Con 26 metros de profundidad y 58 millones de litros de capacidad, el piscinão de la Plaza Niterói es el mayor reservorio subterráneo de Río y símbolo de la lucha contra las inundaciones.
Inaugurado en 2015, el reservorio subterráneo de la Plaza Niterói, en la Zona Norte de Río de Janeiro, es una de las mayores obras de drenaje urbano jamás construidas en el país. La estructura monumental, diseñada para contener hasta 58 millones de litros de agua —el equivalente a 23 piscinas olímpicas—, fue concebida tras décadas de inundaciones devastadoras que afectaban barrios como Tijuca, Maracanã, Vila Isabel y Andaraí. El llamado “piscinão de la Plaza Niterói” forma parte de un conjunto de intervenciones que transformó la macrodrenaje de la ciudad y se convirtió en un hito de la ingeniería urbana brasileña.
Cómo funciona el piscinão y por qué es esencial
La construcción del reservorio comenzó en 2013 y se concluyó dos años después, como parte de un programa de la Alcaldía de Río para combatir las inundaciones en la cuenca de los ríos Joana y Maracanã. La estructura tiene tres grandes cámaras interconectadas por túneles y un sistema de bombas de alta potencia.
Durante tormentas, el exceso de agua que baja de las laderas y calles se desvía hacia el interior del piscinão, donde permanece almacenado hasta que el nivel de los ríos baja. Luego, el sistema de bombeo libera el volumen de forma controlada, evitando desbordamientos y inundaciones en áreas críticas.
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Cada cámara posee aproximadamente 26 metros de profundidad, lo equivalente a un edificio de ocho pisos subterráneo y fue excavada en un área densamente urbanizada, lo que exigió tecnología avanzada de contención e impermeabilización.

Ingenieros de la Fundación Río-Aguas y de la Secretaría Municipal de Infraestructura reportan que la obra utilizó técnicas similares a las aplicadas en metros, con el uso de excavaciones en anillo y concreto proyectado.
La transformación de una región marcada por inundaciones
Durante décadas, los residentes de la región de la Plaza Niterói convivieron con escenas que se repetían cada verano: coches flotando, comercios destruidos y calles inundadas en cuestión de minutos.
El piscinão cambió este panorama. Desde que comenzó a funcionar, la frecuencia e intensidad de las inundaciones han disminuido drásticamente, especialmente en las avenidas Radial Oeste y Paula Souza, dos de las más afectadas históricamente.
El comerciante Sérgio Duarte, que vive desde hace más de 30 años en la región, describió el impacto: “Antes, el agua subía hasta el mostrador de la tienda. Hoy, incluso con lluvia fuerte, el nivel baja rápido. Es la diferencia entre el caos y la normalidad”.
La obra también tuvo repercusiones urbanísticas: valorizó inmuebles, redujo las pérdidas anuales por inundaciones y comenzó a integrar el sistema de monitoreo meteorológico del municipio.
Un legado de la ingeniería urbana brasileña
El piscinão de la Plaza Niterói integra el mismo complejo hidráulico que incluye el reservorio de la Plaza da Bandeira, inaugurado en 2013, con capacidad adicional de 18 millones de litros.
Juntos, estos sistemas representan una de las mayores intervenciones subterráneas de la historia reciente de Río de Janeiro y fueron diseñados para resistir lluvias de intensidad equivalente a 50 años de recurrencia.
La ingeniería empleada en el proyecto se ha convertido en referencia en cursos técnicos y facultades de ingeniería civil. La complejidad de las excavaciones, realizadas bajo avenidas concurridas, demandó 24 horas de operación continua y monitoreo electrónico en tiempo real para evitar asentamientos en el suelo.
Mantenimiento y desafíos futuros
A pesar de la eficiencia, el sistema exige mantenimiento constante. La limpieza de pozos y conductos se realiza periódicamente por la Fundación Río-Aguas para evitar la acumulación de basura y sedimentos, que pueden comprometer la capacidad de almacenamiento.
Técnicos advierten que, aunque el piscinão reduce drásticamente los efectos de las lluvias, no elimina la necesidad de políticas de drenaje más amplias, como el control de la impermeabilización del suelo y la lucha contra la ocupación irregular en las laderas.
Otro desafío es el costo operativo. El sistema de bombeo consume grandes volúmenes de energía, especialmente durante períodos de lluvias prolongadas. Aun así, los técnicos defienden la inversión como esencial para la seguridad urbana y la prevención de desastres ambientales.
Un ejemplo para el país
Hoy, el piscinão de la Plaza Niterói se cita en congresos e informes de infraestructura como un modelo de obra pública eficiente, asociando alta ingeniería, impacto social y sostenibilidad urbana. Muestra cómo la combinación de planificación, tecnología y voluntad política puede transformar regiones enteras.
En una ciudad históricamente vulnerable a las aguas, el gigante de concreto subterráneo se ha convertido en un símbolo de resistencia, un reservorio que guarda, bajo la tierra, la esperanza de un Río menos a merced de la lluvia.


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