El avance de la desertificación en torno al Sahara expone los límites de soluciones sin comprobación y recoloca en el centro una técnica simple de manejo del suelo, adoptada en el Sahel para mejorar la retención de agua y favorecer la recuperación de áreas degradadas.
Según el portal O Antagonista, proyectos científicos ya han intentado contener el avance del desierto del Sahara con soluciones audaces, incluyendo el uso de millones de abejas para estimular la vegetación.
Aún de acuerdo con el medio, la iniciativa fracasó después de que el calor extremo comprometió las colmenas en pleno ambiente desértico.
En el centro de las experiencias con recuperación ambiental en la región, el objetivo es siempre el mismo: crear condiciones para que el suelo vuelva a retener agua y sustentar vegetación.
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Entre las estrategias con resultados documentados, una de las más citadas está en las excavaciones en forma de media luna, usadas para reducir el escurrimiento superficial y mejorar las condiciones del terreno para el cultivo.
La recuperación de tierras secas en la franja del Sahel, región que bordea el Sahara, depende de una combinación de factores ambientales y de técnicas adaptadas al terreno.
En este contexto, entran las llamadas demi-lunes, o medias lunas, estructuras excavadas en el suelo para captar el agua de las lluvias y aumentar la infiltración en áreas endurecidas por la degradación.
Organismos ligados a la agricultura y a la lucha contra la desertificación citan este método como una herramienta práctica de restauración productiva y ambiental.
Desertificación en el Sahel y los obstáculos para recuperar el suelo
En regiones semiáridas, el obstáculo no se resume a la baja incidencia de lluvias.
Cuando el suelo pierde cobertura vegetal y se compacta, el agua tiende a escurrir rápidamente por la superficie, en lugar de penetrar en la tierra.
Con esto, la humedad disponible disminuye, los nutrientes se pierden y la erosión avanza.
Este proceso compromete el aprovechamiento del agua y dificulta la regeneración de la vegetación.
Por esta razón, las iniciativas de restauración suelen priorizar técnicas de captación de lluvia y recomposición gradual de la fertilidad del suelo.
La lógica adoptada en estos proyectos es crear condiciones mínimas para que semillas, plántulas y cultivos agrícolas puedan desarrollarse.
Cómo funcionan las medias lunas usadas contra la desertificación
Las medias lunas son cavidades semicirculares abiertas con la cara orientada hacia el área de donde el agua escurre durante la lluvia.
Al encontrar este diseño, la corriente pierde velocidad y permanece represada por más tiempo, lo que favorece la infiltración.
En muchos casos, los agricultores también añaden materia orgánica, como estiércol o compost, para elevar la fertilidad del terreno.
En la práctica, la forma altera el comportamiento del agua en la superficie.
En lugar de correr rápidamente y llevar partículas del suelo, la lluvia pasa a abastecer pequeños bolsillos de humedad.
Este efecto mejora el ambiente inmediato alrededor de las semillas y de las raíces, reduce la pérdida de nutrientes y puede ampliar la viabilidad del cultivo en áreas antes degradadas.
Además de las medias lunas, los programas de restauración en el Sahel también emplean otras soluciones locales, como los pozos de plantación conocidos como zaï.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura describe la media luna como un método tradicional de plantación capaz de contener el escurrimiento, mejorar la infiltración y mantener el suelo húmedo por más tiempo.
Según la entidad, el método crea condiciones microclimáticas más favorables al desarrollo de semillas y plántulas.
Gran Muralla Verde y el desafío de contener el avance del Sahara
La restauración de áreas degradadas en el borde del Sahara integra iniciativas más amplias, como la Gran Muralla Verde, lanzada por la Unión Africana en 2007 con el objetivo de recuperar paisajes degradados, fortalecer medios de vida y contener los efectos de la desertificación.

El esfuerzo reúne diversos países africanos y involucra acciones de reforestación, manejo de agua, recuperación de suelos y apoyo a la producción rural.
A pesar de la dimensión del proyecto, la implementación enfrenta obstáculos recurrentes.
En junio de 2024, Reuters informó que la iniciativa difícilmente alcanzaría la meta prevista para 2030 al ritmo observado en ese momento, citando dificultades de financiamiento, coordinación y ejecución.
Aún así, el conjunto de acciones sigue apoyado en soluciones de restauración adaptadas a contextos locales, y no en una respuesta única para toda la región.
En este escenario, las medias lunas aparecen como respuesta a un problema físico identificado en áreas degradadas: la dificultad del suelo para absorber el agua disponible.
La cuestión, según estudios y organismos internacionales, no se limita al volumen de lluvia o a la plantación de árboles, sino que incluye la capacidad del terreno de retener humedad suficiente para sustentar la regeneración.
En áreas áridas, esta etapa suele ser tratada como decisiva para el éxito de acciones posteriores de revegetación.
El relato de las abejas
Según el portal O Antagonista, la propuesta de llevar abejas al desierto partía del papel de los polinizadores en el crecimiento de las plantas y en la recuperación de ecosistemas. De acuerdo con el texto publicado por el medio, la expectativa era que el aumento de la vegetación ayudara a estabilizar el suelo y a frenar el avance de la desertificación.
Aún según el portal, el proyecto habría chocado con las temperaturas extremas del Sahara. O Antagonista relata que el calor intenso hizo inviable la supervivencia de las colmenas, con derretimiento de la cera de los panales y muerte en masa de las abejas.
En el texto publicado por el medio, el episodio se presenta como ejemplo de los límites de intervenciones que no consideran las condiciones severas del ambiente desértico.
El mismo reportaje señala que, después de este fracaso, los investigadores comenzaron a concentrar esfuerzos en soluciones ligadas a la forma del terreno y al comportamiento del agua en el suelo.
Es en este punto donde la geometría del suelo gana protagonismo. En lugar de depender de una intervención biológica a gran escala, la estrategia descrita con más consistencia en proyectos de restauración en la región se basa en la apertura de estructuras simples, capaces de almacenar agua de lluvia por más tiempo y reducir la erosión.
En el Sahel, retener el agua en el terreno puede representar el primer paso para devolver productividad a áreas degradadas, reducir pérdidas por escurrimiento y abrir espacio para el retorno gradual de la cobertura vegetal.

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