En 12 Estados indios, más de 118 millones de mujeres ganan dinero cada mes de forma incondicional, en montos pequeños pero regulares, en un programa que reconoce el trabajo doméstico, fortalece la autonomía femenina, presiona los presupuestos públicos y ya decide los resultados de elecciones locales estratégicas en una sociedad patriarcal y desigual.
En diciembre de 2025, la rutina de una ama de casa en una aldea de Madhya Pradesh ayuda a explicar por qué tantas mujeres ganan dinero cada mes en India solo por cuidar de la casa. Sin un empleo formal, recibe del gobierno 1.5 mil rupias al mes, alrededor de 16 dólares, equivalentes a aproximadamente 86 reales, que usa para comprar medicamentos, verduras y pagar la escuela de su hijo. La cantidad es modesta, pero predecible, cae directamente en su cuenta bancaria y le da una sensación concreta de control e independencia.
Esta misma lógica se ha extendido en pocos años. Desde el primer programa estatal en Goa, en 2013, pasando por la expansión en Assam poco antes de la pandemia en 2020 y por las promesas de campaña que marcaron las elecciones estatales de 2024 y 2025, India ha transformado los pagos mensuales directos en uno de los mayores experimentos de política social del mundo publicado por el portal de la BBC. En lugar de subsidiar solo cereales, combustible o empleo rural, el país comenzó a remunerar, aunque sea parcialmente, el trabajo invisible que mantiene las casas en funcionamiento y que históricamente no aparecía en ninguna estadística económica.
Cómo funciona el pago a las amas de casa en India

Hoy, en 12 Estados, 118 millones de mujeres adultas reciben transferencias monetarias incondicionales cada mes.
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Los montos varían de 1 mil a 2.5 mil rupias, algo entre 12 y 30 dólares, cerca de 65 a 162 reales, lo que representa aproximadamente del 5 al 12 por ciento de los ingresos familiares.
No hay exigencia de comprobar la asistencia escolar de los hijos ni de probar que la familia está por debajo de la línea de pobreza. El dinero simplemente entra en la cuenta registrada, mes a mes.
Los criterios de elegibilidad cambian de un Estado a otro. En general, hay límites de edad, rangos de ingresos y exclusiones para familias de empleados públicos, contribuyentes más ricos, propietarios de automóviles o de grandes extensiones de tierra.
Aun con esta filtración, el público atendido es gigantesco. Aproximadamente 300 millones de mujeres indias tienen hoy cuenta bancaria, lo que simplificó la operación logística y permitió que el dinero llegara más rápido y con menos intermediarios.
En la práctica, las beneficiarias suelen gastar los recursos en gastos básicos: alimentos, gas de cocina, medicamentos, consultas médicas, cuotas escolares, pago de pequeñas deudas y, de vez en cuando, algún artículo personal, como una prenda de vestir mejor o una joya simple.
La cantidad mensual no es suficiente para transformar la vida de una familia, pero la regularidad del pago crea una red de seguridad mínima y abre un pequeño margen de decisión cotidiana para mujeres que, hasta entonces, dependían casi totalmente del salario de sus esposos.
Cuando las mujeres ganan dinero cada mes y se convierten en fuerza política decisiva
El diseño de los programas varía, pero una pieza es constante: el enfoque explícito en las votantes. Las mujeres ganan dinero cada mes y se convierten en un electorado demasiado grande para ser ignorado, especialmente en Estados pobres, donde algunos dólares extra al mes hacen una diferencia real en el presupuesto.
Goa, en el oeste de India, fue el primero en lanzar un programa de transferencia incondicional para mujeres en 2013. La idea se fue extendiendo lentamente hasta ganar fuerza poco antes de la pandemia, en 2020, cuando Assam creó un programa específico para mujeres vulnerables.
A partir de ahí, las transferencias directas y sin condiciones se convirtieron en una promesa recurrente en campañas estatales.
En 2021, el actor y político Kamal Haasan, en Tamil Nadu, llegó a proponer “salarios para amas de casa” como plataforma central, pero su partido perdió aquella elección.
Tres años después, en 2024, las promesas de pagos mensuales dirigidos a mujeres ayudaron a los partidos a ganar en Estados como Maharashtra, Jharkhand, Odisha, Haryana y Andhra Pradesh.
Los programas dejaron de ser solo política social y se convirtieron también en una estrategia electoral explícita.
El caso más emblemático ocurrió en Bihar, uno de los Estados más pobres de India. En las semanas previas a las elecciones legislativas de 2025, el gobierno local transfirió 10 mil rupias, alrededor de 112 dólares o 604 reales, a 7.5 millones de cuentas de mujeres, dentro de un programa de generación de medios de vida.
Las votantes asistieron en mayor número que los hombres a las urnas y fueron decisivas para la victoria aplastante de la coalición liderada por el Partido Bharatiya Janata.
Los críticos clasificaron la maniobra como compra directa de votos, pero el mensaje de las urnas fue claro: el dinero mensual en la cuenta se convirtió en una poderosa palanca de poder político.
Lo que cambia en la vida práctica de las beneficiarias
Detrás de los números abstractos, hay transformaciones discretas en la vida doméstica. Estudios recientes muestran que la inmensa mayoría de las beneficiarias controla su propia cuenta bancaria y decide cómo gastar el dinero.
En Bengala Occidental, una encuesta realizada en 2023 indicó que el 90 por ciento de las mujeres gestionan personalmente sus cuentas, mientras que el 86 por ciento definen solas el destino de los recursos. La prioridad son alimentos, educación de los hijos y gastos médicos.
En Maharashtra, un estudio de 2025 reveló un dato importante: alrededor del 30 por ciento de las mujeres con derecho al beneficio ni siquiera se registraron.
Los motivos van desde problemas de documentación hasta un sentimiento de autosuficiencia, pero entre las que se adhirieron, casi todas mantienen control exclusivo sobre el dinero. Esto refuerza la percepción de que el pago mensual funciona como un ahorro propio, aunque pequeño, para emergencias o decisiones que antes no podían tomar sin consultar al marido.
Investigaciones en Assam indican que la mayor parte de las mujeres utiliza el beneficio para cubrir necesidades básicas y valoran más la dignidad financiera que el eventual reconocimiento formal de su trabajo doméstico.
Muchas siguen declarando que preferirían un empleo remunerado y estable, si tuvieran opción. En Tamil Nadu, beneficiarias reportan más tranquilidad en casa, menos conflictos conyugales y un aumento de confianza personal.
En Karnataka, las mujeres dicen que han comenzado a comer mejor, a opinar más en las decisiones del hogar y a desear mayores montos en el programa.
En prácticamente todos estos Estados, los estudios convergen en dos puntos centrales. Primero, las mujeres ganan dinero cada mes sin que eso reduzca el deseo de trabajar fuera o de tener un empleo formal, uno de los principales temores de parte del movimiento feminista.
Segundo, los programas no disminuyeron la carga de trabajo doméstico no remunerado, pero aumentaron el poder de negociación de las mujeres con familiares, esposos y políticos.
Quien recibe el dinero puede exigir más, hacer demandas y enfrentar emergencias con menos miedo.
El peso del trabajo invisible y el costo fiscal billonario
La lógica de estos programas se apoya en una realidad estadística dura. La más reciente Encuesta de Uso del Tiempo de India indica que, en 2024, las mujeres dedicaron casi cinco horas al día al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, más de 7.6 veces el tiempo que dedican los hombres.
Esta carga desproporcionada ayuda a explicar la baja participación femenina en la fuerza laboral formal, incluso en Estados de rápido crecimiento económico.
Al transferir recursos directamente a quienes realizan este trabajo, los gobiernos estatales envían un mensaje político: el cuidado y la gestión del hogar tienen valor económico.
Las feministas indias han defendido durante décadas que este trabajo debería ser reconocido en las estadísticas nacionales, y las transferencias mensuales aparecen como una especie de reconocimiento tardío, aunque parcial y de bajo valor.
Desde el punto de vista fiscal, sin embargo, el experimento es pesado. Doce Estados indios proyectan gastar alrededor de 18 mil millones de dólares, algo en torno a 97 mil millones de reales, solo en pagos este año fiscal.
La mitad de ellos ya opera en déficit, es decir, necesita endeudarse para pagar gastos corrientes, de acuerdo con un informe del centro de estudios PRS Legislative Research.
Los críticos argumentan que los programas presionan presupuestos frágiles, crean dependencia política y desincentivan la inversión en políticas estructurales de empleo y servicios públicos.
Los defensores responden que el costo debe ser comparado con el gigantesco volumen de trabajo no remunerado que sostiene la economía.
Para ellos, pagar una cantidad modesta, pero predecible, directamente a las mujeres es menos un gasto y más un ajuste mínimo de cuentas en una sociedad que siempre ha considerado este esfuerzo como gratuito.
Límites, contradicciones y próximos pasos del experimento indio
Las investigaciones disponibles hasta ahora indican que los programas tienen efectos claros, pero limitados. No hay evidencia de que las transferencias quiten a las mujeres el incentivo para buscar trabajo remunerado ni de que refuercen de manera mecánica los roles tradicionales de género.
Al mismo tiempo, los pagos no reducen el volumen de tareas domésticas que ellas deben cumplir todos los días.
Los expertos defienden algunos ajustes para la próxima fase. Uno de ellos es simplificar los criterios de elegibilidad, especialmente para mujeres que realizan cuidados intensivos, como personas con discapacidad, ancianos postrados o niños pequeños, y que a menudo quedan fuera por lagunas burocráticas.
Otro punto considerado esencial es mantener el carácter incondicional de los beneficios y desvincularlos del estado civil, evitando que el derecho dependa de estar casada, divorciada o viuda.
También hay un consenso creciente de que la comunicación oficial debe enfatizar explícitamente que el dinero reconoce el valor del trabajo no remunerado de las mujeres.
Hoy, muchas beneficiarias no hacen esta asociación y ven el pago simplemente como una ayuda genérica.
Junto con esto, los investigadores sugieren expandir programas de educación financiera, para que las mujeres puedan ahorrar, planear gastos y usar el dinero como punto de partida para pequeños negocios o formación profesional.
Por último, casi todos los estudios subrayan un límite decisivo: las transferencias mensuales no pueden reemplazar oportunidades reales de empleo.
Muchas mujeres entrevistadas dicen, de forma directa, que lo que realmente desean es un trabajo remunerado, estable y el respeto permanente que acompaña esta condición.
En este sentido, el experimento en el que millones de mujeres ganan dinero cada mes se ve más como una herramienta de transición que como una solución definitiva, un mecanismo para reequilibrar el juego mientras las reformas más profundas no llegan.
El futuro de este gigantesco laboratorio social aún es incierto.
Si se combina con mensajes claros de reconocimiento, expansión de servicios públicos y creación de empleos de calidad, el dinero en la cuenta puede ayudar a rediseñar, poco a poco, la división de género dentro de los hogares indios.
¿Y tú, crees que un programa en el que las mujeres ganan dinero cada mes por cuidar de la casa podría funcionar en Brasil o acabaría convirtiéndose solo en moneda de cambio electoral?

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