Rondon recorrió más de 40 mil km por Brasil, lideró expediciones históricas y recibió una nominación al Nobel de la Paz hecha por Albert Einstein.
Pocos brasileños tienen una trayectoria tan notable como la de Marechal Rondon. A tal punto que impresionó al propio Albert Einstein, quien no solo reconoció su actuación humanitaria, sino que llegó a nominarlo para el Premio Nobel de la Paz.
En pleno siglo XX, mientras Brasil todavía era un territorio con grandes áreas aisladas, un hombre recorrió más de 40 mil kilómetros por selvas, ríos y desiertos. Su nombre: Cândido Mariano da Silva Rondon, o Marechal Rondon.
Su misión: conectar el país mediante el telégrafo y, al mismo tiempo, proteger a los pueblos indígenas. En 1925, esta trayectoria le valió a Rondon una nominación al Premio Nobel de la Paz, hecha nada menos que por Albert Einstein.
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El patrono de las comunicaciones y el defensor de los indígenas
Rondon nació en 1865, en la aldea de Santo Antônio de Leverger, en Mato Grosso. Con el tiempo, se convirtió en una figura esencial en la historia de las comunicaciones en Brasil.
Fue responsable de llevar líneas telegráficas a áreas remotas, en viajes realizados «a pie, en canoas y a lomos de mulas«. En reconocimiento, dio su nombre al estado de Rondônia, creado en 1982.
Pero su actuación más significativa quizás fue en la defensa de los pueblos indígenas. En 1910, fundó el Servicio de Protección a los Indios (SPI), que más tarde fue reemplazado por la FUNAI.
Adoptaba una política de acercamiento pacífico y respetuoso, incluso ante grupos que nunca habían tenido contacto con no indígenas. Su lema era directo: “Morir, si es necesario. Matar, nunca”.
Esta postura fue evidente cuando, aún en 1913, fue alcanzado por una flecha envenenada de los Nhambiquaras y no se defendió.
Prefería el diálogo, las solicitudes de permiso para construir en tierras indígenas y la inclusión de los propios pueblos en el proceso de conservación de las líneas telegráficas.
Contacto con los pueblos y respeto a las culturas
Rondon no solo entraba en las aldeas, sino que también participaba en rituales e incluía indígenas en tareas técnicas. Fue así, por ejemplo, con los indígenas Parecis, que comenzaron a cuidar del mantenimiento de las líneas telegráficas en la región de Utiariti, en el Mato Grosso.
A pesar de las tribus hostiles, como los Nambikwára, Rondon buscaba alternativas de convivencia. Se comunicaba con gestos, respetaba los territorios y siempre evitaba conflictos armados.
Einstein reconoce la grandeza de Rondon
Fue esta trayectoria la que llamó la atención de Albert Einstein. El físico visitó Brasil en 1925 y, al salir de Río de Janeiro rumbo a Berlín, escribió una carta al presidente del comité del Premio Nobel de la Paz.
En el mensaje, Einstein describió a Rondon como alguien que merecía reconocimiento por su trabajo con los pueblos indígenas. Dijo que su esfuerzo por integrar tribus al medio civilizado, sin armas ni coerción, era digno del premio.
Y sugirió que los responsables del comité buscaran más información a través de fuentes directas en Brasil. La carta se conserva actualmente en el Memorial Rondon, en Porto Velho.
“Permítame llamarle la atención sobre la actividad del general Rondon, de Río de Janeiro, porque en mi visita a Brasil tuve la impresión de que este hombre sería un digno merecedor del premio Nobel de la paz. Su trabajo consiste en la integración de tribus indígenas a los medios civilizados sin uso de armas, ni ninguna forma de coerción. (…) Si le interesa, puedo proporcionar más detalles, pero sería mejor si usted, a través de sus enviados noruegos, buscara directamente la información”, dijo Einstein.
Rondon fue de hecho nominado al Premio Nobel de la Paz, aunque nunca ganó. Fue nominado al premio en 1957.

La expedición con Theodore Roosevelt
Uno de los episodios más famosos de la vida de Marechal Rondon fue la Expedición Científica Rondon-Roosevelt, entre 1913 y 1914. El objetivo era mapear el llamado “Río de la Duda”, curso de agua entre Rondônia y el Amazonas. El desafío fue aceptado también por Theodore Roosevelt, ex presidente de los Estados Unidos.
Lo que parecía una jornada científica se convirtió en una saga de supervivencia. Fueron cinco meses de penurias: enfermedades, ataques de animales, rápidos peligrosos, pérdida de embarcaciones y comidas improvisadas — como carne de mono y sopa de tortuga. En ciertos momentos, los Expedicionarios pasaron hasta 48 días sin ver a otro ser humano.
De las siete canoas que iniciaron la jornada, solo dos resistieron. Las demás fueron destruidas por los rápidos, obligando al grupo a construir nuevas embarcaciones en medio de la selva. Cuando el río se volvía intransitable, seguían a pie, arrastrando las canoas sobre troncos.
Roosevelt, acostumbrado a ambientes políticos y urbanos, fue llevado al límite. Su relato, luego publicado en un libro, describe a Brasil como una tierra “extraña” y “rarísima”.
Ya Rondon, apodado “Domador de los Sertones”, demostró dominio sobre el ambiente, el territorio y las situaciones adversas.
Legado de respeto y comunicación
Marechal Rondon murió en 1958, pero su legado permanece.
Patrono de las comunicaciones y símbolo de la lucha por los derechos indígenas, fue uno de los primeros brasileños en unir ciencia, infraestructura y respeto cultural.
Hoy, su historia está registrada en libros, museos y memoriales. Y la carta escrita por Einstein es un recordatorio de que el mundo prestó atención a lo que este hombre hizo, sin armas, sin violencia y con un profundo sentido de justicia — en una tierra donde casi todo era selva.

Existem pessoas que nascem para passar pela vida, e outras que veem para consertar e orientar o convívio entre as pessoas.
Duas personalidades brasileiras de todos os tempos que merece seus nomes imortalizado na história, Cândido Rondon e Juscelino Kubcheque!!…