Científicos vuelven la mirada hacia el interior de la Luna tras la identificación por parte de la NASA de indicios más fuertes de una cueva conectada a un pozo en Mare Tranquillitatis, una estructura que podría abrir el camino a refugios naturales capaces de sostener misiones largas fuera de la Tierra.
La idea parece sacada de la ciencia ficción, pero ha cobrado fuerza con datos reales analizados por científicos: la Luna podría albergar cuevas subterráneas capaces de servir como refugio natural para astronautas. Lo que reavivó este debate fue una nueva interpretación de la información recolectada por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), de la NASA, que trajo la evidencia más consistente hasta ahora de un conducto subterráneo accesible debajo de un pozo lunar.
Este resultado no significa que los investigadores ya hayan mapeado una “red completa” de túneles que se extienden por el subsuelo lunar. Pero significa algo aún más importante desde el punto de vista científico: la hipótesis de los llamados tubos de lava lunares, discutida durante décadas, ha comenzado a contar con un indicio directo mucho más robusto. Y, de repente, la Luna vuelve a parecer menos un desierto hostil y más un mundo con escondites naturales capaces de proteger misiones humanas en el futuro.
Lo que la NASA realmente encontró
La nueva evidencia provino de la reanálisis de datos de radar obtenidos en 2010 por el instrumento Mini-RF, a bordo de la LRO. Los científicos estudiaron un pozo localizado en Mare Tranquillitatis, una región famosa por estar relativamente cerca del lugar donde la Apollo 11 realizó el primer aterrizaje humano en la Luna. El radar indicó la presencia de una cavidad que se extiende por más de 200 pies, es decir, más de 60 metros, a partir de la base de este pozo.
-
Un nuevo estudio publicado en Nature revela que la proteína SLIT3 puede aumentar la quema de calorías al activar la grasa marrón en el cuerpo, funcionando como una especie de «interruptor biológico».
-
Alerta en Ilhabela: mancha rojiza en el mar puede representar riesgos para los bañistas en las playas de Curral y Veloso este mes.
-
Arqueólogos descubren un cementerio con 160 tumbas; una de ellas pertenecía a una mujer de la élite datada en 3 mil años y acompañada de 19 pulseras de bronce.
-
Para transformar desierto en bosque, el dueño prepara camino, grava y rampas para 12 voluntarios; un mini camión chino lleva piedras, mientras 50 pinos afganos reciben estiércol, biochar y pegamento de cactus antes de la lluvia.
El detalle más interesante es que la extensión total de esta estructura aún es desconocida. La NASA afirma que el conducto podría continuar por distancias mucho mayores bajo el mar lunar, posiblemente por tramos muy más allá de lo que ya ha sido identificado. En otras palabras, lo que hoy aparece como un segmento detectado podría ser solo la “puerta de entrada” a un sistema subterráneo mucho más amplio — aunque esto aún necesita ser confirmado por futuras misiones.

Por qué estas cavernas pueden existir en la Luna
La explicación más aceptada involucra el pasado volcánico del satélite. Hace miles de millones de años, la Luna tuvo una intensa actividad geológica, con flujos de lava recorriendo su superficie. En ciertos escenarios, la parte externa de estos ríos de lava se enfriaba y endurecía primero, mientras el material caliente continuaba fluyendo por dentro. Cuando este magma finalmente se drenaba o cesaba, quedaba un canal hueco: el llamado tubo de lava.
En la Tierra, estructuras similares existen en regiones volcánicas como Islandia, Hawái y las Islas Canarias. En la Luna, sin embargo, estas formaciones pueden alcanzar dimensiones aún más impresionantes. Como la gravedad lunar es mucho menor que la terrestre, el techo de estas cavidades puede permanecer estable por longitudes y anchos mucho mayores. Esto ayuda a explicar por qué los científicos consideran plausible la existencia de vacíos subterráneos gigantescos, algunos potencialmente lo suficientemente grandes como para albergar infraestructura humana.
El estudio de 2024 y el salto científico
El artículo publicado en la revista Nature Astronomy fue decisivo porque no se limitó a repetir una sospecha antigua. Los autores afirman que las imágenes de radar del pozo de Mare Tranquillitatis revelan un vacío subterráneo de decenas de metros, compatible con un conducto de cueva accesible debajo de la apertura observada en la superficie. Este es el punto central del avance: no se trata solo de ver un agujero e imaginar lo que puede haber debajo, sino de usar la firma de radar para inferir la presencia real de un espacio hueco.
Esto también ayuda a resolver una duda importante de la ciencia planetaria. Durante años, los pozos lunares han sido interpretados como candidatos a entradas de cuevas, pero faltaba evidencia más directa de conexión con volúmenes subterráneos extensos. El nuevo trabajo no cierra la cuestión para toda la Luna, pero fortalece fuertemente la idea de que al menos algunos de estos pozos realmente conducen a conductos internos. Para la exploración espacial, esta distinción hace toda la diferencia.
El gran atractivo para futuras bases humanas
El interés por las cavernas lunares no es solo geológico. Es profundamente práctico. La superficie de la Luna es un ambiente extremo, expuesto a la radiación solar y cósmica, al bombardeo de micrometeoritos y a variaciones violentas de temperatura entre el día y la noche lunar. Encontrar un refugio natural reduciría parte de estos riesgos sin exigir, desde el principio, estructuras totalmente blindadas construidas desde cero.
Datos de la propia NASA mostraron en 2022 que áreas permanentemente sombreadas dentro de pozos lunares pueden mantener temperaturas alrededor de 17 °C. Esto contrasta con la superficie iluminada de la Luna, que puede alcanzar alrededor de 127 °C durante el día y caer a aproximadamente -173 °C por la noche. Un ambiente subterráneo con estabilidad térmica así sería valioso para equipos, sistemas de soporte vital y para la comodidad operativa de misiones de larga duración.
¿Red de cavernas o un único túnel? La diferencia importa
Es precisamente aquí donde muchos titulares exageran. Lo que existe hoy es una suma de evidencias crecientes: pozos detectados por orbitadores, mediciones térmicas que sugieren ambientes protegidos, y ahora un estudio de radar que apunta a un conducto accesible debajo de uno de esos pozos. Esto sostiene la hipótesis de que la Luna posee varias cavernas y tal vez sistemas conectados en algunas regiones, pero aún no autoriza afirmar que una vasta red subterránea ya ha sido directamente mapeada.
Aun así, el escenario es emocionante. En ciencia espacial, raramente un gran descubrimiento aparece listo y completo. Lo normal es que las evidencias avancen en capas: primero la sospecha, luego los indicios, después la confirmación local y, solo entonces, el mapeo detallado. En el caso de la Luna, parece que estamos precisamente en esta transición entre la fase de indicios y la fase de confirmación puntual, lo que ya es enorme desde el punto de vista estratégico.
Cómo una misión podría explorar estas cavernas
La Agencia Espacial Europea, la ESA, ya ha estado estudiando conceptos de misión dedicados a detectar, mapear y explorar cuevas lunares. En 2021, la agencia explicó que seleccionó propuestas para diferentes etapas de este desafío: reconocimiento inicial de pozos, descenso controlado por sondas o robots, y exploración de tubos de lava con vehículos autónomos diseñados para entornos subterráneos.
El desafío técnico es enorme. No basta con aterrizar cerca del pozo: sería necesario mapear el terreno con precisión, garantizar comunicación entre la superficie y el interior, lidiar con baja iluminación, probar sistemas de movilidad en pendientes y desarrollar robots capaces de navegar en entornos desconocidos. Aun así, el interés internacional muestra que estas cavernas han dejado de ser mera curiosidad lunar y han comenzado a ser vistas como un objetivo estratégico para la próxima era de la exploración.
Lo que este descubrimiento cambia de aquí en adelante
El nuevo hallazgo no transforma inmediatamente una caverna lunar en una base habitable. Antes de eso, será necesario confirmar dimensiones, estabilidad estructural, composición del terreno, accesibilidad y eventuales riesgos. Pero cambia algo decisivo: ahora existe una justificación científica más fuerte para tratar el subsuelo lunar como una pieza real del planeamiento de futuras misiones humanas, incluso en el contexto de permanencia prolongada en la Luna.
Al final, la imagen de la Luna puede estar cambiando ante nuestros ojos. En lugar de solo cráteres, polvo y silencio, el satélite comienza a ser visto también como un mundo con profundidad escondida —literalmente. Si las próximas misiones confirman lo que los radares han comenzado a revelar, los primeros refugios humanos fuera de la Tierra quizás no se construyan sobre la superficie lunar, sino dentro de ella.

Seja o primeiro a reagir!