Operación naval en alta mar moviliza fuerzas brasileñas para rescatar embarcación extranjera a la deriva por casi dos meses, en un escenario de riesgo humano, falla técnica grave, comunicación limitada y amenaza ambiental en el Atlántico.
La Marina de Brasil concluyó una operación de búsqueda y salvamento que llevó el buque tanque NW AIDARA, de bandera de Togo, al Puerto de Fortaleza en la mañana del pasado viernes (27), tras casi dos meses a la deriva en condiciones adversas en el Atlántico.
De acuerdo con información publicada este martes (31) por el portal G1, a bordo estaban 11 tripulantes, que enfrentaban limitaciones operativas severas después de que la embarcación perdió el control de dirección por una falla hidráulica, situación agravada por la escasez de suministros y la dificultad de comunicación en mar abierto.
Cuando entró en el área de responsabilidad brasileña, el buque ya presentaba restricción de comunicación, falta de suministros y riesgo a la seguridad de la navegación, exigiendo una respuesta coordinada e inmediata para evitar el agravamiento del escenario.
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Falla en el timón dejó buque africano a la deriva en el Atlántico
El problema tuvo inicio el 5 de febrero, momento en que la ruptura de una manguera hidráulica provocó un derrame de aceite y comprometió el engranaje responsable por el accionamiento del timón, afectando directamente la capacidad de control de la embarcación.

Sin dirección definida, el buque pasó a derivar entre la costa del Nordeste brasileño y África Occidental, permaneciendo inicialmente bajo responsabilidad del centro de búsqueda y salvamento de Dakar, fuera del área de actuación directa de Brasil.
La comunicación inicial con autoridades brasileñas ocurrió solo el 25 de febrero, cuando la embarcación aún no había cruzado los límites de la jurisdicción nacional, lo que retrasó la posibilidad de intervención directa por parte de la Marina.
Ya dentro del área brasileña, a cerca de 675 millas náuticas (1.250 km de la costa), la operación pasó a ser coordinada por el Salvamar Nordeste, con desafíos logísticos ampliados por la distancia y la ausencia de apoyo inmediato en la región.
Comunicación limitada y falta de suministros agravaron situación
Mientras monitorizaba la deriva, la Marina utilizó sistemas de seguimiento del tráfico marítimo para identificar embarcaciones cercanas y articular apoyo indirecto, estrategia que permitió algún nivel de asistencia incluso antes de la llegada de medios navales brasileños.
Con esta cooperación, fue posible enviar agua y alimentos a la tripulación, que ya enfrentaba escasez de suministros, reduciendo el riesgo inmediato a la supervivencia mientras se estructuraba la operación de rescate.
Además de las dificultades materiales, el buque operaba sin comunicación por satélite y también sin radio HF, limitando drásticamente el alcance de las transmisiones y dificultando el contacto continuo con las autoridades responsables de la operación.
Restaba solo el uso del VHF, tecnología que depende de la proximidad entre embarcaciones, lo que obligaba a la comunicación a ocurrir de forma indirecta e intermitente, dependiendo de la presencia de barcos en la misma área.

Intento de reparación a bordo no resolvió falla técnica
El día 1 de marzo, el buque mercante YK NEWPORT logró acercarse a la embarcación a la deriva, estableciendo comunicación y viabilizando un servicio de telemedicina para evaluar las condiciones de salud de los tripulantes.
Tras la evaluación, se informó que todos estaban bien, y el comandante decidió intentar fabricar un nuevo engranaje a bordo, en un intento de resolver el problema sin necesidad de asistencia externa inmediata.
Se acordó que habría nuevo contacto hasta 8 de marzo en caso de que la reparación no se completara con éxito, creando una expectativa de solución autónoma que no se confirmó en los días siguientes.
Sin retorno dentro del plazo estipulado, la falla persistió y el buque continuó derivando hacia la costa del Nordeste brasileño, elevando el riesgo de encallamiento y aumentando el potencial de impacto ambiental.
Marina movilizó buques de guerra y remolcador para rescate
Ante la ausencia de comunicación y el agravamiento del escenario, la Marina decidió enviar el 9 de marzo el patrullero oceánico Araguari, con la misión de interceptar la embarcación y prestar apoyo directo a la tripulación.
Paralelamente, la corbeta Caboclo salió de Salvador y se dirigió a Fortaleza antes de avanzar hacia el punto de deriva, ampliando la presencia naval y garantizando mayor capacidad de respuesta a la operación.
Con el escenario ya estabilizado en términos de monitoreo, el remolcador de alta mar Triunfo partió de Natal y asumió la etapa decisiva de la misión, realizando el remolque del buque extranjero hasta la costa brasileña.
El desplazamiento ocurrió de forma controlada hasta el Puerto de Fortaleza, consolidando una operación que involucró múltiples medios navales y coordinación continua entre diferentes estructuras de la Marina.
Rescate garantizó seguridad de la tripulación y evitó daño ambiental

Al comentar sobre la operación, el capitán de fragata Marcos Moreira Bezerra afirmó que «el Servicio de Búsqueda y Salvamento tiene como objetivo prioritario rescatar la vida que se encuentra en riesgo en el mar», destacando la dimensión humana como foco central de la misión.
En la misma línea, resaltó que la preservación de la embarcación también es relevante para evitar riesgos a la navegación, especialmente en situaciones en que la deriva puede generar accidentes o comprometer otras rutas marítimas.
El buque llegó al Puerto de Fortaleza el 27 de marzo, con todos los tripulantes a salvo, cerrando un período prolongado de incertidumbre y exposición a riesgos en alta mar.
De acuerdo con el vicealmirante Jorge José de Moraes Rulff, la operación garantizó seguridad de la navegación y prevención de contaminación hídrica, al mismo tiempo que aseguró la integridad física y psicológica de los involucrados.
La misión evidenció la importancia de la coordinación entre centros de comando, medios navales y embarcaciones civiles, especialmente en ocurrencias que exigen respuesta rápida en áreas remotas del océano.
Combinando distancia, falla técnica, comunicación limitada y tiempo prolongado a la deriva, el caso exigió actuación integrada y planificación continua para evitar desenlaces más graves.
Al final, el buque fue conducido con seguridad hasta la costa cearense, sin registro de víctimas, consolidando una operación considerada exitosa dentro de los parámetros de búsqueda y salvamento marítimo.

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