Una equipo internacional presentó en 2025 un dispositivo 3D capaz de calentar y refrigerar sin electricidad, funcionando entre 8 y 32 grados en pruebas al aire libre e indicando potencial de reducir gastos energéticos que llegan a 70 por ciento
Una equipo internacional presentó en 2025 un dispositivo 3D capaz de calentar y refrigerar sin electricidad, funcionando entre 8 y 32 grados en pruebas al aire libre e indicando potencial de reducir gastos energéticos que llegan a 70 por ciento.
El equipo utiliza una aleación con memoria de forma que reacciona automáticamente a las variaciones térmicas, alternando entre calentamiento y refrigeración sin cables, motores o sensores, siguiendo principios arquitectónicos tradicionales y materiales inteligentes con memoria térmica.
Las bases del proyecto provienen de observaciones presentes en estructuras antiguas, como casas Hanok y casas de té asiáticas, que utilizaban aleros ajustados al ángulo solar para controlar el clima a lo largo de las estaciones, inspirando la lógica aplicada a la aleación térmica.
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El núcleo del dispositivo está formado por una estructura que se contrae o expande cuando la temperatura cambia, abriendo o cerrando el módulo sin toma de corriente o batería, permitiendo accionar el sistema de forma totalmente autónoma según la condición ambiental.
Cuando permanece cerrado, el dispositivo refleja radiación solar y emite luz infrarroja de ondas medias, promoviendo refrigeración pasiva sin exigir energía adicional, manteniendo la operación solo con exposición al ambiente externo.
Cuando la temperatura baja, la estructura se abre y expone una superficie negra que absorbe calor solar, funcionando como colector térmico y permitiendo calentamiento directo sin sensores o motores, repitiendo el ciclo según el clima.
Este mecanismo bimodal alterna entre calentar y refrigerar sin aplicaciones o botones, garantizando operación autosuficiente y alineada al objetivo de disminuir el consumo energético y las emisiones en edificios y ciudades que buscan eficiencia térmica.
Pruebas al aire libre
El equipo liderado por el profesor Kim Bong hoon en DGIST probó el módulo bajo diferentes ángulos solares y temperaturas entre 8 y 32 grados Celsius, demostrando un rendimiento estable en los dos modos e independencia de la geometría de las construcciones.
Estas pruebas reales mostraron que el dispositivo no requiere remodelación de edificios, ya que se puede acoplar a superficies, módulos externos o futuras fachadas dinámicas, ampliando su aplicabilidad sin intervención estructural compleja.
Potencial y uso urbano
El avance ocurre en un contexto en el cual las ciudades buscan reducir el consumo dedicado al calentamiento y refrigeración, que alcanza casi 70 por ciento de los gastos energéticos de los edificios, haciendo que soluciones pasivas sean aún más relevantes.
Regulaciones en varios países estimulan tecnologías sin electricidad que mejoren la eficiencia térmica, favoreciendo la adopción de módulos como este, capaces de integrar edificios antiguos sin obras profundas o sistemas sofisticados.
El recurso puede aplicarse en techos, fachadas modulares y mobiliario urbano expuesto al sol, además de posible combinación con revestimientos fotovoltaicos o materiales de cambio de fase, ampliando el alcance del control térmico.
Su independencia energética permite uso en áreas rurales, edificios antiguos y regiones densamente pobladas con redes sobrecargadas, operando solo con principios físicos básicos relacionados con la luz y el calor solar natural.
Si avanza hacia aplicaciones comerciales, el dispositivo puede convertirse en parte esencial del control climático pasivo de construcciones futuras, reduciendo impactos ambientales sin alterar el confort y creando alternativas viables para la eficiencia energética.
Los autores, incluidos Ho Jun Jin et al, describen el estudio publicado en la revista Advanced Materials en 2025 bajo DOI 10.1002/adma.202507682, reforzando el carácter experimental, pero con potencial de crecimiento en el sector.

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