Catarata submarina impresiona por su altura, anchura y volumen, revelando un fenómeno oceánico de gran impacto en la circulación global.
La mayor cascada conocida en el planeta no aparece en la superficie.
Está sumergida entre Groenlandia e Islandia, en el Estrecho de Dinamarca, donde una masa de agua fría desciende aproximadamente 3,5 kilómetros hacia el fondo del océano, con un caudal estimado de cerca de 5 millones de metros cúbicos por segundo y un ancho de aproximadamente 160 kilómetros, según instituciones oceanográficas internacionales.
La pregunta más común cuando se habla de grandes cascadas suele ser sobre la cascada más alta del mundo.
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Es la caída ininterrumpida más alta en tierra firme.
Sin embargo, los investigadores identificaron a finales de la década de 1980 una formación aún mayor, pero ubicada en el fondo del mar.
Se trata de la catarata del Estrecho de Dinamarca, registrada en levantamientos oceanográficos publicados a partir de 1989.

Catarata submarina en el Estrecho de Dinamarca
La estructura se encuentra en un corredor oceánico que conecta el Mar de Groenlandia con el Mar de Irminger.
Los estudios describen que el agua muy fría que viene del norte fluye por el relieve submarino y desciende miles de metros hasta encontrar capas más profundas y un poco más cálidas.
Este proceso forma una caída continua dentro de la propia columna de agua.
En mediciones realizadas por organismos como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA), se registraron variaciones de temperatura, densidad y flujo capaces de explicar el comportamiento de la catarata.
El descenso ocurre sobre una elevación conocida como Greenland–Iceland Rise, donde el desnivel del fondo oceánico contribuye al movimiento descendente.
El ancho aproximado de 160 kilómetros y el caudal de millones de metros cúbicos por segundo hacen que la catarata se destaque entre fenómenos oceánicos ya documentados.

Investigadores comparan su volumen con el de grandes ríos conocidos, destacando que el flujo submarino supera al de grandes sistemas fluviales de superficie.
Por estar totalmente sumergido, el fenómeno no presenta características visuales típicas de las cascadas observadas en tierra.
El descenso ocurre dentro del océano, sin formación de neblina o rocío, y solo puede ser analizado por medio de instrumentos específicos, como sondas de profundidad y sensores de temperatura y salinidad.
Física y dinámica del agua fría y densa
La explicación para la existencia de una catarata submarina está en la diferencia de densidad entre masas de agua.
Los especialistas señalan que el agua fría del Ártico es más densa que el agua relativamente más caliente del Mar de Irminger.
Cuando ambas se encuentran en el Estrecho de Dinamarca, el agua más fría tiende a hundirse.
Este movimiento se conoce como overflow, o desbordamiento.

En el caso del Estrecho de Dinamarca, el flujo se desplaza desde unos 600 metros de profundidad hasta casi 4,000 metros, siguiendo el desnivel del fondo marino.
La dinámica es similar al concepto de una cascada: un volumen de agua descendiendo de un nivel superior a otro inferior debido a la gravedad.
Papel de la catarata en la circulación oceánica global
Según oceanógrafos, esta catarata sumergida integra la circulación meridional de revolución del Atlántico (AMOC), proceso que redistribuye calor, salinidad y nutrientes entre el Atlántico Norte y otras regiones.
El agua fría y densa que se hunde en el Estrecho de Dinamarca contribuye a la formación del Atlántico Norte Profundo, capa fundamental para el equilibrio de la circulación global.
Este mecanismo influye en el transporte de calor hacia altas latitudes y participa en la renovación de aguas profundas, que, al regresar a la superficie en otras áreas, ayudan a sostener ecosistemas marinos sensibles a la disponibilidad de nutrientes.
Riesgos climáticos y cambios en el flujo
Modelos climáticos indican que la AMOC puede sufrir alteraciones debido al calentamiento de los océanos y al aumento de la entrada de agua dulce proveniente del derretimiento de glaciares.
Según investigadores dedicados a este tema, la reducción de la densidad de las aguas superficiales puede disminuir el volumen de agua fría capaz de hundirse en el Atlántico Norte.
Si este proceso se debilita, estructuras como la catarata del Estrecho de Dinamarca también pueden sufrir alteraciones.
Los estudios apuntan que cambios en la circulación oceánica tienen el potencial de influir en patrones de temperatura, distribución de lluvias y niveles del mar en diversas regiones.
La existencia de una catarata de más de 3,5 kilómetros en el fondo del océano plantea una cuestión relevante sobre cómo fenómenos poco visibles, pero esenciales para el sistema climático, pueden ayudar a comprender el comportamiento futuro de los mares.


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