Conocido como reflejo de estornudo fótico, el acto de estornudar al mirar hacia el sol no es una alergia, sino una condición genética que afecta hasta el 35% de la población e intriga a científicos desde la Antigua Grecia.
Saliendo de un ambiente oscuro y, al mirar hacia el sol, sentir una voluntad incontrolable de estornudar. Esta situación, común para muchas personas, es conocida como reflejo de estornudo fótico. Lejos de ser un signo de enfermedad o alergia, se trata de una peculiaridad neurológica hereditaria, una especie de «corto-circuito» en el cerebro que la ciencia ha ido desvelando.
De acuerdo con un artículo publicado en la revista científica PLOS Genetics, la base para esta reacción está en nuestros genes. La historia para entender por qué un estímulo luminoso puede provocar un estornudo es fascinante y comienza hace más de dos mil años, con las observaciones del filósofo Aristóteles.
¿Qué es el reflejo de estornudo fótico? Una condición más común de lo que se imagina
El reflejo de estornudo fótico es una condición que afecta a una parte significativa de la población mundial, con estimaciones que varían entre 18% y 35%. Se caracteriza por una serie de estornudos, generalmente de dos a tres, que ocurren en sucesión tras una exposición súbita a una luz intensa, como la luz del sol o el flash de una cámara.
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El nombre técnico de la condición es Síndrome de Estornudo Helio-Oftálmico Compulsivo Autosómico Dominante, que, en inglés, forma el ingenioso acrónimo ACHOO (Autosomal Dominant Compelling Helio-Ophthalmic Outburst).
La explicación científica: un «corto-circuito» en el cerebro

La hipótesis más aceptada para explicar el estornudo fótico es la de un «cableado cruzado» en el cerebro. El proceso involucraría dos nervios craneales muy importantes:
- El nervio óptico: Responsable de llevar la información de la luz que entra en nuestros ojos hasta el cerebro.
- El nervio trigémino: Responsable de las sensaciones de la cara, incluidas las de la mucosa nasal. Es el nervio que dispara el reflejo del estornudo cuando hay una irritación en la nariz.
La teoría es que, en algunas personas, estos dos nervios están muy cerca. Cuando una luz fuerte y súbita activa intensamente el nervio óptico, la señal eléctrica «fuga» y estimula el nervio trigémino. El cerebro, entonces, interpreta este estímulo como si fuera una irritación física en la nariz, como polvo, y dispara el estornudo como una forma de defensa para expulsar un «invasor» que no existe.
Una característica hereditaria: la genética detrás del estornudo
La ciencia ya ha confirmado que el reflejo de estornudo fótico es una característica genética autosómica dominante. Esto significa que basta heredar una única copia del gen de uno de los padres para manifestar la característica. Si uno de tus padres estornuda con la luz, tienes un 50% de probabilidad de heredar esta peculiaridad.
Un estudio de asociación genómica publicado en 2010 por Nicholas Eriksson y otros investigadores fue un hito. La investigación identificó una fuerte conexión entre el reflejo y un marcador específico, el rs10427255, ubicado cerca del gen ZEB2, en el cromosoma 2.
Una curiosidad antigua: las primeras observaciones de Aristóteles a Francis Bacon

El fenómeno intriga a la humanidad desde hace siglos. El primer registro conocido proviene del filósofo griego Aristóteles, en el siglo IV a.C. En su obra Problemata, se preguntaba por qué mirar hacia el sol causaba un estornudo. Su teoría era que el calor del sol calentaba la nariz, causando una reacción.
Cientos de años después, en el siglo XVII, el científico inglés Francis Bacon también investigó el reflejo. A diferencia de Aristóteles, Bacon percibió que, si miraba hacia el sol con los ojos cerrados, el estornudo no ocurría. Concluyó correctamente que la causa estaba en los ojos, y no en el calentamiento de la nariz.
El descubrimiento moderno: cómo la ciencia entendió el reflejo
El estudio científico moderno del reflejo de estornudo fótico ganó fuerza a partir de los años 1950, cuando el investigador francés Jean Sedan notó que algunos de sus pacientes estornudaban al ser expuestos a la luz de un oftalmoscopio durante exámenes de retina.
Fue en 1978 que el Dr. W.R. Collie y su equipo crearon el acrónimo ACHOO, destacando la naturaleza hereditaria de la condición. La popularización del término y el profundización de los estudios, como el del Dr. Stephen J. Peroutka en 1984, ayudaron a consolidar el entendimiento que tenemos hoy sobre esta fascinante e inofensiva peculiaridad del cuerpo humano.

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