Las glaciares de los Andes protegidas desde 2010 por una ley que prohíbe actividades industriales ahora pueden ser exploradas tras la aprobación de la reforma por parte de la Cámara argentina que permite a las provincias definir sus propios estándares de protección, abriendo paso a mineras como Glencore y BHP para extraer cobre y litio cerca de las reservas hídricas.
La Cámara de Diputados de Argentina aprobó este jueves (9) una reforma que permite la minería en regiones cercanas a glaciares en los Andes, un cambio impulsado por el gobierno de Javier Milei que, según ambientalistas y científicos, puede debilitar las protecciones ambientales que existían desde 2010. La reforma fue aprobada por 137 votos a favor, 111 en contra y 3 abstenciones, y permite que las provincias definan sus propios estándares de protección para glaciares y zonas periglaciares, lo que en la práctica puede abrir camino a proyectos de minería en áreas hasta ahora intocables.
Lo que está en juego es enorme. La ley de 2010 protegía casi 17 mil masas de hielo en los Andes, cubriendo un área de 8.484 km², reservas de agua dulce esenciales para comunidades, agricultura y ecosistemas de toda la región. Los gobernadores de provincias mineras y empresas del sector argumentan que la reforma aclara las reglas para inversiones y puede posicionar a Argentina como proveedor global de cobre y litio para la transición energética. Pero científicos y grupos ambientalistas acusan al gobierno de sacrificar glaciares para atraer capital extranjero, poniendo las ganancias por encima del agua.
Qué cambia la reforma de Milei para los glaciares de los Andes
Según información del portal de CNN Brasil, desde 2010, Argentina prohíbe actividades industriales y de minería en glaciares y zonas periglaciares, áreas de suelo congelado que rodean las formaciones de hielo.
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La reforma aprobada no revoca la ley directamente, pero transfiere a las provincias el poder de definir sus propios criterios de protección para los glaciares.
En la práctica, esto significa que provincias con un fuerte interés en la minería como San Juan, Catamarca y Salta pueden crear regulaciones más permisivas que permitan operaciones cercanas a formaciones de hielo.
Para los ambientalistas, es una descentralización que disfraza una desregulación. Si cada provincia define sus propios estándares, los glaciares de los Andes que cruzan fronteras entre jurisdicciones quedan sujetos a reglas diferentes en cada lado, una situación que puede crear brechas legales para proyectos que serían bloqueados bajo la legislación federal.
La Universidad de Buenos Aires manifestó preocupación con la reforma ya en febrero, defendiendo «criterios científicos unificados, respaldados por conocimiento técnico», exactamente lo opuesto a la fragmentación que la nueva ley instituyó.
Por qué cobre y litio están en el centro de la disputa por los glaciares
Argentina posee algunas de las mayores reservas de litio del mundo, el llamado «triángulo del litio», que comparte con Chile y Bolivia, y depósitos significativos de cobre en los Andes.
Ambos minerales son esenciales para la transición energética global: el litio es un componente fundamental de las baterías de vehículos eléctricos, y el cobre se utiliza en prácticamente toda la infraestructura de energía renovable, desde turbinas eólicas hasta redes de distribución.
La demanda por estos minerales está en trayectoria de alta por décadas.
El gobierno de Milei ya ha concedido incentivos fiscales, cambiarios y legales para atraer mineras extranjeras, incluyendo empresas como Glencore y BHP, dos de las más grandes del sector en el mundo.
La reforma de los glaciares es la pieza que faltaba para desbloquear proyectos que estaban bloqueados por la ley de 2010, particularmente en áreas de alta altitud donde formaciones de hielo y depósitos minerales coexisten.
El argumento económico es que Argentina necesita estas inversiones para generar ingresos, empleos y posicionarse en la cadena de suministro de la transición energética. El argumento ambiental es que ninguna inversión justifica destruir reservas de agua dulce que llevaron milenios en formarse.
Qué dicen los científicos sobre el riesgo para los glaciares y el agua dulce
Científicos argentinos afirman que la reforma está motivada por intereses económicos y políticos, no por evidencias técnicas. Los glaciares de los Andes funcionan como reservorios naturales de agua dulce; acumulan nieve a lo largo de siglos y la liberan gradualmente como agua de deshielo, alimentando ríos que abastecen a millones de personas e irrigan cultivos en regiones áridas y semiáridas.
Cuando una actividad de minería perturba un glaciar o zona periglacial, el ciclo de acumulación y liberación puede ser irreversiblemente alterado.
La preocupación no es hipotética. Experiencias en otras regiones del mundo muestran que la minería en alta altitud puede acelerar el derretimiento de glaciares, contaminar aguas subterráneas y alterar patrones de drenaje de los que comunidades enteras dependen para sobrevivir.
En Argentina, donde la frontera de la Patagonia con Chile alberga algunos de los mayores campos de hielo de la región, el impacto potencial se amplifica por la escala. Son 8.484 km² de glaciares protegidos y la reforma transfiere el poder de decidir qué hacer con ellos a gobernadores que tienen incentivos directos para autorizar la minería.
La controversia sobre cómo se aprobó la reforma de los glaciares
El proceso legislativo también generó polémica. Parlamentarios de la oposición acusaron al gobierno de censura durante las audiencias públicas, alegando que solo el 0,3% de los más de 100 mil inscritos tuvieron permiso para manifestarse en contra de las medidas.
La disparidad entre el número de inscritos y el número de personas que efectivamente pudieron hablar plantea cuestiones sobre la legitimidad del proceso de consulta, un aspecto que puede alimentar impugnaciones judiciales en los próximos meses.
Roberto Cacciola, presidente de la Cámara de Minería de Argentina, defendió la reforma con una frase que resume el argumento del sector: «No se trata de elegir entre el medio ambiente y el desarrollo, sino de conciliar ambos.»
Para los críticos, sin embargo, la conciliación es retórica; en la práctica, la reforma de los glaciares otorga a las provincias mineras el poder de decidir dónde termina la protección y dónde comienza la extracción. La ley entra en vigor tras su publicación en el Diario Oficial, y las consecuencias para los glaciares de los Andes se definirán en las decisiones que cada provincia tome en los próximos años.
¿Crees que Argentina debería abrir los glaciares a la minería en nombre de la transición energética o proteger las reservas de agua a toda costa?

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