La niña superdotada británica Kashmea Wahi, de 11 años, hizo la prueba de Mensa por curiosidad, alcanzó la puntuación máxima de 162 y entró al selecto grupo del 1% más inteligente de la población mundial, superando incluso a Einstein y Hawking.
La historia de la niña superdotada Kashmea Wahi, de apenas 11 años, impresionó al mundo al alcanzar la puntuación máxima de 162 en una prueba de CI de Mensa, la sociedad internacional de personas con alto cociente de inteligencia. El resultado la colocó entre el 1% más inteligente de la población mundial, superando el CI estimado de genios como Albert Einstein y Stephen Hawking.
Nacida en Londres y hija de padres indios, Kashmea decidió hacer la prueba por curiosidad, sin imaginar que su desempeño la convertiría en una de las personas más jóvenes de la historia en alcanzar la puntuación máxima. Su logro generó reflexiones sobre el potencial de las mentes jóvenes y el impacto de la presión académica sobre niños prodigio.
Cómo todo comenzó: curiosidad se convirtió en reconocimiento mundial
Kashmea conoció la prueba de Mensa por casualidad, mientras navegaba en su iPad. Cansada de las presiones de sus padres para estudiar más, decidió inscribirse para “demostrar un punto” y mostrar que ya tenía alto desempeño cognitivo.
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El examen, destinado a personas mayores de 10 años y medio, se aplicó en Londres y reunió principalmente a adultos, muchos en su treintas.
El resultado sorprendió incluso a los examinadores. Kashmea obtuvo 162 puntos en la prueba Cattell III B, que mide la capacidad de razonamiento lógico y comprensión textual.
Esta es la puntuación máxima posible para menores de 18 años y la colocó oficialmente entre los individuos de inteligencia excepcional, reconocida por Mensa.
Qué significa un CI de 162

El puntaje obtenido por Kashmea es considerado extremadamente raro.
La media mundial de CI se encuentra entre 85 y 115 puntos, mientras que los puntajes por encima de 145 ya se clasifican como de genialidad.
En el caso de la estudiante británica, el resultado la posiciona en el grupo de élite intelectual de todo el planeta.
En términos comparativos, Einstein y Hawking tenían CIs estimados en alrededor de 160, lo que hace que el desempeño de Kashmea sea, en términos numéricos, superior.
La propia joven, sin embargo, fue enfática al afirmar que “la comparación es exagerada” y que se necesitarían muchos logros para equipararse a los grandes nombres de la ciencia.
La repercusión y la rutina tras el logro
La hazaña de Kashmea generó amplia repercusión en la prensa internacional. Los titulares destacaron a la “niña más inteligente de Gran Bretaña”, y su historia se convirtió en un ejemplo del poder de la curiosidad y del incentivo al aprendizaje desde temprana edad.
Sin embargo, la notoriedad también trajo nuevas presiones.
En lugar de disminuir la exigencia de sus padres como ella esperaba, el resultado aumentó las expectativas acerca de su desempeño escolar.
Kashmea siguió con una rutina disciplinada de estudios y mantuvo el enfoque en múltiples áreas: participó en torneos de ajedrez, jugó netball, practicó tenis e integró un equipo premiado en desafíos matemáticos de la Universidad de Oxford.
El desarrollo académico y los logros posteriores
A lo largo de la adolescencia, Kashmea mantuvo un historial académico impresionante. En 2021, obtuvo la puntuación máxima (grado 9) en todas las 11 asignaturas de la prueba internacional iGCSE, incluyendo matemáticas, ciencias, computación, español, teatro e historia.
Además, se comprometió con causas sociales, actuando como voluntaria en organizaciones benéficas como la Children’s Society y Go Dharmic.
Su inteligencia práctica también se manifestó en iniciativas tecnológicas.
En 2017, participó en la creación de la aplicación Speciall, destinada a ayudar a personas con discapacidades y alergias, evidenciando un interés genuino en usar el conocimiento para fines humanitarios.
La reflexión detrás de la genialidad precoz
A pesar de su éxito, Kashmea Wahi y su familia optaron por una vida más discreta tras el auge de la exposición mediática.
Hoy, su ejemplo es frecuentemente usado en debates sobre educación de superdotados y salud mental de jóvenes prodigios.
Los expertos señalan que historias como la de ella muestran la importancia de equilibrar el estímulo intelectual y el bienestar emocional.
Kashmea, con una madurez inusual para su edad, siempre ha enfatizado que la inteligencia es solo una parte de la vida y que “la curiosidad, la empatía y la persistencia también son señales de genialidad”.
¿Crees que los niños superdotados deberían recibir apoyo especial en las escuelas? ¿O que el talento debe ser tratado con naturalidad? Deja tu opinión en los comentarios, queremos escuchar a quienes siguen de cerca el desarrollo de jóvenes prodigios.

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