Cobra gigante encontrada en territorio indígena en Ecuador es descrita como nueva especie, la Eunectes akayima, y ya se trata como la mayor anaconda registrada por la ciencia. El descubrimiento refuerza el papel de la Amazonía, incluida la brasileña, como frontera viva de la biodiversidad y presiona por más protección al bioma.
La Amazonía volvió al centro de atención internacional con el anuncio de una cobra que ya se está llamando la mayor anaconda del mundo. Se trata de la Eunectes akayima, registrada en territorio indígena Waorani, en la región de Bameno, en la Amazonía ecuatoriana, con ejemplares que superan los 6 metros de longitud y más de 200 kg de peso.
El descubrimiento, realizado por una expedición internacional de herpetólogos, fue descrito en artículos científicos en la revista Diversity y en comunicados de universidades extranjeras. Los trabajos reconocieron a la llamada “anaconda verde del norte” como distinta de la anaconda verde tradicional, que hasta ahora se trataba como una única especie, Eunectes murinus.
En los meses siguientes, videos de la cobra gigante se propagaron por las redes sociales y por medios de comunicación, incluyendo escenas en las que el biólogo holandés Freek Vonk aparece nadando al lado del animal. La diferencia de tamaño entre el investigador y la serpiente ayuda a dimensionar el porte del reptil, que hoy concentra el título de mayor serpiente en masa corporal ya registrada en la naturaleza.
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La historia ganó nuevo impulso en 2025, cuando portales de noticias y sitios especializados volvieron a destacar la mayor anaconda ya registrada en la historia y reforzaron el papel de instituciones como el Instituto Butantan en la divulgación de informaciones sobre las anacondas y su importancia ecológica.
Cómo la expedición llegó a la “mayor anaconda del mundo” en la Amazonía ecuatoriana
El descubrimiento de la Eunectes akayima es resultado de una expedición de alrededor de diez días en la región de Bameno, en el territorio Baihuaeri Waorani, en la Amazonía de Ecuador. El equipo fue liderado por el profesor Bryan Fry, de la Universidad de Queensland, tras una invitación del pueblo Waorani, que había reportado durante años la presencia de serpientes gigantes en sus ríos.
Los investigadores navegaron por sistemas de ríos de aguas poco profundas, revisando igarapés y áreas inundadas en busca de las cobras. En varios tramos, reportaron encontrar anacondas “al acecho en las orillas”, comportamiento típico de depredadores de emboscada que esperan presas como peces, capibaras, aves acuáticas y hasta caimanes.
En el campo, el mayor ejemplar medido por el equipo fue una hembra de aproximadamente 6,3 metros de longitud y cerca de 200 kg, considerada la mayor anaconda ya registrada con datos científicos robustos. Al mismo tiempo, los Waorani reportan individuos aún mayores, posiblemente llegando a 7,5 metros y 500 kg, aunque tales medidas aún carecen de confirmación formal.
Eunectes akayima: lo que la ciencia ya sabe sobre la nueva anaconda verde
Los primeros estudios genéticos publicados en la revista Diversity, en febrero y julio de 2024, propusieron oficialmente la Eunectes akayima sp. nov. como una nueva especie, apodada “anaconda verde del norte”. La investigación muestra una diferencia genética de aproximadamente 5,5% en relación a la anaconda verde del sur (Eunectes murinus), indicando que las líneas se separaron hace aproximadamente 10 millones de años.
A pesar de esta distancia genética, las dos cobras son visualmente muy parecidas: grandes, de color verdoso con manchas oscuras y cuerpo extremadamente robusto. Según materiales de divulgación del Instituto Butantan y de National Geographic Brasil, las anacondas verdes son consideradas las serpientes de mayor masa corporal del planeta, pudiendo superar 200 kg y sobrepasar los 6 metros, aunque relatos históricos citan individuos aún mayores.
Relatos indígenas, videos virales y la fuerza simbólica de la anaconda gigante
Para los Waorani, las grandes anacondas no son una novedad: forman parte de narrativas, mitos y observaciones de campo compartidas durante generaciones. La novedad está en que la ciencia occidental finalmente documenta, mide y secuentes genéticamente estas serpientes, poniendo en artículos lo que los pueblos indígenas ya reportaban en su propia cosmología.
La expedición internacional solo fue posible porque los Waorani invitaron a los investigadores a su territorio, guiando al grupo por los ríos e igarapés que conocen en detalle. En diversos relatos, las anacondas son tratadas como animales sagrados, que merecen respeto y cuidado, lo que refuerza la importancia de la colaboración entre ciencia y conocimiento tradicional.
Fue en este contexto que el video de Freek Vonk nadando al lado de la anaconda ganó el mundo. Las escenas, reproducidas por medios como CNN y grandes portales internacionales, muestran al biólogo sirviendo de “regla humana” para dimensionar el tamaño de la cobra, reforzando la idea de que se trata de uno de los mayores reptiles ya registrados en ambiente natural.
En Brasil, reportajes de sitios como National Geographic Brasil, Superinteressante, Terra y medios regionales ayudaron a traducir el descubrimiento para el público local. Los artículos explican que la nueva anaconda no es venenosa, sino una constrictora: mata por fuerza muscular, enrollándose en la presa hasta sofocarla, comportamiento típico de las grandes anacondas de la Amazonía.
Este contraste entre la imagen de “monstruo” y el papel ecológico del animal alimenta el aura de la nueva especie. Al mismo tiempo que asusta por su dimensión, la Eunectes akayima se convirtió en símbolo de la capacidad de la Amazonía para aún sorprender a la ciencia, recordando que el bioma guarda especies desconocidas mucho más allá de las serpientes gigantes.
Lo que el descubrimiento revela sobre la biodiversidad amazónica y Brasil
Aunque los primeros registros confirmados de la Eunectes akayima provengan de la Amazonía ecuatoriana, estudios indican que la especie ocurre en una amplia franja del norte de América del Sur. Hay registros o indicios en Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Trinidad y Guayana Francesa, en áreas conectadas hidrológicamente con la cuenca amazónica, que también abarca el territorio brasileño.
Desde el punto de vista ecológico, la nueva anaconda refuerza el estatus de las anacondas como depredadores tope y especies clave para medir la salud de los ecosistemas acuáticos. Investigadores apuntan que estos reptiles pueden acumular metales pesados y otros contaminantes, sirviendo como “termómetro biológico” de impactos de derrames de petróleo, minería y otros vectores de degradación que también afectan a la Amazonía brasileña.
Debate científico, amenazas ambientales y próximos pasos de la investigación
A pesar del entusiasmo, el descubrimiento de la Eunectes akayima no está libre de controversia. Artículos recientes en revistas como Bionomina discuten la validez de la nueva especie, cuestionando criterios de muestreo, delimitación taxonómica e interpretación de los datos genéticos, mientras que algunas listas taxonómicas ya vuelven a tratar el nombre como sinónimo de la anaconda verde clásica.
Este tipo de debate es común en taxonomía y suele prolongarse durante años, hasta que nuevas evidencias consoliden o revisen la propuesta original. En este intermedio, el consenso es que las anacondas de la región siguen bajo fuerte presión: la pérdida y fragmentación de hábitat, la deforestación para la agricultura, incendios, represas y contaminación por metales e hidrocarburos aumentan el riesgo para poblaciones de grandes reptiles de vida larga.
Para países amazónicos como Brasil, la discusión sobre la “mayor anaconda del mundo” va más allá de la curiosidad y toca políticas públicas. El descubrimiento, sea consolidado como nueva especie o ajustado en el futuro, refuerza la urgencia de monitorear la fauna, financiar investigación a largo plazo y fortalecer áreas protegidas, especialmente en regiones de frontera donde la presión económica es más intensa.
Al ver una anaconda que pesa más de 200 kg siendo llamada “la mayor cobra del mundo”, tiendes a verla como una amenaza o como símbolo de la Amazonía que aún resiste? ¿Crees que el miedo que estas imágenes provocan ayuda a involucrar en la conservación o solo alimenta el estigma contra grandes depredadores? Deja tu opinión en los comentarios y participa del debate sobre hasta dónde puede llegar la humanidad en la exploración del bosque sin condenar especies gigantes como la Eunectes akayima a la desaparición.


Encontrar uma espécie de sucuri com esse porte, demonstra o quanto é linda, e rica a nossa Amazônia. Sinalizando para a nossa
responsabilidade, na preservação das espécies. Respeitando a fauna e a flora, mantendo o equilíbrio do bioma, no mandamento da sustentabilidade.