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Nueva tecnología financiada por la NASA crea chips capaces de operar a −180 °C y soportar radiación 50 veces letal para humanos, un avance que podría permitir a robots perforar el hielo de la luna Europa, de Júpiter, y explorar océanos alienígenas en busca de vida.

Publicado el 13/03/2026 a las 15:32
Nasa desenvolve chip resistente à radiação para explorar Europa e investigar oceano alienígena escondido sob o gelo de Júpiter. imagem: IA
Nasa desenvolve chip resistente à radiação para explorar Europa e investigar oceano alienígena escondido sob o gelo de Júpiter. imagem: IA
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Nueva tecnología financiada por la Nasa crea chips hechos de silicio y germanio capaces de operar a −180 °C y soportar radiación hasta 50 veces letal para humanos. El avance puede permitir que robots perforen el hielo de Europa, luna de Júpiter, y exploren océanos alienígenas potencialmente habitables.

Imagina enviar un robot a sumergirse en un océano escondido bajo kilómetros de hielo en una luna distante. Fue exactamente este tipo de desafío el que llevó a investigadores financiados por la Nasa a desarrollar una nueva generación de chips capaces de operar en entornos extremos del espacio.

La tecnología anunciada por la Nasa el pasado lunes (10) representa un avance importante porque resuelve uno de los mayores obstáculos de la exploración espacial: la supervivencia de equipos electrónicos en condiciones extremas. En lugares como Europa, luna de Júpiter, las temperaturas pueden caer a cerca de −180 °C mientras que la radiación alcanza niveles capaces de destruir rápidamente circuitos convencionales.

Los llamados mundos oceánicos que intrigan a científicos

De acuerdo con el portal del G1, entre los destinos más prometedores en la búsqueda de vida fuera de la Tierra están los llamados mundos oceánicos. Europa y Ganimedes, lunas de Júpiter, además de Encélado y Titán, que orbitan Saturno, esconden vastos océanos de agua líquida bajo gruesas cortezas de hielo.

Estos entornos despiertan interés científico porque pueden tener condiciones similares a las de los océanos primitivos de la Tierra, donde la vida surgió hace miles de millones de años. Si procesos químicos similares ocurren en estas aguas profundas, estos lugares podrían albergar formas de vida microscópicas o ecosistemas aún desconocidos.

El problema es que explorar estos lugares es extremadamente difícil. En Europa, por ejemplo, la combinación de radiación intensa y frío extremo destruye rápidamente los electrónicos tradicionales, convirtiendo a las misiones de exploración directa en un enorme desafío tecnológico.

Por qué el frío y la radiación siempre han sido un obstáculo

Durante décadas, misiones espaciales han resuelto este problema de una manera relativamente simple: proteger los circuitos en compartimentos calefaccionados. Estas estructuras mantienen la electrónica a temperaturas seguras y ayudan a bloquear parte de la radiación.

No obstante, esta estrategia tiene limitaciones importantes. Estas cajas de protección aumentan el peso de las sondas y consumen energía para mantener los sistemas calefaccionados, lo que complica misiones destinadas a entornos muy distantes.

Cuando el destino está a miles de millones de kilómetros de la Tierra, cada kilogramo adicional significa más combustible, más costo y mayor complejidad de ingeniería. En un escenario como Europa, donde los robots necesitarían perforar hielo grueso antes de llegar al océano subterráneo, la eficiencia y el peso se convierten en factores críticos.

La nueva tecnología de chips financiada por la Nasa

La solución desarrollada por científicos financiados por la Nasa utiliza una aleación semiconductor compuesta de silicio y germanio. Este material posee una característica inusual: cuanto más frío es el ambiente, mejor se mueven los electrones dentro del circuito.

En temperaturas extremadamente bajas, hay menos interferencia en el flujo electrónico dentro del material. Esto significa que los circuitos pueden funcionar de forma más rápida y estable precisamente en las condiciones que normalmente destruirían equipos electrónicos comunes.

Además, la estructura de estos chips también es menos vulnerable a la intensa radiación presente en regiones cercanas a Júpiter. Esto permite que los componentes funcionen sin la necesidad de pesadas capas de protección.

El resultado es un dispositivo electrónico que no solo sobrevive al ambiente hostil, sino que se beneficia de él para operar con mayor eficiencia.

Comunicación en entornos extremos

Uno de los hitos del proyecto fue demostrar que un sistema completo de comunicación por radio puede operar plenamente en estas condiciones extremas.

Según la Nasa, las pruebas mostraron que un transmisor diminuto, más pequeño que una uña, pudo enviar señales mientras operaba a −180 °C bajo intensa radiación.

Este tipo de tecnología es esencial para misiones futuras. Sensores ubicados en un océano alienígena podrían transmitir datos a un módulo de aterrizaje en la superficie, que a su vez enviaría información a un satélite en órbita o directamente a la Tierra.

Otra aplicación estudiada involucra a los llamados criorrobots, máquinas diseñadas para perforar capas gruesas de hielo. Estos robots podrían atravesar decenas de kilómetros de hielo en Europa hasta alcanzar el océano subterráneo.

Aplicaciones también para la Luna y Marte

Aunque el enfoque inicial está en mundos oceánicos distantes, la tecnología también puede ser útil más cerca de la Tierra. Existen entornos extremadamente fríos en cráteres lunares que nunca reciben luz solar directa, donde las temperaturas pueden alcanzar cerca de −200 °C.

Estas regiones son consideradas estratégicas porque pueden contener depósitos de hielo de agua. Este recurso sería fundamental para futuras bases humanas, ya que podría usarse para producir agua potable, oxígeno y combustible.

Con chips capaces de operar directamente a estas temperaturas, rovers y sensores podrían explorar estas áreas sin necesidad de sistemas de calefacción, ahorrando energía y reduciendo el peso de las misiones.

Próximos pasos de la tecnología

Hasta ahora, los componentes han sido probados en laboratorio en condiciones que simulan el ambiente de Europa con gran precisión. Estos experimentos permitieron validar el funcionamiento de los circuitos bajo frío extremo y radiación intensa.

El próximo paso será transformar esta tecnología en productos que puedan ser fabricados a escala por empresas de electrónica espacial. Esto permitirá que futuras misiones incorporen estos chips en sondas, robots e instrumentos científicos.

Mientras tanto, otra misión ya está en camino a Júpiter. La sonda Europa Clipper, lanzada en 2024, deberá llegar al sistema joviano en 2030 para estudiar la luna Europa y evaluar si su océano subterráneo puede sostener vida.

Una nueva etapa en la búsqueda de vida fuera de la Tierra

Si los planes se concretan, la tecnología financiada por la Nasa puede allanar el camino para una de las misiones científicas más ambiciosas de la historia: aterrizar en Europa, perforar su hielo y explorar directamente el océano escondido debajo de la superficie.

Si los robots logran operar en esas condiciones y transmitir datos de regreso a la Tierra, los científicos finalmente podrán investigar entornos que han permanecido inaccesibles durante miles de millones de años.

¿Y tú, qué opinas de esta nueva tecnología de la Nasa capaz de sobrevivir al frío extremo del espacio y quizás explorar océanos alienígenas?

¿Crees que la humanidad puede realmente encontrar vida fuera de la Tierra en las próximas décadas? Comparte tu opinión en los comentarios.

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Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

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