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La sequía en el norte de Bahía obliga a los agricultores familiares a invertir en costosas irrigaciones y buscar microcréditos del Banco do Nordeste; con altos intereses y una morosidad del 6,5%, la deuda se convierte en una amenaza para la cosecha.

Escrito por Carla Teles
Publicado el 04/04/2026 a las 09:31
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Con productividad en caída, el Banco del Nordeste amplía crédito rural para irrigación, pero los altos intereses elevan la morosidad y presionan a los agricultores familiares

La sequía en el norte de Bahía ha cambiado la rutina del campo y ha puesto a los agricultores familiares ante una elección difícil: invertir en irrigación para no perder la producción o aceptar el riesgo de una deuda que crece con altos intereses. En regiones donde el período de lluvia es corto, el agua deja de ser solo un desafío y se convierte en el factor que decide si la cosecha se mantiene o no.

Con equipos que cuestan miles de reales, el microcrédito aparece como la salida más accesible, especialmente a través de programas del Banco del Nordeste dirigidos a productores de bajos ingresos. El problema es que, cuando llega la cuenta, los altos intereses y los plazos ajustados pueden empujar al pequeño productor al límite, precisamente en un escenario donde la morosidad en el crédito rural alcanzó un récord y cerró en 6,5% el año pasado.

La sequía en el norte de Bahía cambia el campo y derrumba la productividad

La escasez de lluvias ha alterado la cotidianidad de los trabajadores rurales y reduciendo la productividad en varias áreas.

Para quienes dependen de la tierra para vivir, la falta de agua no es un detalle del clima, es un freno directo a los ingresos. En muchas localidades, producir sin algún tipo de infraestructura hídrica se ha vuelto prácticamente imposible.

La irrigación deja de ser opción y se convierte en un ítem indispensable

Con la lluvia cada vez menos predecible, los sistemas de irrigación se vuelven fundamentales para mantener la plantación.

Sin embargo, esta solución pesa en el bolsillo: tuberías, cintas, redes y equipos requieren una inversión alta, fuera de la realidad de quienes trabajan a pequeña escala.

Es en este punto que la irrigación, aunque sea el camino para salvar la cosecha, se convierte también en el inicio de una nueva preocupación financiera.

El microcrédito del Banco del Nordeste se convierte en la salida para el agricultor familiar

Ante el alto costo, muchos productores recurren al crédito para modernizar o ampliar el sistema de irrigación. En Jacobina, por ejemplo, un agricultor con cultivos como maní y maíz buscó financiamiento para llevar agua a la plantación que venía sufriendo con la escasez de lluvias.

La expectativa es usar el período de las fiestas juninas, descrito como la mejor época del año para facturar, para cubrir el préstamo.

El Banco del Nordeste cuenta con un programa dirigido al microcrédito rural, destinado especialmente a agricultores familiares de bajos ingresos.

El año pasado, el programa otorgó 2,2 mil millones de reales en crédito solo en Bahía, y 275 millones de ese total se destinaron a obras de irrigación. En la práctica, el crédito se convierte en el empujón que permite continuar produciendo.

Cuando el préstamo se convierte en riesgo: altos intereses y morosidad del 6,5%

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La misma herramienta que ayuda a mantener la producción puede convertirse en una amenaza cuando los costos financieros aumentan. El texto del reportaje es directo: mientras el préstamo es héroe, la deuda puede ser villana, especialmente en un escenario de altos intereses que dificulta la liquidación.

Esta presión se refleja en el dato más sensible: la morosidad en el crédito rural alcanzó un récord el año pasado y llegó al 6,5%.

Para el pequeño productor, la situación tiende a ser aún más delicada, porque hay menos margen de maniobra y menos capital que en el agronegocio. Con altos intereses, cualquier ruptura de cosecha se convierte en una bola de nieve.

En el campo, la cuenta no es solo financiera, es emocional

En Seabra, en la Chapada Diamantina, una agricultora que cultiva fresas desde hace 11 años relata la preocupación con el pago.

Ella tomó un préstamo para la reforma de embalses y otras obras de irrigación, pero ve la producción oscilar y teme no poder cumplir lo acordado. Cuando la producción no responde, el miedo a quedar debiendo crece junto con los altos intereses.

Lo que los especialistas apuntan para evitar que los altos intereses asfixien al productor

Para los especialistas citados en el reportaje, el camino pasa por créditos con condiciones más alineadas a la realidad agrícola: plazos y períodos de gracia adecuados, además de reglas atadas al ciclo de producción.

La evaluación es que también es necesario encontrar formas de sortear el alto nivel de altos intereses y permitir tasas más bajas al pequeño productor, porque la dinámica del campo no obedece al reloj corto de la deuda.

Agroamigo y el financiamiento de estructuras hídricas en el semiárido

Quien indica posibles caminos es el superintendente de microfinanza rural del Banco del Nordeste, responsable del programa Agroamigo, que tiene morosidad del 2,2%.

Su discurso destaca una realidad estructural del Nordeste: más del 60% del área está en el semiárido y la precipitación es menor a 600 mm por año, lo que hace esencial almacenar agua.

En este contexto, el crédito se dirige a financiar estructuras hídricas como pozos y cisternas, permitiendo almacenar agua, hacer pequeñas irrigaciones y hasta atender animales en el período de sequía. La lógica es simple: sin agua almacenada, no hay producción y, con altos intereses, no hay margen para errar.

Entre el potencial del Nordeste y el peso de los altos intereses

El Nordeste cuenta hoy con casi 2 millones de pequeños productores. La región tiene potencial, pero también enfrenta el desafío diario de garantizar agua y recursos para transformar ese potencial en ingresos.

Cuando el financiamiento llega en el momento adecuado, viabiliza la irrigación y sostiene el trabajo, que también genera empleo e ingresos en la comunidad. Pero cuando la cuenta se vuelve pesada, los altos intereses pueden transformar el crédito en una amenaza silenciosa dentro de la cosecha.

Al final, lo que está en juego es el equilibrio: crédito que ayude a producir sin empujar al agricultor hacia la morosidad. Porque en el campo, una mala cosecha no solo se convierte en pérdidas, se convierte en retraso, ansiedad y riesgo de perder lo que se ha construido con años de trabajo.

¿Has visto de cerca a alguien en el campo atrapado por altos intereses, incluso intentando invertir para producir más?

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Carla Teles

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