De cicatriz urbana a polémico punto de ocio, entienda la transformación del Elevado Costa e Silva en el parque lineal más inusitado de São Paulo.
En el corazón de São Paulo, una estructura de 3,4 km define el paisaje y la vida de miles de personas. Conocido como Minhocão, el Elevado Presidente João Goulart es un paradoja: una vía expressa esencial durante la semana que se transforma radicalmente los fines de semana. Cuando los coches se van, el asfalto da lugar a peatones, ciclistas y familias, consolidándose como el parque lineal más inusitado de São Paulo.
Esta dualidad es la esencia del Minhocão. Para algunos, es una “aberração arquitetônica”, como señala el análisis crítico del portal Estado da Arte (O Estado de S. Paulo), que lo define como un “equívoco del planejamento urbano”. Para otros, como describe São Paulo Secreto, es un espacio que “ganó el corazón de los paulistanos”. Este artículo disecciona la historia, los impactos y el complejo debate sobre el futuro de esta icónica estructura paulistana.
Génesis de una cicatriz: la política y el brutalismo de 1971
La construcción del Minhocão no fue un mero proyecto de infraestructura; fue un acto político, un producto de la Dictadura Militar (1964-1985). El portal Estado da Arte detalla que el proyecto fue ejecutado en tiempo récord de 11 meses por el alcalde nombrado Paulo Maluf, sin estudios de impacto urbano previos e ignorando críticas. Fue una imposición autoritaria que buscaba ser una “marca” de gestión, bautizada originalmente en homenaje al general-presidente Costa e Silva.
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El propósito declarado era descongestionar el tráfico de la Avenida São João, reflejando una filosofía “rodoviarista” que priorizaba coches. Sin embargo, el Estado da Arte califica la obra como un “equívoco del planejamento urbano”, una “solución fallida” que se mostró ineficiente y degradó profundamente su entorno. La estructura, pasando a meros cinco metros de las ventanas, trajo contaminación sonora, atmosférica y desvalorización inmobiliaria inmediata para barrios como Santa Cecília y Vila Buarque.
Tan perjudicial como la vía fue el “baixio”, el espacio oscuro y degradado bajo el elevado. Este lugar se convirtió en un punto de marginación social, señalado como embrión de la “cracolândia”, y funciona hasta hoy como una barrera física que fragmenta comunidades. El Estado da Arte se refiere a toda la estructura como una verdadera “cicatriz espacial” en el centro de la ciudad, un problema que persiste décadas después de su inauguración.
La metamorfosis de fin de semana: de vía expressa a plaza pública
La transformación del Minhocão en espacio de ocio no fue planeada; fue una conquista popular. El proceso comenzó en 1976 con el cierre nocturno para disminuir el ruido que atormentaba a los residentes. El hito decisivo, sin embargo, ocurrió en 1989, cuando la entonces alcaldesa Luiza Erundina determinó el cierre del elevado los domingos y festivos, considerado el “embrión” del parque.
Desde entonces, los horarios de ocio se han ampliado progresivamente, respondiendo a la presión pública y al cambio de mentalidad sobre el uso del espacio urbano. Hoy, cerrado para coches por la noche y durante los fines de semana completos, el asfalto es tomado por carreras, bicicletas, picnics y paseos. El portal São Paulo Secreto captura este cambio de percepción, notando cómo la estructura, a pesar de ser controvertida, “ganó el corazón de los paulistanos” como un área de convivencia esencial. La apropiación fue tan fuerte que forzó a la política pública a adaptarse, culminando en la creación oficial del “Parque Municipal do Minhocão” por ley en 2018.
El impacto en la salud y la ressignificación cultural

La importancia del parque va más allá del ocio. Un estudio citado por el Jornal da USP, conducido por la Escuela de Educación Física y Deporte de la universidad, trajo una perspectiva basada en evidencias: el cierre del elevado estimula la práctica de actividad física entre los residentes de la región. En un área densa y carente de parques tradicionales, el Minhocão ofrece un beneficio concreto y medible para la salud pública local.
Paralelamente, el Minhocão se ha convertido en una vibrante plataforma cultural. Las “empenas cegas” (paredes laterales de los edificios) se transformaron en una monumental galería de arte urbano al aire libre, con murales de artistas de renombre como Kobra. La ressignificación más poderosa ocurrió en 2016, cuando su nombre oficial cambió de Elevado Costa e Silva (el dictador) a Elevado Presidente João Goulart (el presidente depuesto por el golpe), transformando un símbolo del autoritarismo en un hito de la lucha por la democracia.
La encrucijada del futuro: parque permanente, demolición o híbrido?
El Plan Director Estratégico de 2014 determinó la eventual desactivación del Minhocão para vehículos, pero el destino final de la estructura aún divide profundamente a la ciudad. La propuesta más popular es la transformación en un parque lineal permanente, inspirada en proyectos internacionales exitosos como el High Line en Nueva York. Los defensores ven la oportunidad de crear un espacio icónico que atienda a la crítica carencia de áreas verdes en la región central.
Los críticos, sin embargo, ven problemas serios en esta solución. El Estado da Arte destaca los argumentos contrarios, señalando que la comparación con el High Line es superficial. La principal crítica es que un parque en la cima no resuelve el problema crónico del “baixio” (el área degradada al nivel de la calle) y puede, de hecho, agravar la gentrificación, aumentando los costos y expulsando a los residentes de bajos ingresos que viven en los alrededores.
La segunda opción es la demolición completa, vista como la única forma de “curar la cicatriz urbana”. Esta solución, sin embargo, enfrenta inmensos obstáculos: el costo financiero es prohibitivo y la logística de desmontaje es una pesadilla. Una tercera vía es mantener el status quo híbrido, un compromiso funcional que, por otro lado, perpetúa los impactos negativos de contaminación y ruido para los vecinos.
Reconciliando la serpiente de concreto
El Minhocão es la materialización de un proyecto urbanístico fallido que, contra todas las expectativas, fue reesignificado por la población y transformado en un espacio público exitoso. Es, simultáneamente, una cicatriz del autoritarismo y un símbolo de la apropiación popular. El futuro de la estructura, sea el que sea, necesita reconciliar esta compleja identidad dual.
La decisión sobre el Minhocão afecta directamente la vida de miles de personas, equilibrando ocio, movilidad y el derecho a la vivienda. Y tú, ¿qué piensas sobre este dilema? ¿Estás a favor de la transformación en parque permanente, de la demolición total o de la mantenimiento del modelo híbrido? Deja tu opinión en los comentarios, queremos saber la visión de quienes viven y conocen la ciudad.


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