La aprobación del nuevo derecho para personas mayores en la Cámara marca un avance significativo en la actualización del Estatuto de la Persona Mayor, reforzando garantías y ampliando la protección jurídica para quienes tienen 60 años o más en el país.
Creado para asegurar dignidad, inclusión y calidad de vida a las personas de 60 años o más, el Estatuto del Anciano es una de las leyes más importantes de la política de protección social brasileña.
Sancionado en 2003, el texto fue concebido para garantizar que el envejecimiento sea acompañado de ciudadanía plena, salud, respeto y oportunidades, colocando a Brasil entre los países con legislación más avanzada en el cuidado de la tercera edad.
Desde entonces, el Estatuto ha pasado por actualizaciones que reflejan las transformaciones sociales y económicas del país.
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Un hito de protección y ciudadanía
El Estatuto del Anciano, instituido por la Ley nº 10.741/2003, surgió con la misión de consolidar derechos antes dispersos en diferentes legislaciones.
El texto establece que es deber de la familia, de la comunidad, de la sociedad y del Poder Público asegurar al anciano, con absoluta prioridad, la efectivación de garantías fundamentales como el derecho a la vida, salud, alimentación, educación, cultura, deporte, ocio, trabajo, ciudadanía y convivencia familiar.
Entre los principios centrales, el Estatuto prevé la prioridad en la atención en servicios públicos y privados, el respeto a la autonomía y a la participación del anciano en la vida comunitaria y la obligación de combatir todas las formas de negligencia, discriminación, violencia y abandono.
La ley también garantiza el derecho a la salud, con acceso preferencial al Sistema Único de Salud (SUS), el derecho a la educación, con programas orientados a la alfabetización e inclusión digital, y el derecho al transporte gratuito en los sistemas públicos urbanos e interestatales.
Otro avance fue la creación de penalidades para crímenes cometidos contra personas mayores. El Estatuto tipifica como infracción penal conductas como abandono en hospitales o casas de salud, apropiación de bienes y rendimientos, o exposición a situaciones degradantes.
El rigor jurídico refuerza la idea de que envejecer no puede significar pérdida de derechos, sino, por el contrario, el refuerzo de los mismos.
Nuevo derecho fundamental de la persona anciana

La Comisión de Constitución y Justicia y de Ciudadanía (CCJ) de la Cámara de Diputados aprobó esta semana un proyecto que altera el Estatuto del Anciano para incluir el turismo entre los derechos fundamentales de las personas de 60 años o más.
La propuesta, que sigue para análisis en el Senado, también establece el deber del Poder Público de estimular el desarrollo del mercado turístico nacional orientado a este segmento.
La medida fue relatada por la diputada Fernanda Pessoa (Unión-CE), quien mantuvo la versión aprobada anteriormente por la antigua Comisión de Seguridad Social y Familia. El texto consolida el contenido del Proyecto de Ley 655/15, de autoría del diputado Luiz Nishimori (PSD-PR), y de su apensado, el PL 682/15.
La aprobación en la CCJ representa el último paso de la tramitación en la Cámara, quedando solo una eventual votación en Plenaria, si se solicita. De lo contrario, la propuesta seguirá directamente al Senado Federal.
Una nueva mirada sobre el envejecimiento activo
La inclusión del turismo como derecho fundamental refleja un cambio profundo en la forma en que Brasil ve el envejecimiento. Si antes la legislación se concentraba en garantizar protección y asistencia, hoy el enfoque se amplía para promover calidad de vida, convivencia y autonomía.
El turismo, en este sentido, deja de ser visto como un privilegio y pasa a ser reconocido como instrumento de inclusión social, de estímulo a la salud mental y física y de valorización de la cultura y de la memoria. Al viajar, el anciano ejercita su independencia, amplía vínculos sociales, conoce nuevas realidades y se mantiene activo — factores esenciales para el bienestar psicológico y emocional.
Según la propuesta, el Poder Público deberá adoptar políticas que faciliten el acceso de ancianos a actividades turísticas, estimulando la creación de programas de viajes accesibles, itinerarios adaptados e iniciativas dirigidas al público sénior.
Además, la ley incentiva el desarrollo del mercado turístico nacional orientado a la tercera edad, lo que puede generar nuevos empleos y mover economías locales.
Impactos sociales y económicos
Con el aumento de la expectativa de vida y el crecimiento del poder adquisitivo de la población anciana, el turismo sénior se ha convertido en uno de los segmentos más prometedores del sector.
Investigaciones de la Fundación Instituto de Pesquisas Econômicas (Fipe) y del Ministerio de Turismo apuntan que los brasileños mayores de 60 años representan alrededor del 20% de los viajeros domésticos.
Este grupo de edad suele preferir destinos tranquilos, culturales y con buena infraestructura de hospedaje y salud. Ciudades históricas, aguas termales y rutas ecológicas son algunos ejemplos de atracciones que se fortalecen con la nueva legislación.
Además del aspecto económico, el incentivo al turismo para personas mayores promueve interacción intergeneracional, valorización cultural y mejora de la autoestima.
La propuesta también reconoce que el turismo no es solo ocio, sino factor de integración social. Permite que las personas mayores participen en grupos, formen nuevas amistades y continúen contribuyendo a la economía.
De esta manera, el Estado tiene el deber de garantizar condiciones para que esta participación sea segura, accesible y promovida por políticas públicas.
Lacuna histórica y reparación social
En la justificación del proyecto, los autores destacan que, aunque el Estatuto del Anciano trata derechos como salud, educación y ocio, el turismo nunca había sido mencionado directamente en la legislación.
Esta ausencia creaba una laguna social, dado que el turismo es reconocido por la Organización Mundial del Turismo (OMT) como derecho humano relacionado con la calidad de vida.
El texto de la propuesta es claro:
“El Poder Público promoverá el acceso y la inclusión social de los ancianos al turismo, estimulando el desarrollo del mercado turístico nacional segmentado para el público anciano.”
La medida busca reparar una omisión histórica y acercar a Brasil a las prácticas adoptadas en países que ya consideran el turismo como un componente esencial de la política de envejecimiento activo.
Próximos pasos y perspectivas
Tras la aprobación en la CCJ, el proyecto sigue al Senado, donde deberá ser analizado por las comisiones temáticas correspondientes. Si se aprueba sin modificaciones, será enviado para sanción presidencial. Si sufre cambios, regresará a la Cámara de Diputados para una nueva apreciación.
Independientemente del trámite, la propuesta marca un avance simbólico y práctico. Al incluir el turismo como derecho fundamental, el Estatuto del Anciano amplía su alcance y refuerza el compromiso del país con el envejecimiento saludable y participativo.
Brasil, con su potencial cultural y natural, tiene condiciones para convertirse en un referente en turismo accesible e inclusivo, beneficiando tanto al público anciano como a las comunidades que dependen de la actividad turística.
Más que garantizar viajes, la nueva medida reafirma un principio más amplio: envejecer es seguir viviendo plenamente, con oportunidades de descubrimiento, libertad y pertenencia.
Una legislación que acompaña el envejecimiento de Brasil
El envejecimiento poblacional es una de las transformaciones más profundas del siglo XXI. Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), más de 31 millones de brasileños tienen 60 años o más — y, hasta 2050, este grupo representará alrededor del 30% de la población nacional.
Este cambio demográfico exige adaptaciones en las políticas públicas. La sociedad brasileña, que durante décadas fue predominantemente joven, necesita ahora invertir en accesibilidad, movilidad, educación continua, salud preventiva e inclusión digital para un público que vive más y desea continuar activo.
El Estatuto del Anciano, en este contexto, funciona como un instrumento de equilibrio entre generaciones, promoviendo la integración social de los mayores y reconociendo el papel que desempeñan en la familia y en la economía. A lo largo de los años, nuevas leyes complementarias han actualizado sus disposiciones, ampliando garantías y adaptando el texto a las nuevas realidades sociales — como es el caso de la reciente inclusión del turismo como derecho fundamental.

Muitas leis, todas para inglês ver. Neste país de analfabetos funcionais, ninguém respeita leis ou por total desconhecimento ou por se sentirem felizes em descumpri-las e nada lhes acontecer. pois a impunidade aqui é cultural. Esse é um país que não tem futuro.
Boa noite eu sempre tenho que aqui no nosso País,os políticos cria les, fazem lês mais não adianta nada pô que os idosos nuca vai ter os seus direitos em tão não venha com essa direito du idosos tá vcs mim perdoi viu.
TUDO ISTO E MUITO BOM, QUANDO REALMENTE CUMPRIREM O PROMETIDO. GOSTARIA MUITO DE SALIENTAR UM PEDIDO, PORQUE NÃO LIBERA O PEDÁGIO PARA O IDOSO. PARA QUE TENHA O DIREITO DE IR MAIS VEZES VISITAR SEU FILHOS, NETOS E BISNETOS.
FICA A DICA, SOMOS MUITO MAIS FELÍZES QUANDO VISITAMOS OS NOSSOS. OBRIGADUUUUUUU