Maria Branyas Morera vivió 117 años y 168 días sin desarrollar cáncer, demencia o enfermedad cardíaca grave, y cuando un equipo internacional de científicos analizó su sangre, genoma y bacterias intestinales, descubrió que sus relojes epigenéticos indicaban una edad biológica cerca de dos décadas menor que la real, con niveles excepcionales de colesterol bueno y bacterias intestinales que normalmente desaparecen con la edad
Maria Branyas Morera tenía el título de la persona más anciana del mundo cuando falleció mientras dormía en agosto de 2024, a los 117 años y 168 días. Nacida en 1907 en San Francisco, hija de padres españoles, se mudó a Barcelona en su infancia y pasó sus últimas décadas en un hogar de ancianos en la ciudad de Olot, en Cataluña. Lo que convirtió a Maria Branyas Morera en un caso extraordinario para la ciencia no fue solo la edad, sino el hecho de que nunca desarrolló cáncer, demencia o cualquier enfermedad neurodegenerativa diagnosticada a lo largo de toda su vida.
Un equipo internacional liderado por Eloy Santos Pujol y el autor principal Manel Esteller analizó prácticamente todas las capas de la biología de Maria Branyas Morera: genes, metabolismo, bacterias intestinales y relojes epigenéticos. El estudio, publicado en la revista Cell Reports Medicine, reveló que, a pesar de que el cuerpo de Maria Branyas Morera presentaba marcas clásicas de edad avanzada, sus indicadores biológicos parecían mucho más jóvenes, y sus relojes epigenéticos marcaban una edad cerca de dos décadas menor que la real.
El ADN de Maria Branyas Morera y el paradoja de los telómeros más cortos del laboratorio

Los científicos midieron los telómeros de Maria Branyas Morera utilizando una técnica llamada Q FISH de alto rendimiento. Los telómeros son estructuras protectoras en los extremos de los cromosomas que se acortan con cada división celular.
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Los de ella estaban entre los más cortos jamás registrados por el laboratorio en voluntarios sanos. Los telómeros cortos normalmente están asociados a un mayor riesgo de cáncer y enfermedades de la edad, pero Maria Branyas Morera nunca desarrolló ninguna de estas condiciones.
Los investigadores sugieren que, en el caso de Maria Branyas Morera, la pérdida de telómeros funcionó más como un reloj preciso de la edad que como un desencadenante de enfermedades. La hipótesis es que los telómeros cortos pueden haber limitado la capacidad de potenciales células tumorales de continuar dividiéndose.
Su sangre también presentaba mutaciones en genes como SF3B1 y TET2, comunes en ancianos y frecuentemente observadas como señales tempranas de cánceres sanguíneos, pero ella permaneció libre de tumores durante toda su vida.
El cuerpo de Maria Branyas Morera envejeció, pero las enfermedades que normalmente acompañan el envejecimiento simplemente no aparecieron.
El perfil genético y metabólico que protegió a Maria Branyas Morera durante 117 años
El secuenciamiento completo del genoma de Maria Branyas Morera reveló miles de variantes genéticas raras, incluyendo un conjunto que no se encontró en ninguna de las 75 mujeres ibéricas utilizadas como grupo de comparación.
Varias de estas variantes están localizadas en genes relacionados con el control inmunológico, protección cerebral, desarrollo cardíaco y producción de energía en las mitocondrias, y ella poseía versiones favorables de genes asociados con la longevidad sin portar formas de alto riesgo del gen APOE.
La sangre de Maria Branyas Morera mostró niveles extremadamente bajos de triglicéridos y lipoproteínas de baja densidad, junto con niveles altos de HDL, el llamado colesterol bueno. Los marcadores de inflamación crónica (GlycA y GlycB) también estaban bajos.
En la práctica, esto significa que el cuerpo de Maria Branyas Morera no estaba atrapado en el proceso inflamatorio lento que aumenta el riesgo de ataques cardíacos y diabetes en la mayoría de los ancianos.
Solo algunos marcadores, como lactato y creatinina elevados, indicaban que sus órganos estaban finalmente alcanzando sus límites cerca del final de la vida.
Los tres yogures al día y las bacterias intestinales que desafían la edad
Cuando los científicos analizaron las bacterias intestinales de Maria Branyas Morera, encontraron niveles excepcionalmente altos de Bifidobacterium, un grupo de bacterias que normalmente disminuye con la edad pero que permanece abundante en centenarios y supercentenarios.
Estas bacterias están asociadas a efectos antiinflamatorios y a un metabolismo de grasas más saludable, exactamente el perfil que Maria Branyas Morera presentaba en sus análisis de sangre.
El hábito que sostenía esta flora intestinal era simple: Maria Branyas Morera consumía alrededor de tres yogures al día que contenían bacterias que promovían el crecimiento de Bifidobacterium.
No era medicina de alta tecnología. Era un hábito diario que, según los investigadores, corrobora evidencias de que un patrón alimentario mediterráneo puede influir en el microbioma intestinal para favorecer especies que contribuyen a un envejecimiento saludable. Tres yogures al día durante décadas. Así de simple.
Los relojes epigenéticos que mostraban a Maria Branyas Morera dos décadas más joven
Pruebas epigenéticas que leen patrones de marcadores químicos en el ADN mostraron que el genoma de Maria Branyas Morera presentaba muchas alteraciones relacionadas con la edad, como se esperaba. Pero secciones repetitivas del ADN permanecieron rigurosamente controladas, lo que puede ayudar a mantener el genoma estable.
En diversos relojes epigenéticos, incluyendo un reloj de ADN ribosómico, la edad biológica de Maria Branyas Morera aparecía cerca de dos décadas menor que su edad cronológica.
Los investigadores describen esto como una dualidad fascinante: marcas claras de envejecimiento extremo coexistiendo con fuertes indicios de longevidad saludable. El caso de Maria Branyas Morera muestra que la edad y la enfermedad no siempre están tan ligadas como se presume.
Sus células podían sentirse más jóvenes de lo que el calendario indicaba, y la biología logró prolongar la fase saludable de la vida sin escapar completamente de las marcas del envejecimiento.
117 años, tres yogures al día y un cuerpo que se negó a enfermar
Maria Branyas Morera vivió 117 años sin cáncer, sin demencia y sin enfermedad cardíaca grave. Su ADN cargaba variantes genéticas raras de protección.
Su sangre tenía colesterol bueno en niveles excepcionales e inflamación crónica prácticamente inexistente. Sus bacterias intestinales parecían de alguien décadas más joven.
Y sus relojes biológicos confirmaban: el cuerpo de Maria Branyas Morera era biológicamente cerca de 20 años más joven que su edad real, sostenido por una combinación de genética favorable, metabolismo eficiente y un hábito tan simple como comer tres yogures al día durante toda la vida.
¿Comes yogur regularmente? ¿Crees que la longevidad de Maria Branyas Morera es genética, hábito o suerte? ¿Qué harías si supieras que tu reloj biológico marca 20 años menos? Déjalo en los comentarios y comparte este artículo con quienes se interesan por la longevidad y la salud.

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