Creado hace décadas, el sistema de diluvio de agua de la NASA descarga millones de litros sobre la base de lanzamiento para proteger el cohete y la plataforma contra el calor, el sonido y las vibraciones generados por los motores durante el despegue.
El sistema de diluvio de agua de la NASA se activa instantes antes del despegue y libera, en pocos segundos, un volumen que puede llegar a 2 millones de litros.
Creado hace décadas para proteger equipos y vehículos contra vibraciones, calor y ondas de presión, el mecanismo sigue siendo parte esencial de las operaciones de lanzamiento.
Según ingenieros de la agencia, la función principal es reducir el impacto acústico y la sobrepresión causados cuando los motores alcanzan su potencia máxima.
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Sin este cortina de agua, la energía reflejada de regreso a la base podría comprometer la estructura de la plataforma y dañar componentes del cohete.
El agua, distribuida por bocales alrededor del deflector y de la mesa de lanzamiento, absorbe parte del sonido, disipa calor y disminuye vibraciones.
Función del agua durante la ignición
Cuando los motores se encienden, el choque entre gases supersónicos y las estructuras rígidas del suelo genera picos de presión y niveles extremos de ruido.
De acuerdo con especialistas en acústica aeroespacial, el uso del agua reduce el sonido reflejado, al ocupar el espacio entre el chorro de los motores y el deflector.
El proceso de evaporación consume parte de la energía térmica y forma una barrera que impide que las ondas de presión regresen a la base con fuerza total.
La neblina formada también contribuye a reducir la temperatura en las cercanías del deflector y del flame trench, canal responsable de dirigir los chorros de escape.
Esto ayuda a preservar cables, sensores y estructuras metálicas expuestas al calor intenso justo en los primeros segundos del vuelo.

Etapas de activación del sistema
El sistema comienza a operar alrededor de 20 segundos antes del despegue.
En ese intervalo, el agua llena el deflector y la base, creando una capa que alcanza la capacidad máxima en el momento de la ignición.
El caudal es controlado por válvulas automáticas que ajustan el volumen de acuerdo con el perfil de potencia de los motores.
La secuencia está cronometrada para garantizar que la cortina de agua esté activa en el instante en que la llama de los motores alcanza la plataforma y durante el pico del sonido reflejado.
El proceso es completamente automatizado y sincronizado con el sistema de cuenta regresiva.
Volumen de agua utilizado y lugares de operación
La cantidad de agua varía conforme al cohete y la plataforma.
En el Centro Espacial Kennedy, el antiguo programa de transbordadores espaciales utilizaba un reservorio de 300 mil galones, equivalente a cerca de 1,1 millón de litros.
Con la llegada del Space Launch System (SLS) y la modernización del Complejo de Lanzamiento 39B, las pruebas comenzaron a emplear aproximadamente 450 mil galones, o 1,7 millón de litros.
Según la NASA, el volumen total liberado puede variar conforme a la misión.
En el Complejo 39A, utilizado por misiones de SpaceX en asociación con la agencia, existe un sistema similar, ajustado a las características del Falcon 9.
Aunque el volumen es menor, el principio de funcionamiento es el mismo: reducir picos acústicos y térmicos durante el despegue.
Tecnología antigua, función actual
El sistema fue desarrollado originalmente para el programa Space Shuttle, en los años 1980.
Desde entonces, ha pasado por actualizaciones de válvulas, tuberías y controles digitales.
De acuerdo con técnicos de la NASA, la modernización mantiene el mismo concepto básico, pero aumenta la precisión del flujo y la eficiencia de la supresión acústica.
La permanencia de este mecanismo en los lanzamientos actuales se atribuye a la eficacia comprobada en misiones de gran envergadura.
Según ingenieros de la agencia, el agua es un recurso de bajo costo relativo y puede ser adaptada a diferentes configuraciones de cohete.
Esto la hace ventajosa en comparación con soluciones estructurales más complejas.
El destino del agua tras el lanzamiento
Gran parte del agua utilizada evapora rápidamente al contacto con los gases calientes.

El resto fluye hacia canales de drenaje y balsas de retención construidas alrededor de la plataforma.
En esas áreas, el agua pasa por procesos de contención y tratamiento ambiental antes de ser devuelta al suelo o al sistema de reutilización.
Este manejo sigue protocolos ambientales aplicados a las operaciones espaciales en Estados Unidos.
La NASA afirma que realiza inspecciones regulares y mejoras en drenaje y materiales de revestimiento para reducir corrosión y facilitar la reutilización de la infraestructura después de cada campaña de lanzamientos.
Registros en vídeo y demostraciones públicas
Imágenes divulgadas por la agencia muestran el SLS durante las pruebas de la misión inaugural, con el sistema de diluvio en funcionamiento.
La secuencia registra el momento en que el agua es liberada sobre el deflector, formando una cortina que cubre la base de la estructura.
De acuerdo con la NASA, se trata de una simulación operativa que precede a la ignición real de los motores.
Otro vídeo muestra el Falcon 9, operado por SpaceX en cooperación con la NASA, despegando con el mismo tipo de sistema.
En las grabaciones, es posible observar la formación de la densa neblina y el escurrimiento del agua segundos antes de la propulsión.
Especialistas apuntan que el fenómeno visual es resultado directo del proceso de supresión acústica y térmica — y no un efecto estético.
Seguridad y operación continua
El uso del diluvio integra el protocolo de seguridad y mitigación de riesgos de las plataformas de lanzamiento.
Según información de la NASA, la supresión acústica protege instrumentos sensibles, evita resonancias estructurales y preserva componentes críticos.
El método también reduce daños en las áreas de concreto y metal, prolongando la vida útil de la infraestructura.
Los sistemas involucran tanques de alta capacidad, bombas de gran caudal y ductos presurizados.
Tras cada lanzamiento, técnicos realizan inspecciones para identificar corrosión o desgaste y reemplazan piezas conforme al ciclo de mantenimiento preventivo.
Esta rutina se considera parte esencial de la ingeniería de suelo que sostiene misiones espaciales tripuladas y no tripuladas.
De acuerdo con especialistas en ingeniería aeroespacial, cada nuevo cohete requiere ajustes finos en el sistema, teniendo en cuenta factores como potencia, geometría de la plataforma y comportamiento acústico de los motores.
Este proceso garantiza que el diluvio actúe con eficiencia máxima en diferentes configuraciones de lanzamiento.
Con la expansión de los programas de la NASA y de empresas privadas, la tecnología del diluvio de agua sigue siendo uno de los recursos más confiables para proteger estructuras y vehículos durante el momento más crítico de un vuelo espacial.


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