Estudio revela caída de oxígeno en 74% de los grandes reservorios globales, con riesgos para biodiversidad, agua y emisiones.
Un estudio publicado en la Scientific Reports en diciembre de 2025 analizó 357 grandes reservorios artificiales en el mundo e identificó una caída generalizada de oxígeno disuelto entre 1984 y 2023. Según los investigadores Liangwei Liao y Xinge Cai, 264 reservorios, el equivalente a 74% de la muestra, presentaron desoxigenación en el período. El dato más preocupante es que la tasa media de caída fue de 0,13 mg/L por década, ritmo descrito en el estudio como más rápido que el observado en lagos naturales, océanos y ríos en períodos comparables. En reservorios, esta pérdida puede afectar peces, calidad del agua, nutrientes, sedimentos e incluso emisiones de gases de efecto invernadero.
Oxígeno disuelto es uno de los signos vitales de reservorios, represas y grandes lagos artificiales
El oxígeno disuelto, conocido por la sigla DO en estudios científicos, indica cuánto oxígeno está disponible en el agua para sustentar peces, invertebrados, microorganismos y procesos químicos esenciales. Cuando este nivel cae demasiado, el ambiente puede entrar en hipoxia o anoxia.
La hipoxia ocurre cuando hay oxígeno insuficiente para muchas formas de vida acuática, mientras que la anoxia representa ausencia casi total de oxígeno en determinadas capas. El estudio cita límites de referencia de DO por debajo de 2 mg/L para hipoxia y por debajo de 0,5 mg/L para anoxia.
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En reservorios artificiales, este problema adquiere un peso especial porque no son solo ecosistemas. También almacenan agua para abastecimiento, irrigación, energía, navegación, control de inundaciones y actividades económicas.
Estudio usó satélites y aprendizaje de máquina para reconstruir cuatro décadas de oxígeno en el agua
La investigación desarrolló un modelo basado en teledetección y aprendizaje de máquina para estimar oxígeno disuelto en reservorios con área superior a 100 km². El modelo fue calibrado con cerca de 32.065 muestras in situ de oxígeno disuelto.
Entre tres métodos probados, el Random Forest presentó el mejor desempeño, con R² de 0,73 y error medio de 1,23 mg/L en el conjunto de prueba. Esto permitió reconstruir la dinámica de oxígeno en grandes reservorios a lo largo de casi 40 años.
Este punto es importante porque las mediciones directas en reservorios globales son limitadas e irregulares. El uso de satélites permitió ampliar la escala del análisis, cubriendo regiones donde la recolección continua en campo es difícil.
74% de los reservorios analizados perdieron oxígeno entre 1984 y 2023
El resultado central es directo: 74% de los reservorios globales estudiados perdieron oxígeno disuelto de superficie entre 1984 y 2023. Esto representa 264 de los 357 reservorios analizados.
La tendencia media global fue de caída de 0,13 mg/L por década, mientras que los reservorios que perdieron oxígeno presentaron una caída media de 0,07 mg/L por década. El estudio también identificó que 26% de la muestra tuvo un aumento, mostrando que el fenómeno no es uniforme.
Aun así, la pérdida aparece en todos los continentes evaluados. Las tasas medias fueron de -0,07 mg/L en África, -0,06 mg/L en Asia, -0,12 mg/L en Europa, -0,10 mg/L en América del Norte, -0,05 mg/L en Oceanía y -0,05 mg/L en América del Sur.
Los reservorios pueden perder oxígeno más rápido que lagos, océanos y ríos
El estudio afirma que la tasa de caída en los reservorios fue más rápida que la observada en otros ambientes acuáticos en períodos similares. La comparación citada por los autores apunta cerca de -0,08 mg/L por década en lagos, -0,02 mg/L en océanos y -0,04 mg/L en ríos.
Esta diferencia puede ocurrir porque los reservorios combinan características naturales y artificiales. Sufren influencia del clima, calentamiento, nutrientes, uso del suelo, operación de represas y alteraciones en el flujo del agua.
Cuando el agua se estratifica, las capas profundas pueden aislarse de la superficie oxigenada. Con menos mezcla vertical, el oxígeno del fondo es consumido por procesos biológicos y no se repone a la misma velocidad.
Calentamiento, uso del suelo y nutrientes aparecen como motores principales de la caída
El análisis de atribución del estudio indicó tres grandes grupos de factores detrás de la caída de oxígeno. Los cambios climáticos respondieron por cerca de 46%, las perturbaciones humanas por 31% y los procesos biogeoquímicos por 23%.
El aumento de la temperatura reduce la solubilidad del oxígeno en el agua. En términos simples, el agua más caliente puede retener menos oxígeno, al mismo tiempo que acelera el metabolismo microbiano y el consumo de oxígeno.
La agricultura y otros cambios en el uso del suelo también tienen un impacto. La entrada de nutrientes puede estimular floraciones de algas; cuando este material orgánico se descompone, los microorganismos consumen oxígeno y pueden llevar el reservorio a niveles críticos.
La pérdida de oxígeno puede afectar peces, suministro y calidad del agua
Cuando el oxígeno disuelto disminuye, los peces y otros organismos pueden perder hábitat, migrar a áreas más pequeñas o morir en eventos extremos. La pérdida también altera las cadenas alimentarias y reduce la estabilidad ecológica del reservorio.

El estudio destaca que la desoxigenación puede favorecer floraciones nocivas de algas, pérdida de biodiversidad y deterioro del agua potable. Estos efectos hacen que el problema sea relevante no solo para ecologistas, sino también para ciudades, hidroeléctricas y sistemas de suministro.
Los reservorios con baja oxigenación en el fondo también pueden liberar fósforo, nitrógeno y metales reducidos de los sedimentos. Esto retroalimenta la eutrofización y empeora la calidad del agua en ciclos difíciles de controlar.
Bajo oxígeno también puede aumentar emisiones de metano y óxido nitroso
La desoxigenación tiene impacto climático porque cambia los procesos microbianos dentro del agua y de los sedimentos. En ambientes pobres en oxígeno, los microorganismos pueden producir más metano y óxido nitroso, gases de efecto invernadero potentes.
El GEOMAR y otros investigadores defienden que la pérdida de oxígeno acuático sea tratada como una posible frontera planetaria, porque responde al calentamiento global y también puede interferir en ciclos climáticos, biodiversidad y actividades económicas.

Este es el punto que da fuerza al tema. Las presas y reservorios suelen ser vistos como infraestructura de agua y energía, pero también pueden transformarse en sistemas biogeoquímicos activos, capaces de alterar nutrientes, carbono y gases invisibles.
El estudio no afirma que todos los reservorios están al borde del colapso. La conclusión es más precisa: la pérdida de oxígeno es amplia, medible y más rápida en estos ambientes que en otros sistemas acuáticos comparables.
Esto exige un monitoreo más continuo, porque los reservorios son piezas centrales de abastecimiento, energía, irrigación y seguridad hídrica. Cuando el oxígeno cae, el problema no se limita a los peces; puede afectar la calidad del agua, los costos de tratamiento y la estabilidad ecológica.
La pregunta que queda es cuántas presas aún son tratadas solo como obras de ingeniería, cuando los datos muestran que también funcionan como ecosistemas artificiales sensibles al calentamiento, al uso del suelo y a la creciente presión humana.

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