Análisis de 889 sepultamientos en Amarna indica ausencia de señales de epidemia. Estudio de 2025 revisa la tesis de la plaga que asoló la región y realinea explicaciones históricas.
Un nuevo estudio de arqueología y bioarqueología revisó 889 sepultamientos en Amarna y concluyó que la famosa “plaga de Akhetaton” probablemente no existió. La hipótesis de epidemia pierde fuerza ante las evidencias.
La investigación, firmada por Gretchen Dabbs y Anna Stevens y publicada en octubre de 2025 en el American Journal of Archaeology, reevalúa la cronología del abandono de la capital de Akhenatón y sus señales demográficas.
Los autores no identificaron patrones de mortalidad súbita, sepultamientos en masa o cambios drásticos en los ritos funerarios que indiquen un evento epidémico en la ciudad planificada del faraón herético.
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El trabajo confronta textos de la época, como oraciones hititas y Cartas de Amarna, que relatan brotes en otras ciudades del Levante. Para Amarna, faltan registros directos y faltan vestigios en el suelo.
Cómo el estudio probó la teoría de la plaga en Amarna
Dabbs y Stevens examinaron cementerios no elitistas de Amarna, combinando osteología, contexto estratigráfico y estadística demográfica. El recorte incluye adultos y niños sepultados con regularidad a finales del siglo XIV a.C.
Si una epidemia hubiera arrasado Akhetaton, esperaríamos tumbas improvisadas, superposición de fosas y picos súbitos de fallecimientos por grupo etario. El conjunto analizado no mostró esos marcadores clásicos.
Los 889 sepultamientos exhiben continuidad en prácticas funerarias, posición de los cuerpos y oferta de bienes modestos. La logística urbana y la mano de obra tampoco parecen haber colapsado repentinamente.
Los datos fueron comparados con descripciones de crisis en otras regiones del Mediterráneo tardío, sugiriendo que Egipto sentió impactos externos, pero Amarna no presenta la firma material de una peste local.
El equipo también revisó series temporales de mortalidad, buscando picos anómalos por estación o año. La curva es serrada, pero estable, compatible con riesgos crónicos de trabajo y nutrición.
Qué dicen los textos antiguos y por qué no bastan
Fuentes antiguas mencionan enfermedades en el periodo: oraciones hititas relatan plagas y las Cartas de Amarna citan brotes en Megido, Biblos y Sumur. Nada allí, sin embargo, confirma una epidemia en Akhetaton.
El estudio da peso a evidencias físicas. Sin fosas comunes, sin aceleración de enterramientos y sin ruptura ritual, los textos aislados no explican el abandono de la ciudad construida por Akhenaton.
La distinción es crucial para la historiografía egipcia: tradición textual y narrativa moderna alimentaron un mito. La arqueología reciente pide cautela y lectura regional del escenario de enfermedades.
Los autores recuerdan que registros diplomáticos pueden hiperbolizar eventos. La retórica de crisis en cartas y plegarias no sustituye la excavación de cementerios y la lectura estadística del conjunto.
Si no fue plaga, ¿por qué Amarna fue abandonada?
La capital religiosa de Akhenaton duró poco. Fuentes indican el retorno de la corte a Tebas pocos años después de su muerte, con Tutankhamon y sucesores revertiendo las reformas del culto a Aton.
Cambios políticos, restauración de templos tradicionales y desgaste económico ayudan a explicar la pérdida de centralidad de Akhetaton. El proceso parece gradual, no un colapso sanitario.
Jarros fechados y registros administrativos sugieren abandono progresivo y ocupación residual. El escenario favorece motivos religiosos y administrativos, más que una emergencia epidemiológica.
Britannica y el Amarna Project describen la reanudación de los cultos y el cambio administrativo del Estado tras Akhenaton. El regreso a estructuras tradicionales redujo la viabilidad de la nueva capital.

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