Con US$ 4 mil millones y 30 km de extensión, Arabia Saudita erige puente que unirá África y Asia por primera vez en la historia moderna
Un puente monumental a punto de cruzar el Mar Rojo promete conectar físicamente África con Asia por primera vez en la historia moderna. Más que una hazaña de ingeniería, el proyecto —oficialmente denominado Puente Rey Salman bin Abdulaziz, pero conocido popularmente como “Puente de Moisés”— es parte de una estrategia geopolítica ambiciosa que involucra movilidad, turismo, religión, innovación urbana y, sobre todo, el futuro de Arabia Saudita.
Un proyecto millonario para conectar civilizaciones
Confirmado por autoridades de Egipto y Arabia Saudita en el primer semestre de 2025, el proyecto cruzará el Estrecho de Tirán, un punto estratégico del Mar Rojo. Con financiación total de la monarquía saudita, el costo estimado de la obra es de US$ 4 mil millones. La estructura tendrá entre 14 y 32 kilómetros, dependiendo del trazado final aprobado por los organismos ambientales y diplomáticos de los dos países.
El puente partirá de Sharm el-Sheikh, en Egipto, y desembocará en el sector occidental de Neom, la megaciudad futurista saudita que se está erigiendo en el noroeste del país. Se trata de una región altamente sensible: el estrecho ya fue escenario de tensiones entre Egipto e Israel y hoy forma parte de un acuerdo de desmilitarización mediado por las Naciones Unidas.
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En junio de 2025, el ministro egipcio de Transportes, Kamel al-Wazir, anunció al canal Al Arabiya que los estudios técnicos y logísticos están finalizados: “La ruta ha sido diseñada, los impactos ambientales evaluados y la financiación asegurada. Estamos listos para iniciar la construcción tan pronto como los gobiernos den luz verde”.
Según él, la obra tiene carácter estratégico: “Transformará el turismo, facilitará las peregrinaciones y ampliará el comercio bilateral entre los continentes”.

El puente hacia la ciudad del futuro: Neom como destino
La principal beneficiaria de esta nueva ruta será Neom, una ciudad completamente planificada con base en energía renovable, inteligencia artificial y urbanismo radical. Dentro de Neom está The Line, un proyecto lineal de 170 kilómetros de extensión que prescindirá de coches y carreteras, promoviendo transporte subterráneo y cero emisiones de carbono.
Con previsión de inauguración parcial en 2030, Neom depende de una infraestructura de acceso eficiente para alcanzar sus metas económicas. Hoy, la única forma de llegar a la región saliendo de África es a través de transbordadores lentos, operados por Arab Bridge Maritime Co.. El puente permitirá el cruce directo de vehículos y, en el futuro, podría incluso albergar vías ferroviarias, aunque esta decisión aún está en análisis.
El consejero de planificación urbana del proyecto saudita, Fahd Al-Harbi, declaró al periódico The National: “Este no es solo un proyecto de movilidad. Es un puente entre civilizaciones. Estamos reactivando un eje histórico, conectando a Egipto con la península arábiga, ahora con tecnología del siglo XXI”.

Simbolismo religioso, desafíos diplomáticos y preocupaciones ambientales
El nombre informal “Puente de Moisés” no es casual. La región por la que pasará la estructura corresponde al área mencionada en la tradición bíblica como el lugar donde Moisés abrió el mar para guiar a su pueblo hacia la libertad. Esta asociación ha sido utilizada por las autoridades sauditas para promover el proyecto, vinculándolo a la idea de renacimiento, travesía y conexión espiritual.
A pesar del entusiasmo, la obra aún enfrenta obstáculos delicados. Desde el punto de vista ambiental, el Estrecho de Tirán alberga una de las áreas más sensibles del ecosistema del Mar Rojo, con arrecifes de coral protegidos por convenciones internacionales. La construcción, por lo tanto, requerirá métodos de ingeniería de bajo impacto y supervisión continua.
Ya en el campo diplomático, el puente debe respetar los Acordos de Camp David, que garantizan libertad de navegación en el estrecho para Israel e imponen limitaciones militares a las islas de Tirán y Sanafir, que serán contorneadas por la estructura. Fuentes vinculadas al gobierno israelí, según informes del Haaretz y Jerusalem Post, indican que el país no se opone al proyecto, pero exige garantías formales de que el flujo marítimo no será restringido.
Cuestionado sobre este punto, el embajador saudita en las Naciones Unidas, Abdallah Al-Mouallimi, afirmó: “Estamos totalmente comprometidos con el respeto a las leyes internacionales y acuerdos regionales. Este puente será un símbolo de estabilidad, no de tensión”.

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