Médico gaúcho concilia carrera internacional en cirugía plástica con pasión por coches clásicos, reuniendo modelos raros en un garaje exclusivo en Brasil
La rutina de Eduardo Pellini va mucho más allá del consultorio. Reconocido como cirujano plástico en Porto Alegre (RS), también encontró en los supercoches clásicos una forma de reconocimiento. Así como los pacientes confían en su trabajo estético, los coleccionistas respetan su colección de rarezas.
El médico amplió su carrera hasta Italia, donde atiende regularmente después de validar su diploma en la Comunidad Europea.
Con esto, conquistó una clientela internacional y, al mismo tiempo, fortaleció los lazos con el universo automotriz del país.
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Un inicio inesperado
La colección surgió casi por accidente. En 1999, incentivado por su padre, apasionado por el Ford Galaxie Landau, Pellini compró un ejemplar del sedán.
El vehículo valorizó tanto que acabó siendo vendido, pero el arrepentimiento llegó rápido. Para compensar, comenzó a adquirir otros modelos, dando inicio a una jornada que solo crecería.
Aunque el Landau tenía peso afectivo, el cirujano terminó encantándose por coches aún más raros y deseados.
La lista de adquisiciones creció con muscle cars icónicos, y cada nuevo ejemplar reforzó la imagen de coleccionista respetado.

Clásicos que brillan
La predilección por coches potentes de los años 1970 aparece en modelos como dos Dodge Challenger, incluyendo el legendario R/T 426, y un Plymouth Barracuda.
El acervo también guarda un Chevrolet Corvette C1 de 1961 y un Buick Riviera 1969.
El Mustang Boss 302 es otro destaque. Pellini mantiene la versión original de 1969 y también la edición de 2012, creada justamente para homenajear al clásico.
Además de ellos, hay espacio para un Cadillac Alanté 1992, un BMW Serie 8 E31 y hasta una Kombi “Corujinha”, símbolo de otra época.
Y claro, Ferraris no podrían faltar. En su garaje reposan una Testarossa, una 348 y una 456 GT, ampliando aún más el aura de la colección.
De Italia a Brasil
Los viajes frecuentes a Italia también abrieron puertas para la pasión automotriz. Pellini suele buscar anuncios y clasificados europeos en busca de modelos raros.
Este intercambio reforzó la conexión con el país, al mismo tiempo que ayudó a traer nuevas reliquias a Brasil.
Fue de esta forma que la colección se multiplicó a tal punto de ocupar cada espacio libre. Los coches comenzaron a compartir plazas en casa, en la clínica y en otros inmuebles. El improviso, sin embargo, no duró para siempre.
Nace la Pellini Garage
Para resolver el dilema, Pellini construyó un garaje exclusivo. Llamada Pellini Garage, se convirtió no solo en depósito, sino también en punto de encuentro.
Amigos y entusiastas visitan el espacio para admirar vehículos que hoy funcionan como verdaderas obras de arte sobre ruedas.
El lugar reúne mucho más que automóviles. El médico instaló un bar, simuladores de carrera y hasta piezas históricas, como el volante de una McLaren guiada por Ayrton Senna.
En junio, la Pellini Garage recibió su primer encuentro oficial. El éxito fue inmediato y reforzó la idea de que el acervo se convirtió en una atracción por sí solo.
Pellini ya dejó claro: no pretende parar. “Que vengan los próximos”, dijo con entusiasmo.

Entre dos pasiones
La cirugía plástica y los coches clásicos parecen universos distantes, pero para Eduardo Pellini caminan lado a lado.
Porque, en el consultorio, transforma la autoestima de los pacientes. Y, en el garaje, transforma motores en símbolos de estatus, historia y emoción.
De esta unión nació una trayectoria que lo coloca entre bisturíes y coleccionables, siempre en busca de la perfección.
Con información de UOL.

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