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El Fin de la Terminal de Autobuses Que Se Convirtió en una ‘Ciudad’ y Deja Una Mina en Disputa

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 02/11/2025 a las 15:02
O fim da rodoviária do Iguatemi redefine fluxos e comércio em Salvador, transfere o terminal para Águas Claras e reacende a disputa pelo terreno mais valioso da cidade, marcando o encerramento de um ciclo de meio século.
O fim da rodoviária do Iguatemi redefine fluxos e comércio em Salvador, transfere o terminal para Águas Claras e reacende a disputa pelo terreno mais valioso da cidade, marcando o encerramento de um ciclo de meio século. IMAGEM: Jornal Correio
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El fin de la terminal de autobuses de Iguatemi cierra un ciclo de 50 años, transfiere el eje de flujos a Águas Claras, reconfigura el comercio formal e informal y abre una disputa sobre el futuro del terreno y de la llamada “mina” de valor inmobiliario en el corazón de la ciudad

El fin de la terminal de autobuses en el entorno de Iguatemi marca un giro raro de centralidad urbana en Salvador. El equipamiento inaugurado en 1974 ayudó a crear una “ciudad” propia de servicios, empleos y sociabilidad, pero la decisión de transferir embarques y desembarques a Águas Claras redibuja rutas de pasajeros, logística de tiendas y renta de vendedores ambulantes, además de volver a colocar sobre la mesa la destinación del terreno original.

El cambio ocurre mientras el viejo terminal sigue operando con alta ocupación de ventanillas y flujo intenso. La transición moviliza comerciantes que necesitan invertir para migrar, residentes que temen la degradación del edificio vacío y autoridades que estudian la alienación del área, señalada como una “mina” estratégica por su potencial de densificación, conexión vial y valor de suelo.

Lo que termina, lo que comienza

A lo largo de cinco décadas, el terminal consolidó un ecosistema con tiendas, loterías, alimentación y servicios que abastecían no solo a viajeros sino a trabajadores del entorno.

Con el fin de la terminal de autobuses en Iguatemi, esta economía de proximidad pierde el imán diario de pasajeros y necesitará poner a prueba su resiliencia sin el movimiento de embarque y desembarque.

La nueva operación en Águas Claras promete instalaciones más amplias, diseño actualizado de circulación e integración con autobuses urbanos, pero exige capital de adaptación de operadores privados y ambulantes.

Parte de los comerciantes declara incertidumbre sobre costos de remodelación y plazos de retorno, lo que amplía el riesgo de descontinuidad de negocios en la transición.

La “ciudad” invisible que nació en el terminal

El terminal fue matriz de urbanización de la orilla de Iguatemi, impulsionando empleos, vivienda y comercio formal e informal.

La presencia continua de pasajeros creó rutina, seguridad por flujo y renta pulverizada en decenas de microactividades, desde el café temprano hasta la reparación rápida.

Este tejido social también albergó poblaciones vulnerables que usaron el espacio como refugio temporal.

El cierre de la operación, si no viene acompañado de soluciones de transición social, puede desplazar vulnerabilidades a áreas adyacentes sin ofrecer alternativas reales.

Arquitectura, memoria y riesgo de obsolescencia

El edificio, con lenguaje brutalista y elementos de concreto expuesto, es parte del catálogo de obras públicas de los años 70.

Reformas, cierres y adiciones a lo largo del tiempo alteraron la lectura original, pero el conjunto sigue siendo reconocible como pieza de época y de fuerte valor de memoria.

Sin un plan activo de reutilización, estructuras de esta escala tienden a sufrir obsolescencia rápida, con fallos eléctricos recurrentes, filtraciones y pérdida de sellado.

Preservar lo que sea patrimonio, adaptar lo que pida nueva función y demoler lo que no tenga viabilidad técnica es un tripé posible para evitar el espiral de degradación.

Comercio formal y ambulante en la transición

La migración demanda inversiones significativas en puntos comerciales y reposicionamiento de stocks.

Para los ambulantes, el desafío es aún mayor: sin garantía de reubicación, la pérdida del flujo puede derribar el faturamento de un día para otro.

Planes de convivencia regulada, con zonas definidas y reglas claras, son esenciales para evitar conflictos en la nueva área y desorden en la antigua.

En Iguatemi, la permanencia de parte del comercio sin el imán del terminal tiende a reducir márgenes.

En Águas Claras, la curva de maduración dependerá del cadenciamiento del transporte metropolitano, de la seguridad y de la señalización que distribuya el flujo entre plataformas, galerías y áreas de apoyo.

La “mina” en disputa y el futuro del terreno

Llamar al lote de Iguatemi “mina” expone lo obvio: es un activo urbano raro por escala, ubicación y accesibilidad.

Subasta, concesión o asociación para reutilización exigen contrapartidas públicas objetivas, como vivienda de interés social bien inserta, aceras amplias, movilidad activa y niveles comerciales abiertos a la calle.

Sin directrices urbanísticas firmes, el valor generado tiende a ser privatizado y los costos colectivos, socializados.

Vincular otorgas y potencial constructivo a metas de inclusión y espacios públicos calificados es el camino para transformar la “mina” en capital urbano compartido.

Movilidad, seguridad y rutas de acceso

La reubicación cambia patrones de origen-destino y presiona rampas viales, corredores de autobuses y puntos de integración.

Señalización temporal, operación asistida y monitoreo de datos en las primeras semanas son vitales para reducir ocurrencias y ajustar tiempos de ciclo.

En el antiguo terminal, iluminación, presencia de equipos y control de accesos deben ser mantenidos durante la transición para evitar ocupaciones irregulares, robo de cables y degradación acelerada.

La seguridad es condición de planificación, no solo reacción.

Políticas públicas para evitar el vacío

Video de YouTube

El fin de la terminal de autobuses necesita venir acompañado de un cronograma transparente de desmovilización, subasta o reutilización.

Programas de alquiler temporal subsidiado para ambulantes, líneas de crédito de capital de giro para comerciantes migrantes y intermediación de mano de obra pueden amortiguar el impacto sobre quienes viven día a día del terminal.

Para el edificio, usos transitorios como centro de servicios públicos, ferias, enseñanza técnica y coworking popular ayudan a mantener la vitalidad mientras se estructura el proyecto definitivo, evitando que la “ciudad” se convierta en ruina.

El fin de la terminal de autobuses en Iguatemi cierra un capítulo y abre otro en la geografía económica de Salvador.

En su opinión, ¿cuál debe ser el destino prioritario del antiguo terreno para que la “mina” de valor urbano genere beneficios públicos reales: vivienda bien ubicada, parque y equipamientos de vecindad o un polo de servicios integrados al transporte?

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Bruno Teles

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