Presupuestado en hasta US$ 10 mil millones, el canal entre el Mar Rojo y el Mar Muerto sigue en espera indefinida, sin obras y sin financiación confirmada.
El nivel del Mar Muerto cae, en promedio, más de un metro por año. Donde antes había agua, hoy surgen cráteres, franjas de sal expuesta y áreas completamente inestables. El colapso del ecosistema no es una previsión, ya está en curso. Fue ante esta crisis real que nació uno de los proyectos más ambiciosos de la ingeniería hídrica moderna: el Red Sea–Dead Sea Water Conveyance, el canal que uniría el Mar Rojo al Mar Muerto mediante túneles y conductos en pleno desierto.
La idea era simple en concepto y colosal en ejecución. Llevar agua del Mar Rojo para reponer el nivel del Mar Muerto, generar energía en el desnivel natural de más de 400 metros y aún producir agua desalada para abastecer una de las regiones más áridas del planeta. En la práctica, eso significaría rediseñar la hidrología de toda la región entre Israel, Jordania y Palestina.
Un canal de 180 km en el desierto y un costo que llegó a US$ 10 mil millones
Los estudios oficiales señalaban un corredor hidráulico con cerca de 180 kilómetros de extensión, atravesando zonas desérticas, áreas sísmicas y regiones políticamente sensibles. Para vencer las diferencias de nivel y mantener el caudal necesario, el proyecto preveía estaciones de bombeo, túneles presurizados, reservorios de igualación y al menos una gran planta hidroeléctrica reversible.
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El costo inicial, que comenzó en pocos miles de millones, rápidamente escaló. En sus versiones más completas, el proyecto pasó a ser presupuestado en hasta US$ 10 mil millones, cifra suficiente para colocarlo entre las obras hídricas más caras jamás planificadas por el ser humano.
Este costo involucraba no solo la construcción física, sino también:
- relocalizaciones poblacionales,
- obras de protección ambiental,
- compensaciones internacionales,
- sistemas de monitoreo químico del agua,
- y acuerdos diplomáticos multilaterales.
La promesa energética: electricidad generada por la propia caída del agua
El Mar Muerto se encuentra más de 430 metros por debajo del nivel del mar, el punto más bajo en tierra firme en el planeta. Esta diferencia permitiría que el agua descendiera naturalmente, generando energía en el trayecto, un concepto clásico de hidroeléctrica gravitacional.
En teoría, parte de la energía producida alimentaría las propias bombas del sistema, mientras que otra parte podría abastecer ciudades de Jordania e Israel. Al final del trayecto, el agua pasaría por una desalinizacion parcial, generando agua dulce para consumo humano y agrícola.
Era un proyecto que prometía unir energía, agua, medio ambiente y geopolítica en un único sistema de ingeniería integrada.
El riesgo ambiental que hizo a los científicos encender la alerta roja
El mayor factor de bloqueo del proyecto no fue solo el costo. Fue el riesgo ambiental. El Mar Muerto es un cuerpo hídrico único en el planeta, con concentración salina extrema y composición química completamente diferente del agua del Mar Rojo.
Mezclar estos dos sistemas podría generar:
- reacciones químicas impredecibles,
- proliferación de algas en un ambiente históricamente estéril,
- cambio del color del agua,
- formación de yeso en suspensión,
- alteración irreversible del ecosistema.
Informes ambientales advirtieron que una intervención de esta escala podría no salvar el Mar Muerto, sino transformarlo en algo enteramente nuevo y posiblemente inestable.
Los impases políticos que nunca fueron totalmente resueltos
El proyecto involucra directamente:
- Israel,
- Jordania,
- además de la cuestión territorial palestina.
Cada metro cúbico de agua movido toca intereses estratégicos, seguridad nacional, abastecimiento urbano y soberanía hídrica. Incluso cuando se han firmado memorandos de entendimiento, la inestabilidad política regional siempre ha mantenido al proyecto bajo riesgo permanente.
Ningún inversor internacional acepta financiar una obra de US$ 10 mil millones sin garantías políticas sólidas a largo plazo. Y esas garantías nunca se han consolidado por completo.
Lo que ocurrió en la práctica: el proyecto entró en espera indefinida
A pesar de décadas de estudios, audiencias públicas, modelos ambientales, simulaciones hidráulicas y propuestas técnicas, ninguna obra estructural del canal ha sido iniciada. No hay excavaciones en curso, no hay canteras activas y no existe presupuesto vigente para la ejecución.
En la práctica, el Red–Dead pasó de “megaproyecto en planificación avanzada” a “proyecto congelado en espera indefinida”. No ha sido oficialmente cancelado, pero tampoco posee:
- financiación cerrada,
- cronograma definido,
- consorcio constructor activo,
- ni fecha de reanudación.
Hoy, sobrevive solo como objeto de estudio académico y como hipótesis a largo plazo en documentos estratégicos.
Mientras el canal no salga, el Mar Muerto sigue reculando
El problema que dio origen al proyecto no ha desaparecido. El río Jordán, principal alimentador del Mar Muerto, ha visto su caudal drásticamente reducido por represamientos, uso agrícola y consumo urbano. Resultado: el lago sigue encogiendo.
Áreas turísticas han sido abandonadas, carreteras se han hundido por causa de cráteres en el suelo salino, resorts han sido aislados y comunidades enteras han tenido que adaptarse a una nueva costa que retrocede año tras año.
Es decir, el Mar Muerto sigue muriendo lentamente mientras el proyecto millonario que prometía salvarlo permanece parado en el papel.
Un megaproyecto que se convirtió en símbolo de ambición, riesgo y parálisis
El canal entre el Mar Rojo y el Mar Muerto ha entrado en una categoría rara de la ingeniería moderna: proyectos gigantescos que, aun siendo técnicamente viables, se convierten en rehenes de su propio tamaño, del costo extremo, de los riesgos ambientales y de la geopolítica.
Evaluado en hasta US$ 10 mil millones, prometía rediseñar el mapa hídrico de Oriente Medio. Hoy, representa un ejemplo claro de cómo la ingeniería no siempre puede avanzar al mismo ritmo que la necesidad ambiental.
Un futuro aún por definir
Nada impide que, en el futuro, con nuevas tecnologías, nuevos acuerdos regionales y nuevas fuentes de financiación, el proyecto sea retomado en una versión diferente, más pequeña o más segmentada. Pero, en el escenario actual, sigue siendo uno de los mayores megaproyectos hídricos del mundo que nunca salió del papel.
Mientras tanto, el Mar Muerto continúa perdiendo volumen, y la pregunta original permanece sin respuesta práctica: ¿quién va a salvar uno de los ecosistemas más únicos del planeta?



Pois é, enquanto Israel luta pra tentar viver em pais, (produz novas tecnologias q o mundo copia e de quebra sustenta inimigos mortais que gastam bilhões só tentando destruir Israel. O que Nunca irão conseguir. Não mais.
Deus fez o Mar Morto como lhe convinha… Ele não falha, vocês só vão gastar dinheiro no futuro se procurarem mexer isso…
Tudo é Projecto de Deus.
O MUNDO NEM ERA UM LUGAR DE SE VIVER, MAS HOJE NEM DE SE MORRER É! 😎😎
Enquanto isso os governantes da região se preocupam mais em exterminar crianças em gaza…..gastaram muitos bilhões bombardeando e destruindo ….e ai quer investidores pro canal?.
Enquanto isso o Hammas um Grupo Terrorista aniquila bebês no berço, estupra mulheres e mata idosos!!!!