El Conversible Mercedes-Benz SL 500 R129 de la Princesa Diana, equipado con motor V8 de 5.0 litros y 322 cv, marcó los años 90 al unir lujo, innovación y una audaz ruptura de tradición dentro de la realeza británica.
En 1991, la Princesa Diana era una de las figuras más famosas del planeta. Reconocida por su elegancia, carisma e influencia, vivía bajo la atenta mirada de la prensa mundial.
En ese período, los rumores sobre las dificultades en su matrimonio con el Príncipe Charles ya ganaban protagonismo, y su imagen pública oscilaba entre el glamour y la vulnerabilidad.
Diana también era conocida por su gusto refinado por coches potentes, siendo fotografiada frecuentemente en su Jaguar XJ-SC V12 verde, un modelo hecho a medida, con asientos traseros adaptados para acomodar a sus hijos, William y Harry.
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En septiembre de 1990, el Príncipe William inició sus estudios en un internado y ya no cabía en el asiento trasero del Jaguar.
Poco tiempo después, en octubre de 1991, la familia realizó un viaje oficial a Canadá, donde la prensa captó la incomodidad de la princesa durante los compromisos.
Al regresar, Diana decidió romper con una tradición centenaria y tomó una decisión que escandalizó al Reino Unido: cambió su Jaguar británico por un Mercedes-Benz R129 SL500 rojo metálico, entregado en diciembre de 1991.
Así, se convirtió en la primera integrante de la Familia Real británica en conducir, por cuenta propia, un coche extranjero.
La Controversia del Mercedes Rojo
El gesto fue interpretado como una afrenta simbólica a la monarquía y a la industria automovilística británica.
El Palacio de Buckingham intentó contener la repercusión informando que el vehículo, valorado en US$ 130 mil, había sido solo alquilado “para uso personal” de la princesa, y que ella continuaría utilizando un sedán Jaguar en eventos oficiales.
No obstante, la decisión de Diana fue duramente criticada por políticos y sindicatos, que veían el episodio como una ruptura del patriotismo y apoyo a la industria inglesa.
Tras meses de presión, en septiembre de 1992, la princesa devolvió el coche a Alemania — no sin antes convertir el modelo en uno de los vehículos más comentados de la década.
El Nacimiento de un Clásico Moderno
El Mercedes-Benz SL500 (R129) surgió en 1989 como sucesor de la consagrada serie R107, que estuvo en producción durante 16 años. Diseñado en 1984 y presentado en el Salón del Automóvil de Ginebra, el modelo representaba una nueva generación de diseño y tecnología.
Su creador, Bruno Sacco, buscaba un equilibrio entre modernidad y longevidad estética, siguiendo el concepto de “afinidad vertical”: cada coche debía dialogar con el anterior, pero sin volverse obsoleto. El resultado fue uno de los roadsters más elegantes y reconocibles jamás producidos por la marca.
Durante sus 12 años de fabricación, de 1989 a 2001, el R129 se consolidó como un hito de la ingeniería automotriz.
El modelo incorporaba avances sin precedentes en seguridad y confort, convirtiéndose en un referente entre convertibles de lujo. Fue también el primer SL equipado con sistemas electrónicos sofisticados y recursos automatizados, que redefinieron la experiencia de conducir un coche deportivo.
Desempeño y Tecnología de Punta
El SL500 venía equipado con un motor V8 de 5.0 litros, capaz de generar alrededor de 322 caballos de potencia. Esta configuración proporcionaba una combinación rara de fuerza y suavidad, ofreciendo un desempeño deportivo sin sacrificar el confort.
El coche traía tecnologías pioneras, como airbags, frenos ABS y suspensión adaptativa (ADS), además de santantónios retráctiles automáticos — un dispositivo de seguridad innovador para la época.
Como roadster completo, el modelo contaba con capota de lona eléctrica y un techo rígido removible (hardtop), garantizando versatilidad entre el estilo deportivo y el uso cotidiano.
Sumado al acabado interior lujoso y al diseño inconfundible de Sacco, el vehículo se convirtió en un símbolo de estatus y modernidad entre las élites globales.
El Legado de un Ícono
La decisión de Diana de conducir el Mercedes rojo consolidó su imagen como mujer independiente, moderna y dispuesta a desafiar tradiciones.
Más que un coche, el SL500 representó un momento de afirmación personal en medio de la crisis conyugal y la presión pública. El vehículo permaneció en su posesión por menos de un año, pero lo suficiente para convertirse en parte inseparable de su historia.
Hoy, el famoso Mercedes-Benz R129 SL500 de la Princesa Diana ocupa un lugar de honor en el museo de Mercedes-Benz, en Stuttgart, estacionado al lado del Papamóvil.
Un símbolo de diseño, tecnología y, sobre todo, de la libertad que Diana tanto buscó — dentro y fuera de las carreteras.

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