Luces subacuáticas del proyecto SharkGuard reducen capturas accidentales de tiburones sin herirlos y muestran que la pesca y la conservación pueden coexistir en el océano.
Durante décadas, la relación entre pesca comercial y tiburones ha estado marcada por un conflicto silencioso y devastador. Redes de enmalle, usadas en gran escala en todo el mundo, capturan peces objetivo con eficiencia, pero también atrapan tiburones, rayas y otros grandes depredadores de forma accidental. El resultado es conocido: millones de animales muertos cada año, impacto directo sobre ecosistemas marinos y perjuicio económico para pescadores que pierden equipos y tiempo de trabajo.
Fue en este escenario que surgió el SharkGuard, un proyecto que llamó la atención de la comunidad científica por una razón simple e inesperada: no intenta alejar tiburones con fuerza, dolor o exclusión física, sino con luz.
Cómo la luz se convirtió en aliada de la conservación marina
La idea central de SharkGuard parte de una característica poco explorada de la biología de los tiburones. Estos animales poseen sensibilidad visual y electrosensorial extremadamente refinada, desarrollada para detectar presas en ambientes de baja luminosidad. A diferencia de los peces óseos comunes, muchos tiburones reaccionan de forma negativa a estímulos luminosos específicos, especialmente cuando alteran patrones naturales de contraste en el fondo del mar.
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El proyecto probó pequeñas luces LED verdes, alimentadas por baterías de larga duración, acopladas directamente a las redes de pesca. Estas luces no crean una barrera física ni lastiman a los animales. Solo hacen que la red sea visible y incómoda para el tiburón, llevándolo a evitar el contacto antes de quedar atrapado.
El detalle crucial es que el pez objetivo, en muchos casos, no reacciona de la misma manera, permitiendo que la pesca siga sucediendo.
Pruebas en mar abierto y resultados consistentes
Las pruebas del SharkGuard se realizaron en condiciones reales de pesca, especialmente en aguas europeas, donde la captura accidental de tiburones es un problema conocido. Redes equipadas con las luces fueron comparadas con redes tradicionales, usadas lado a lado, durante períodos prolongados.
Los resultados llamaron la atención porque no fueron marginales. Las redes iluminadas presentaron reducciones significativas en la captura accidental de tiburones y rayas, mientras que la cantidad de peces comerciales capturados se mantuvo prácticamente estable.
En términos prácticos, esto significa menos animales muertos, menos tiempo dedicado a liberar capturas no deseadas y menos daño a las redes, que a menudo se destruyen cuando grandes tiburones quedan atrapados.
Por qué alejar sin herir hace toda la diferencia
Muchas intentos anteriores de lidiar con tiburones involucraron métodos agresivos: repulsión eléctrica intensa, sonidos de alta frecuencia o incluso barreras físicas. Aunque algunos funcionan, suelen ser caros, difíciles de mantener o causan un estrés severo a los animales.
La diferencia del SharkGuard está en no convertir al tiburón en un enemigo, sino en señalar que ese lugar no es interesante para él. No hay choque, dolor o condicionamiento negativo extremo. El animal simplemente cambia de ruta.
Este detalle es fundamental porque evita un problema común en tecnologías de disuasión: la adaptación comportamental. Al no asociar el estímulo a una amenaza directa, la posibilidad de que el tiburón “aprenda a ignorar” el sistema con el tiempo es menor.
Beneficios directos para pescadores
Aunque el proyecto tiene un fuerte atractivo ambiental, no fue pensado solo para la conservación. Los pescadores involucrados en las pruebas informaron ventajas prácticas claras. Redes con menos capturas accidentales requieren menos tiempo de limpieza, menos esfuerzo físico y menos riesgo durante el manejo en la cubierta.
Además, la reducción de grandes animales atrapados disminuye significativamente el ruptura de las redes, uno de los costos más altos de la pesca artesanal y semi-industrial.
Desde el punto de vista económico, esto crea una rara alineación de intereses: proteger tiburones deja de ser un “favor al medio ambiente” y pasa a ser una ventaja operativa.
Un nuevo tipo de relación entre pesca y depredadores
El caso del SharkGuard refuerza un cambio importante en la forma en que la conservación marina ha sido pensada. En lugar de excluir completamente la actividad humana o tratar a los depredadores como obstáculos, la estrategia pasa a ser ajustar el comportamiento, reduciendo el conflicto sin eliminar ninguno de los lados.
Esta lógica ya ha mostrado resultados en otros contextos terrestres, como cercas en colmenas contra elefantes o luces parpadeantes contra leones. En el océano, donde el control es mucho más difícil, el éxito del SharkGuard adquiere aún más relevancia.
Limitaciones y desafíos del sistema
A pesar de los resultados prometedores, los propios investigadores reconocen que SharkGuard no es una solución universal. El efecto puede variar según la especie de tiburón, la profundidad, la turbidez del agua y el tipo de pesca practicado.
Además, aún hay desafíos relacionados con el costo inicial de las luces y la necesidad de mantenimiento periódico de las baterías. Estos factores son especialmente sensibles para comunidades pesqueras de bajos ingresos.
Aun así, comparado con pérdidas recurrentes debido a redes dañadas y tiempo improductivo, la inversión tiende a justificarse con el tiempo.
Potencial de expansión global
Con los resultados positivos, el SharkGuard comenzó a ser visto como un modelo replicable en otras regiones del mundo. Países con altos índices de captura accidental de tiburones, como aquellos con pesca de enmalle costera intensa, son candidatos naturales para la adopción de la tecnología.
El principio también abre puertas para nuevas adaptaciones, incluyendo ajustes de color, intensidad lumínica y patrones de distribución de las luces a lo largo de las redes, ampliando aún más la eficacia sin comprometer la pesca.
Una solución simple para un problema complejo
La historia del SharkGuard muestra que no siempre la solución a problemas ambientales complejos está en tecnologías gigantescas o intervenciones radicales. A veces, un pequeño cambio sensorial, aplicado en el lugar correcto, es suficiente para alterar un sistema entero.
Al alejar tiburones sin herirlos, reducir capturas accidentales y mantener la actividad pesquera viable, el proyecto ofrece algo raro: una prueba concreta de que la convivencia es posible, incluso en un entorno tan impredecible como el océano.
En el fondo del mar, lejos de los focos, pequeñas luces están silenciosamente mostrando que preservar depredadores no significa renunciar a la supervivencia humana, sino repensar la forma en que interactuamos con ellos.


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