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El Coche Que Usó Dos Motores De Avión Y Hizo Historia: El Sunbeam 1000 HP Alcanzó 322 Km/h En 1927 Y Se Convirtió En El Primer Vehículo Terrestre En Romper La Barrera De Las 200 Mph

Escrito por Valdemar Medeiros
Publicado el 14/10/2025 a las 15:38
O carro que usou dois motores de avião e fez história: o Sunbeam 1000 HP atingiu 322 km/h em 1927 e se tornou o primeiro veículo terrestre a quebrar a barreira dos 200 mph
Foto: Divulgação/ Museum of Car
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En 1927, el Sunbeam 1000 HP hizo historia al usar dos motores de avión y alcanzar 322 km/h, convirtiéndose en el primer coche del mundo en superar 200 mph y cambiar la historia de la velocidad.

En 1927, cuando el mundo aún se recuperaba de la Primera Guerra Mundial y los automóviles apenas lograban superar los 100 km/h, un ingeniero británico llamado Louis Coatalen decidió desafiar lo imposible. Su objetivo era simple y descabellado al mismo tiempo: crear el coche más rápido de la Tierra. El resultado de este sueño audaz fue el Sunbeam 1000 HP, un monstruo metálico de 4,5 toneladas, equipado con dos motores de avión y capaz de alcanzar la impresionante marca de 322 km/h, un logro inimaginable para la época.

El proyecto nació en un contexto de feroz rivalidad entre fabricantes británicos y norteamericanos. El mundo automotriz vivía una carrera paralela con la aviación, una búsqueda por la supremacía de la velocidad. Mientras los pilotos intentaban cruzar océanos y alcanzar nuevas altitudes, ingenieros de marcas como Sunbeam, Napier y Rolls-Royce querían probar que también podían «volar» sobre el asfalto.

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El Sunbeam 1000 HP fue la respuesta de la ingeniería británica a ese desafío. Diseñado especialmente para romper récords, no era un coche común, era un laboratorio sobre ruedas, concebido para resistir fuerzas extremas y vencer la fricción con el viento.

Y lo más impresionante: todo esto en una época en la que no existían túneles de viento modernos, computadoras de simulación o aleaciones ligeras como las actuales. Todo se hizo a base de cálculos manuales, intuición y valentía.

Dos motores de avión y una estructura colosal

La solución de Coatalen fue audaz: usar dos motores V12 de avión Sunbeam Matabele, cada uno con 22,4 litros y 435 caballos de potencia.

En total, el coche entregaba cerca de 900 cv, algo que, en 1927, era simplemente surrealista — una potencia similar a la de un Bugatti Chiron actual, pero con tecnología totalmente mecánica, sin inyección electrónica, transmisión automatizada o control de tracción.

Los dos motores estaban montados en tándem, uno delante y otro detrás del piloto, con un sistema de transmisión que unificaba las fuerzas en un único eje.

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El ruido, según relatos de la época, era ensordecedor — un rugido similar al de dos aviones de caza despegando simultáneamente. El calor, la vibración y el olor a combustible convertían la cabina en un verdadero infierno sobre ruedas.

El coche recibió el apodo de «The Slug» («La Babosa»), irónicamente, debido a su forma alargada y poco aerodinámica, pero el apodo pronto resultó injusto: el Sunbeam sería todo menos lento.

Fue montado en la fábrica de Wolverhampton, Inglaterra, y finalizado en 1926 tras meses de pruebas, ajustes y cálculos minuciosos para garantizar que no se desmenuzara a alta velocidad.

El día en que lo imposible ocurrió

El hecho histórico ocurrió el 29 de marzo de 1927, en la playa de Daytona Beach, en Florida (EE.UU.). El piloto elegido fue el legendario Henry Segrave, un capitán del ejército británico y veterano de la Primera Guerra.

Vestido con un mono de cuero y un casco de piloto de avión, aceleró el Sunbeam 1000 HP en dos pasadas cronometradas para cumplir con las reglas de la FIA.

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La primera carrera ya mostró que algo extraordinario estaba a punto de suceder. El coche rugía como un monstruo descontrolado, levantando nubes de arena y dejando una estela de humo blanco en el horizonte.

En el segundo intento, el milagro se confirmó: 203,79 millas por hora, o 322,02 km/h, convirtiéndose en el primer coche de la historia en superar los 200 mph.

El récord fue homologado por la Asociación Internacional de Automovilismo, y Henry Segrave entró en el salón de la fama como el hombre más rápido del planeta.

El hecho fue tan impresionante que periódicos de todo el mundo informaron del evento como si fuera un logro nacional — una victoria de la ingeniería británica sobre los límites humanos y tecnológicos.

Un hito que cambió el rumbo de la velocidad

El éxito del Sunbeam 1000 HP inauguró una nueva era. Demostró que la barrera de los 300 km/h podía ser rompida e inspiró a una generación de ingenieros y pilotos a intentar ir más allá. Poco después, otras máquinas legendarias como el Blue Bird de Malcolm Campbell y el Thunderbolt surgieron para disputar el trono de la velocidad.

Pero el Sunbeam mantuvo su estatus de pionero. Su uso de dos motores aeronáuticos, su estructura reforzada de acero y su transmisión doble sirvieron de base para estudios de tracción y estabilidad que más tarde se aplicarían en vehículos militares, motores de competición y hasta en el desarrollo de aviones a chorro.

Hoy, casi cien años después, el coche aún existe. Está preservado en el National Motor Museum, en Beaulieu, Reino Unido, y continúa atrayendo visitantes fascinados por la audacia de un tiempo en el que la tecnología estaba impulsada más por el coraje que por la electrónica.

Restaurado y mantenido con cuidado, el Sunbeam 1000 HP es considerado uno de los vehículos más importantes jamás construidos, no solo por su récord, sino por simbolizar el espíritu de una generación que creía que todo era posible.

El legado de un sueño en metal y fuego

La hazaña de 1927 fue más que un récord técnico — fue un momento de inflexión en la historia automotriz. Representó la transición entre el romanticismo de la mecánica y el inicio de la era de la ingeniería de precisión.

El Sunbeam mostró que lo imposible podía ser vencido con ingenio y determinación, y allanó el camino para que las generaciones siguientes desafiaran barreras aún más altas: 400, 500 y hasta 1.000 km/h.

Para muchos historiadores del automovilismo, el nombre Sunbeam 1000 HP resume la esencia de la innovación: atreverse antes de que la tecnología esté lista.

Así fue como un grupo de británicos, sin computadoras ni aerodinámica digital, creó una máquina que hoy todavía impone respeto, no por su diseño, sino por lo que simboliza: el poder del ingenio humano ante el límite.

Y en tiempos en que los supercoches eléctricos superan fácilmente los 300 km/h, vale recordar que todo comenzó allí, en 1927, en la arena caliente de Daytona, con dos motores de avión y un piloto dispuesto a arriesgar su vida por la velocidad.

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Valdemar Medeiros

Formado em Jornalismo e Marketing, é autor de mais de 20 mil artigos que já alcançaram milhões de leitores no Brasil e no exterior. Já escreveu para marcas e veículos como 99, Natura, O Boticário, CPG – Click Petróleo e Gás, Agência Raccon e outros. Especialista em Indústria Automotiva, Tecnologia, Carreiras (empregabilidade e cursos), Economia e outros temas. Contato e sugestões de pauta: valdemarmedeiros4@gmail.com. Não aceitamos currículos!

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