabajo depende de presencia, matices y responsabilidad relacional.
Desigualdad e informalidad en el escenario de la IA
Al mismo tiempo que acelera la productividad, la IA amplía un riesgo antiguo del mercado laboral nacional: el de profundizar desigualdades entre quienes logran adaptarse y quienes quedan al margen de la transición.
El FGV IBRE alerta sobre la posibilidad de concentración de las ganancias en pocos trabajadores altamente complementarios a la tecnología, además del aumento de asimetrías entre regiones con infraestructura digital más robusta y áreas menos preparadas para absorber el cambio.
Este escenario se cruza con un mercado aún fuertemente marcado por la informalidad.
Según el IBGE, la tasa se situó en 37,5% en el trimestre que terminó en enero de 2026, equivalente a 38,5 millones de trabajadores informales, mientras que la tasa anual de 2025 fue de 38,1%.
Cuando la digitalización reduce ingresos en ocupaciones intermedias y la recalificación no acompaña el ritmo, la tendencia es ampliar la vulnerabilidad de quienes ya transitan entre empleos precarios, trabajo por cuenta propia y baja protección social.
Las recomendaciones más consistentes hoy caminan menos hacia el alarmismo y más hacia la adaptación.
El FGV IBRE defiende un refuerzo en educación básica, estadística, habilidades digitales, programación y competencias transversales, además de políticas de protección social y reglas para la transparencia, explicabilidad mínima y contestación de decisiones automatizadas en el entorno laboral.
La discusión, por lo tanto, ya no se resume a saber si la máquina va a sustituir personas, sino a definir qué trabajadores tendrán la condición real de actuar junto a ella sin perder ingresos, autonomía y poder de negociación.

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