Cada vez más ciudades brasileñas prohíben la creación de gallinas y cerdos en áreas urbanas, alegando riesgos sanitarios y de salud pública.
Durante décadas, era común ver gallinas picoteando en los patios, cerdos criándose en los fondos de las casas e incluso pequeñas huertas coexistiendo con los animales domésticos en las zonas urbanas. Esta tradición, heredada de las comunidades rurales y profundamente enraizada en la cultura brasileña, está desapareciendo. Cada vez más municipios aprueban leyes que prohíben o restringen la cría de animales de producción dentro del perímetro urbano, justificando las medidas por razones sanitarias, ambientales y de bienestar colectivo.
El cambio, aunque poco discutido, afecta a miles de familias que mantenían pequeñas crías como complemento alimentario o fuente de ingreso informal. En ciudades de mediano y gran porte, el movimiento de retirada de esos animales de los patios es creciente y abre un debate sobre los límites entre tradición cultural y salud pública.
Las ciudades endurecen las reglas y amplían las prohibiciones de cría para la creación de gallinas y cerdos
La legislación sobre el tema varía según el municipio, pero sigue un patrón similar: la cría de gallinas, cerdos, cabras, conejos y otros animales de mediano porte está permitida solo en áreas rurales o de expansión agrícola, estando prohibida en zonas residenciales urbanas.
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En São Paulo, el Código Sanitario Municipal (Ley nº 13.725/2004) prohíbe la cría de cerdos, caprinos y aves en áreas densamente pobladas, clasificando la práctica como riesgo para la salud colectiva. Lo mismo ocurre en Belo Horizonte, donde el Código de Posturas (Ley nº 8.616/2003) determina que “no está permitida la cría de animales de producción en zona urbana sin autorización expresa de los órganos de salud y medio ambiente”.
En Río de Janeiro, la Ley Complementaria nº 111/2011 también veta la cría de animales de gran porte dentro de la malla urbana, con el argumento de evitar la proliferación de moscas, roedores y olores fuertes. Municipios más pequeños, como Campina Grande (PB), Cascavel (PR) y Anápolis (GO), adoptaron reglas similares.
Estas prohibiciones están respaldadas por normas federales de vigilancia sanitaria, como la Resolución nº 329/2019 de la Anvisa, que determina que las actividades de cría animal deben respetar distanciamientos mínimos de residencias y locales de preparación de alimentos.
Por qué la cría de animales en área urbana es considerada un riesgo sanitario
Según la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), la presencia de animales de cría en áreas urbanas puede favorecer la diseminación de enfermedades zoonóticas, como salmonelosis, leptospirosis y gripe aviar. La falta de estructura adecuada para manejo de desechos y la proximidad con residencias aumentan el riesgo de contaminación y proliferación de plagas.
Además, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAPA) destaca que el manejo irregular de aves y cerdos en perímetros urbanos dificulta la aplicación de medidas de bioseguridad y control de epidemias, como las campañas contra la influenza aviar y la peste porcina clásica.
“Cuando los animales son criados fuera de zonas rurales, no hay control sanitario efectivo, lo que compromete tanto la salud pública como la seguridad alimentaria”, explica el veterinario Eduardo Vasconcellos, de la Universidad Federal de Viçosa (UFV). “Por más que parezca inofensivo tener algunas gallinas en el patio, el riesgo microbiológico es real.”
Tradición en conflicto con la urbanización
A pesar de las justificativas técnicas, la prohibición genera resistencia, especialmente entre familias que mantienen tradiciones heredadas del campo. Para muchos brasileños, criar gallinas o cerdos representa autonomía alimentaria y relación cultural con la tierra.
“Mis padres criaban cerdos y gallinas aquí hace 40 años. Ahora dicen que está prohibido porque se convirtió en área urbana. Pero es nuestra casa, nuestro terreno”, lamenta Antônio Ferreira, residente de la periferia de Piracicaba (SP). Casos como el suyo se repiten en varias regiones metropolitanas, donde el avance urbano ha engullido antiguas áreas rurales.
El antropólogo Carlos Perondi, de la Universidad Federal del Paraná, explica que la rápida urbanización y la fragmentación de las ciudades han cambiado la forma en que la sociedad percibe la vida doméstica:
“La presencia de animales de cría en el ambiente urbano es vista hoy como señal de desorden. El problema es que el discurso sanitario ha sustituido completamente el valor cultural e histórico de estas prácticas.”
Agricultura y ganadería urbana: entre el incentivo y la restricción
Curiosamente, el país también vive un movimiento opuesto: el incentivo a la agricultura urbana, aprobado por ley federal en 2024. La Ley nº 14.901, sancionada por el gobierno federal, reconoce oficialmente la agricultura y ganadería urbana y periurbana como actividades legales y de interés social.
La medida permite el uso de terrenos públicos o privados para cultivo y producción de alimentos, siempre que se respeten las normas sanitarias y ambientales. Sin embargo, la propia ley define que el manejo de animales de producción solo puede ocurrir en áreas reglamentadas, bajo autorización del municipio —es decir, las crías domésticas siguen prohibidas en buena parte de las ciudades.
Según el texto de la ley, el objetivo es “garantizar seguridad alimentaria sin comprometer la salud pública y el ordenamiento urbano”.
El futuro de las crías domésticas
Algunos especialistas defienden una regulación más equilibrada, con criterios técnicos y zonificación específica para pequeños criadores. Modelos híbridos, como huertas comunitarias con cría limitada de aves, ya existen en ciudades como Curitiba y Recife, con el seguimiento de la vigilancia sanitaria.
Pero, por ahora, el escenario es de endurecimiento. Las municipalidades amplían la fiscalización y aplican multas que pueden superar R$ 5 mil para quienes mantienen crías sin autorización.
Lo que antes era un símbolo de autonomía y sustento está siendo gradualmente sustituido por políticas de urbanización y salud colectiva. Y, en las ciudades brasileñas, el ruido de las gallinas al amanecer se está convirtiendo en un recuerdo distante, una memoria del tiempo en que el patio aún formaba parte de la vida rural.


Eu tenho mas cuido sempre limpo lavo as vasilhas onde as minhas ficam é limpinho mas se tiver q me desfazer delas não tem outra saída até porque 5 mil em multa é muito caro.
Deveriam proibir criação de cão e gatos esses sim trazem doenças e além de incomodar vizinhos, e os que passeiam com seus cães, fazendo de banheiros as frentes das casas, de outras pessoas.
Sei que haverá uma grande negativação.,
Não vi nada sobre cães e gatos e outros pets?
Será que são autoimunes?
Não são uma questão também de saúde pública?
PS. Antes que afirmem que eles são vacinados e tem cuidados veterinários, os citados na reportagem também podem e devem ser vacinados e terem acompanhamento veterinário.