Proyecto Cactus Dome enterró 73 mil m³ de residuos radiactivos en las Islas Marshall; el concreto se agrieta, el mar avanza y el riesgo ambiental preocupa a los científicos.
Entre finales de la década de 1940 y los años 1950, las Islas Marshall se convirtieron en uno de los principales campos de pruebas nucleares de los Estados Unidos. En el contexto de la Guerra Fría, el archipiélago fue elegido por su ubicación remota en el Pacífico y por el control político ejercido por Washington sobre el territorio tras la Segunda Guerra Mundial. Entre 1946 y 1958, los EE. UU. realizaron 67 pruebas nucleares en la región, muchas de ellas con potencia equivalente a cientos de bombas de Hiroshima. El resultado fue un volumen gigantesco de suelo, estructuras, equipos y escombros contaminados por material radiactivo.
Fue en este contexto que nació el Cactus Dome, también conocido como Runit Dome. Construido entre 1977 y 1980, el proyecto tenía un objetivo claro: aislar los residuos radiactivos generados por las pruebas nucleares realizadas principalmente en los atolones de Enewetak y Bikini. En lugar de remover el material contaminado al territorio continental, los EE. UU. optaron por enterrarlo localmente, sellándolo bajo una cúpula de concreto.
Lo que existe dentro del Cactus Dome: números que impresionan
El Cactus Dome alberga aproximadamente 73 mil metros cúbicos de residuos químicos y radiactivos, según datos del Departamento de Energía de los Estados Unidos (DOE).
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Este volumen incluye suelo contaminado con plutonio, cesio-137, estroncio-90, fragmentos de concreto, metales y restos estructurales provenientes de las áreas afectadas por las explosiones nucleares.
La cúpula tiene un diámetro de aproximadamente 115 metros y cubre un cráter dejado por una prueba nuclear realizada en 1958.
El concreto fue colocado directamente sobre el material contaminado, sin revestimiento impermeable en la base. Es decir, el domo no fue diseñado como un sistema herméticamente sellado, sino como una solución de contención considerada suficiente para la época.
Agrietamientos, infiltración y avance del nivel del mar
Décadas después, lo que se veía como una solución definitiva comenzó a ser considerado como un riesgo ambiental creciente. Estudios realizados por investigadores de la Universidad de Columbia y análisis técnicos del propio DOE indican que el concreto del Cactus Dome presenta agrietamientos visibles, signos de desgaste estructural e infiltración de agua de mar.
El problema se agrava por el aumento del nivel del océano Pacífico, uno de los más acelerados del planeta debido al cambio climático.
Las Islas Marshall están entre los territorios más vulnerables a la elevación del mar, con áreas que apenas superan los dos metros de altitud. En períodos de marea alta y tormentas, el agua ya alcanza la base de la estructura, aumentando el riesgo de corrosión interna y transporte de partículas radiactivas al medio marino.
Por qué el riesgo no es solo local
Aunque los niveles de radiación medidos fuera del domo son, en general, considerados bajos a corto plazo, los científicos advierten que el problema no es inmediato, sino cumulativo y a largo plazo.
El material radiactivo almacenado allí tiene una vida media que varía de décadas a miles de años. El plutonio, por ejemplo, puede permanecer peligroso por más de 24 mil años.
Si la estructura sufre fallas más severas, las partículas contaminadas pueden dispersarse en el océano, afectando ecosistemas marinos, cadenas alimentarias y poblaciones humanas que dependen de la pesca para subsistencia. El Pacífico no reconoce fronteras nacionales, lo que convierte al Cactus Dome en un problema ambiental internacional.
La posición oficial de los Estados Unidos y las críticas
El gobierno de EE. UU., a través del DOE, reconoce la existencia del domo y monitorea su condición estructural, pero afirma que, hasta el momento, no hay evidencia de filtración significativa que represente un riesgo inmediato para la salud humana.
Aun así, documentos oficiales admiten que el Cactus Dome no fue diseñado para durar indefinidamente y que no hay un plan claro a largo plazo para su reemplazo o refuerzo estructural.
Los críticos señalan que la elección de enterrar residuos radiactivos en un territorio insular vulnerable fue una decisión política, no técnica.
Para la población local de las Islas Marshall, el domo simboliza un legado impuesto sin consentimiento, cuyas consecuencias ambientales y sociales recaen sobre comunidades que poco se beneficiaron del programa nuclear estadounidense.
Impacto humano e histórico en las Islas Marshall
Además del riesgo ambiental, el Cactus Dome carga un peso histórico profundo. Comunidades enteras fueron desplazadas durante las pruebas nucleares, y muchos habitantes sufrieron enfermedades asociadas a la radiación a lo largo de las décadas siguientes. A día de hoy, áreas de los atolones de Bikini y Enewetak permanecen inhabitables o con uso restringido.
El domo, visible en imágenes satelitales, se ha convertido en un símbolo del costo oculto de la carrera armamentista nuclear. No se trata solo de concreto agrietándose, sino de un legado ambiental que atraviesa generaciones.
Un problema del pasado que presiona el futuro
El avance del mar, la degradación del concreto y la larga vida útil de los residuos radiactivos ponen al Cactus Dome en el centro de un dilema global: ¿cómo lidiar con la basura nuclear producida en el siglo XX en un planeta que está cambiando rápidamente? Los científicos advierten que ignorar el problema no lo elimina — solo traslada el riesgo al futuro.
El proyecto Cactus Dome fue concebido como una solución definitiva. Hoy, expone una verdad incómoda: los residuos nucleares no desaparecen con el tiempo político. Permanecen, presionando estructuras, ecosistemas y decisiones que aún tendrán que tomarse.
Y usted, lector: ¿el mundo está preparado para enfrentar los pasivos nucleares del siglo pasado o está solo trasladando este problema a las próximas generaciones?




El número de 73m3 está mal, eso por ejemplo entra en un espacio de 5×5 metros con una altura de 3metros.
Que lo mudan a los jardines de la casa blanca o acaso ya es la casa dorada del rey naranja.
Es imposible de arreglar ahora el problema. Igual a ninguno de los gobiernos poderosos les interesa. Ya saben que todos prueban bombas nucleares en el mar y en las islas del pacifico sobre todo y les da lo mismo si hay o no radiactividad en la zona después. Es igual para ellos porque si muere gente es considerada de tercera clase. Lo que para ellos sería gente descartable. No tienen conciencia humana mucho menos ambiental.