Proyecto de Ley 3728/21 altera reglas de la movilidad urbana y autoriza nuevas fuentes de ingresos para contener alta de las pasajes
Una reformulación estructural en el transporte público colectivo urbano avanza en el Congreso Nacional y, al mismo tiempo, crea impactos directos en el sector energético e industrial.
El Proyecto de Ley nº 3728/21, presentado en 2021 por el entonces senador Antonio Anastasia (PSD/MG), fue aprobado por el Senado y ahora espera votación en régimen de urgencia en la Cámara de Diputados.
Aunque el foco central sea el financiamiento de las tarifas, el texto también reorganiza el modelo de inversión en flota, infraestructura y transición energética, lo que amplía su relevancia industrial.
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Ante pasajes que acumulan reajustes como en Florianópolis, donde la tarifa alcanza R$ 7,70, el proyecto busca diversificar ingresos y, simultáneamente, fortalecer la sostenibilidad económica del sistema.
Reestructuración financiera con impacto en la cadena industrial
El nuevo marco legal establece que los costos de autobuses, trenes y metros no dependan exclusivamente de la tarifa pagada por el usuario.
Así, el poder público podrá complementar la diferencia entre costo operativo y recaudación tarifaria, lo que amplía previsibilidad financiera para operadores y proveedores.
Con mayor estabilidad de ingresos, el sector industrial relacionado con la movilidad urbana pasa a tener un ambiente más seguro para inversiones en renovación de flota.
Además, estados y municipios podrán estructurar subsidios y mecanismos extratarifarios, creando una base financiera más robusta para contratos a largo plazo.
Transición energética y modernización de la flota
El proyecto incentiva explícitamente la renovación de la flota con enfoque en vehículos sostenibles, lo que conecta el marco legal a la agenda de descarbonización.
En este contexto, los ingresos provenientes de créditos de carbono podrán ser dirigidos al costo de infraestructura y operación.
De esta forma, el modelo favorece inversiones en tecnologías de menor emisión, alineando el transporte urbano a las metas ambientales.
Al mismo tiempo, esta directriz estimula sectores industriales relacionados con la fabricación de vehículos, sistemas eléctricos y soluciones de eficiencia energética.
Fuentes de ingresos y reorganización del modelo urbano
Inicialmente, el artículo 30 preveía instrumentos como tasas de congestión, peaje urbano, cobro sobre estacionamientos y uso de la CIDE para subsidiar tarifas.
No obstante, el 16 de septiembre, el relator José Priante (MDB-PA) retiró el artículo de la propuesta.
Sin embargo, el texto mantiene autorización para que estados y municipios instituyan tributos vinculados al uso del sistema viario y a la emisión de contaminantes.
Como resultado, ningún tributo será creado automáticamente, pero la estructura legal permitirá nuevas fuentes de financiamiento conforme a la decisión local.
Transparencia, desempeño y planeamiento energético
Además de los cambios financieros, el proyecto impone mayor transparencia operacional.
Gobiernos y operadores deberán divulgar costos detallados, datos de billeteo, número de pasajeros y cálculo de subsidios.
Paralelamente, las concesiones dejarán de renovarse automáticamente y pasarán a exigir licitación obligatoria con criterios de desempeño.
Los contratos también deberán prever planeamiento para transición energética de la flota, reforzando la integración entre movilidad urbana y política energética.
Apoyo institucional y plazo de adaptación
Nueve entidades del sector, incluida la NTU (Asociación Nacional de las Empresas de Transportes Urbanos) y la ANPTrilhos (Asociación Nacional de los Transportadores de Pasajeros sobre Rieles), manifestaron apoyo al proyecto.
Conforme al texto aprobado en el Senado, la norma entrará en vigor un año después de la publicación oficial.
Así, estados y municipios tendrán plazo para adaptar legislaciones y estructurar nuevos modelos contractuales.
Ante este escenario, el nuevo marco legal deja de ser solo un cambio jurídico y pasa a representar una reestructuración con efectos directos en la industria de la movilidad y en la agenda energética. ¿Y el sector productivo está preparado para acompañar esta transformación?

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