Investigadores han desarrollado un plástico biodegradable producido a partir de proteínas de la leche, almidón modificado y arcilla, capaz de descomponerse completamente en el suelo en aproximadamente 13 semanas, señalando un posible camino para reducir residuos plásticos e impactos ambientales asociados a envases desechables
Los científicos están recurriendo a proteínas de la leche, almidón y nanocargas de arcilla para desarrollar plásticos biodegradables capaces de descomponerse rápidamente en el suelo, en respuesta a la creciente contaminación plástica y los riesgos asociados a la salud humana y ambiental.
Investigación con biopolímeros a base de leche y almidón
Investigaciones realizadas en la Universidad Flinders, en el sur de Australia, describen la creación de una película biodegradable delgada a partir de la combinación de caseinato de calcio – derivado de la principal proteína de la leche – con almidón modificado y nanocarga de bentonita. La formulación también recibió glicerol y alcohol polivinílico para aumentar la resistencia mecánica y flexibilidad.
El estudio fue publicado en la revista científica Polímeros y presenta resultados iniciales sobre el uso de biopolímeros abundantes y de bajo costo como alternativa a los plásticos convencionales derivados del petróleo.
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Pruebas de biodegradabilidad y rendimiento ambiental
Ensayos de laboratorio mostraron que el material presenta un proceso de descomposición continuo cuando se coloca en condiciones normales de suelo, con una desintegración completa prevista para ocurrir en aproximadamente 13 semanas. Este rendimiento indica una potencial aplicación en envases de alimentos y otros usos de corta duración.
Las pruebas microbiológicas también señalaron baja toxicidad. Las colonias bacterianas permanecieron dentro de los límites considerados aceptables para películas biodegradables que no tienen función antimicrobiana, reduciendo preocupaciones sobre impactos ambientales inmediatos después del descarte.
Seguridad, salud y límites del material
Según el profesor Youhong Tang, del Instituto Flinders de Ciencia y Tecnología en Nanoescala, se recomiendan evaluaciones antibacterianas adicionales en futuras fases de desarrollo.
Él destaca que los plásticos convencionales pueden contener miles de sustancias químicas, algunas asociadas a efectos tóxicos y cancerígenos.
En este contexto, el desarrollo de alternativas biodegradables se ve como un paso estratégico para reducir riesgos a la salud humana y contener la creciente contaminación plástica en ambientes terrestres y acuáticos.
Colaboración internacional e innovación en materiales
La investigación contó con colaboración internacional involucrando al ingeniero químico Nikolay Estiven Gomez Mesa y a la profesora Alis Yovana Pataquiva-Mateus, de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano.
Según Gomez Mesa, experimentos iniciales con caseinatos para la producción de nanofibras revelaron propiedades compatibles con polímeros utilizados en envases comerciales.
La introducción de almidón y nanocargas naturales, como la bentonita, permitió mejorar la resistencia y propiedades de barrera de la película, manteniendo la propuesta de utilizar ingredientes baratos, biodegradables y ambientalmente favorables.
Presión global por alternativas al plástico convencional
La investigación se inscribe en un escenario de fuerte presión internacional para reducir el uso de plásticos desechables. Las estimaciones indican que aproximadamente el 60% de todos los plásticos producidos son de un solo uso y que solo el 10% son efectivamente reciclados.
La producción global, que era de aproximadamente 2 millones de toneladas en 1950, alcanzó alrededor de 475 millones de toneladas en 2022, con proyecciones de crecimiento continuo en las próximas décadas.
En este contexto, las películas biodegradables de rápida descomposición pasan a ser consideradas una de las alternativas más prometedoras para mitigar impactos ambientales y apoyar la transición hacia una economía circular.

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