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Ave Símbolo De Nueva Zelanda Colapsa Tras Invasión De Predadores, Pierde Más Del 90% De La Población En Un Siglo, Moviliza Ciencia Extrema Con Perros Entrenados, Desafía Límites De La Conservación Moderna Y Expone Carrera Contra La Extinción Del Kiwi

Escrito por Felipe Alves da Silva
Publicado el 23/01/2026 a las 13:11
Cão de conservação localizando quiuí em floresta da Nova Zelândia
Cão de conservação treinado localiza quiuí ameaçado em floresta da Nova Zelândia
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País Que Evolucionó Sin Predadores Terrestres Usa Tecnología Biológica, Datos Científicos Y Programas Inéditos Para Impedir La Extinción Del Quiuí, Ave Sagrada Para Los Maoríes, Mientras Declara Guerra A Ratas, Arminios, Possums Y Gatos Salvajes Hasta 2050

Durante millones de años, Nueva Zelanda permaneció casi completamente aislada del resto del planeta. Ese aislamiento moldeó uno de los ecosistemas más singulares de la Tierra. Se estima que alrededor de 80% de las especies de plantas y animales del país son endémicas, es decir, no existen en ningún otro lugar del mundo. En este escenario, grandes predadores terrestres simplemente no evolucionaron. No había tigres, lobos, zorros o felinos salvajes. Como consecuencia directa, las aves pasaron a ocupar el centro del ecosistema, muchas de ellas sin desarrollar ningún instinto de huida.

Es en este contexto que surge el quiuí, el ave más emblemática de Nueva Zelanda. Incapaz de volar, de movimientos lentos, hábitos nocturnos y reproducción extremadamente vulnerable, el quiuí evolucionó en un mundo donde huir nunca fue necesario. Sin embargo, cuando el entorno cambió abruptamente con la llegada de los humanos y de los mamíferos invasores, esa misma adaptación se convirtió en su mayor debilidad.

La información fue divulgada por informes oficiales del Department of Conservation (DOC), además de estudios científicos y programas públicos de conservación ambiental desarrollados por el gobierno de Nueva Zelanda a lo largo de las últimas décadas.

La Biología Del Quiuí Explica Por Qué La Especie Entró En Colapso Tan Rápidamente

El quiuí existe en Nueva Zelanda desde hace millones de años. No vuela, se desplaza lentamente, hace nidos directamente en el suelo y pone solo un huevo a la vez, extremadamente grande, que puede representar hasta el 25% del peso corporal del ave. Su expectativa de vida varía entre 25 y 30 años, y los polluelos nacen totalmente cubiertos de plumas, abandonando el nido alrededor de cinco días después del nacimiento, sin recibir alimentación de los padres.

A pesar de esto, los quiuís crecen lentamente. Llevan entre tres y cinco años para alcanzar la madurez sexual y no poseen instinto natural de miedo a los depredadores. Desde el punto de vista evolutivo, pertenecen al grupo de aves no voladoras, siendo parientes lejanos del emu, del cassowary y del moa, este último ya extinto. Actualmente, existen cinco especies de quiuí, todas viviendo exclusivamente en estado salvaje en Nueva Zelanda. Esto significa que, si el quiuí desaparece del país, desaparece del planeta Tierra.

Para el pueblo maorí, el quiuí es un taonga, un tesoro sagrado con profundo valor cultural, espiritual e histórico. Sus plumas eran tradicionalmente usadas en la confección del korowai, un manto reservado a los jefes tribales. Hoy, más de 90 grupos comunitarios y tribus indígenas actúan directamente en la protección de la especie, preservando alrededor de 230 mil hectáreas de áreas forestales. En 2024, Nueva Zelanda inauguró inclusive el primer hospital dedicado exclusivamente al tratamiento de quiuís, ubicado en Kerikeri, región que alberga alrededor de 10 mil quiuís marrones.

Predadores Introducidos Crearon Un Efecto Cascada Que Llevó A La Extinción De Más De 90% De La Población

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Todo comenzó en el siglo XVII, con la llegada de los europeos. Junto con los seres humanos, fueron introducidos en el archipiélago gatos, perros, ratas, arminios, possums y otros mamíferos, inexistentes en ese ecosistema hasta entonces. Para una fauna que había evolucionado durante decenas de millones de años sin predadores terrestres, el impacto fue devastador.

Estimaciones históricas indican que millones de quiuís vivían dispersos por Nueva Zelanda. En 1998, ese número ya había caído a menos de 100 mil individuos. Solo diez años después, en 2008, la población se desplomó a alrededor de 70 mil quiuís. En poco más de un siglo, más del 90% de la población total desapareció.

Los datos explican esta caída vertiginosa. El quiuí no vuela, no corre con agilidad y no posee estructura corporal para soportar impactos. Una sola mordida de perro puede causar fracturas fatales o hemorragias internas, llevando al animal a la muerte en pocos minutos. Para los polluelos, la amenaza es aún mayor. Alrededor del 70% de los quiuís jóvenes mueren como consecuencia directa de ataques de arminios y gatos salvajes, siendo los arminios responsables de la mayor parte de las muertes.

Las ratas, por su parte, rara vez matan a quiuís adultos, pero ejercen un papel sistémico en el colapso poblacional. Compiten por alimento, debilitan a los polluelos y, sobre todo, sirven como principal fuente de alimento de los arminios. Cuando la población de ratas crece, la de arminios crece junto a ella, intensificando la depredación. Este fenómeno es conocido como efecto cascada ecológico.

Los números reproductivos refuerzan la gravedad del escenario. Alrededor de 50% de los huevos de quiuí no llegan a eclosionar. Entre los polluelos que nacen, 90% mueren en los primeros seis meses de vida. Solo 10% sobreviven más allá de este período, y 5% o menos llegan a la edad adulta — una de las menores tasas de supervivencia jamás registradas entre aves.

Por Qué Nueva Zelanda Decidió Usar Perros Para Salvar Una Especie Que Ellos Mismos Amenazan

Ante este escenario crítico, Nueva Zelanda intentó cercas, trampas, venenos y áreas aisladas. Sin embargo, con bosques densos, relieve empinado y cientos de islas, el control total resultó inviable. Fue entonces cuando surgió una decisión considerada impensable: usar perros para salvar al quiuí.

La propuesta enfrentó fuerte rechazo popular. Al fin y al cabo, los perros eran vistos como una de las mayores amenazas para la especie. Un episodio ocurrido a finales de la década de 1980 marcó definitivamente la historia de la conservación en el país, cuando un solo perro fuera de control exterminó decenas de quiuís en pocas noches, prácticamente eliminando toda una población local.

Aun así, los científicos optaron por actuar basándose en datos. La pregunta central era simple: ¿por qué los humanos fallan al encontrar quiuís mientras que los perros no? La respuesta está en el olfato. Un perro posee entre 200 y 300 millones de receptores olfativos, mientras que los humanos tienen apenas 5 a 6 millones. El quiuí deja una firma química característica, perceptible incluso bajo capas de suelo y hojas.

Entre 1991 y 1994, el Department of Conservation (DOC) lanzó oficialmente dos programas: el quiuí, Aversion Training y el Conservation Dogs Program. El objetivo era extremo: preservar la capacidad de olfatear, pero eliminar completamente cualquier comportamiento de caza.

El proceso de selección es riguroso. La raza no es determinante, pero el temperamento es decisivo. Perros impulsivos, con fuerte instinto de persecución o dificultad para interrumpir acciones son descartados. Los aprobados presentan alta concentración, bajo nivel de impulsividad y control absoluto por comandos humanos. El entrenamiento sigue una secuencia rígida: detectar, detenerse y señalar, sin ningún contacto físico con el quiuí.

Operation Nest Egg Y Predator Free 2050: La Estrategia Que Cambió Las Estadísticas De La Extinción

Paralelamente, en 1994, el DOC lanzó la Operation Nest Egg, centrada en el período más vulnerable de la vida del quiuí: del huevo al polluelo. Con la ayuda de los perros de conservación, los nidos son localizados con precisión. Cuando el riesgo de depredación es elevado, los huevos son removidos selectivamente e incubados artificialmente.

Tras la eclosión, los polluelos son criados en áreas libres de depredadores durante 6 a 9 meses, hasta alcanzar aproximadamente 1 a 1,2 kg, peso suficiente para resistir a arminios y gatos. Los resultados son considerados históricos. Antes del programa, solo 5% de los quiuís llegaban a la edad adulta. Después, la tasa subió a 60 a 70% en áreas continentales protegidas y 80 a 90% en islas libres de depredadores.

Aun así, la población aún disminuye alrededor de 2% al año sin intervención continua. Por lo tanto, Nueva Zelanda anunció el ambicioso plan Predator Free 2050, con el objetivo de eliminar más de 30 millones de depredadores invasores, incluidos ratas, arminios y possums, hasta 2050. Se trata del primer país del mundo en declarar oficialmente esta meta.

La historia del quiuí muestra que la conservación ambiental no es simple ni lineal. Pero cada ave que sobrevive comprueba que ciencia, disciplina y responsabilidad pueden revertir tragedias ecológicas profundas.

Si la ciencia ya ha demostrado que es posible revertir el colapso de una especie al borde de la extinción, ¿hasta dónde crees que deberían llegar los países para salvar su fauna nativa antes de que sea demasiado tarde?

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Felipe Alves da Silva

Sou Felipe Alves, com experiência na produção de conteúdo sobre segurança nacional, geopolítica, tecnologia e temas estratégicos que impactam diretamente o cenário contemporâneo. Ao longo da minha trajetória, busco oferecer análises claras, confiáveis e atualizadas, voltadas a especialistas, entusiastas e profissionais da área de segurança e geopolítica. Meu compromisso é contribuir para uma compreensão acessível e qualificada dos desafios e transformações no campo estratégico global. Sugestões de pauta, dúvidas ou contato institucional: fa06279@gmail.com

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