Descubierta de capa rochosa de 20 kilómetros debajo de las Bermudas, identificada por análisis de 396 terremotos, explica elevación oceánica mantenida hace 30 a 35 millones de años sin pluma mantélica activa.
Investigadores identificaron debajo de las Bermudas una capa rochosa de 20 kilómetros de espesor, detectada por análisis sísmicos de 396 terremotos, capaz de sostener la elevación del fondo del mar hace más de 30 millones de años sin actividad volcánica activa, alterando modelos geológicos clásicos.
El archipiélago de las Bermudas alberga debajo del fondo del Atlántico Norte una estructura geológica inusual, distinta de la corteza oceánica y del manto, que sostiene la elevación regional incluso después del fin del vulcanismo ocurrido entre 30 y 35 millones de años atrás.
La descubrimiento resulta de un estudio conducido por investigadores de la Carnegie Institution for Science y de la Universidad de Yale, publicado en la revista Geophysical Research Letters, basado en análisis sísmicos detallados realizados desde la estación BBSR, instalada en las Bermudas.
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A diferencia de archipiélagos como Hawái o Galápagos, asociados a puntos calientes activos, las Bermudas no presentan evidencias de pluma mantélica actual, aunque permanecen sobre una elevación oceánica estable, condición considerada anómala por la geofísica desde hace décadas.
El nuevo trabajo identifica una capa adicional debajo de la corteza oceánica, descrita como una estructura interna de la placa tectónica, con cerca de 20 kilómetros de espesor, que actúa como soporte mecánico para el relieve submarino.
Según los autores, esta capa funciona como una base flotante, impidiendo el hundimiento progresivo del fondo oceánico, comportamiento esperado tras el cierre de la actividad volcánica responsable de la formación inicial del archipiélago.
Una anomalía sísmica debajo de la corteza oceánica
La identificación de la estructura ocurrió mediante el análisis de ondas sísmicas generadas por terremotos distantes, método utilizado para investigar regiones inaccesibles del interior terrestre, donde perforaciones directas son inviables técnicamente.
Los investigadores aplicaron la técnica de función receptora del tipo P-para-S, que analiza la conversión de ondas sísmicas al atravesar interfaces entre materiales con propiedades físicas distintas en el interior del planeta.
Se examinaron datos de 396 terremotos con magnitud igual o superior a 5,5, registrados en diferentes regiones del mundo y captados por la estación sísmica ubicada en las Bermudas.
El análisis reveló cuatro interfaces principales debajo de la isla, siendo la más profunda correspondiente a la capa anómala situada a aproximadamente 20 kilómetros de profundidad debajo de la corteza oceánica local.
Esta estructura no había sido detectada en levantamientos sísmicos convencionales anteriores, ni registrada en modelos globales de formación de islas oceánicas, convirtiendo el hallazgo en un caso sin precedentes.
De acuerdo con el estudio, la capa presenta propiedades físicas compatibles con roca magmática solidificada, distinta tanto de la corteza oceánica superior como del manto litosférico subyacente.
Subplacaje magmático y diferencia de densidad
Los autores clasifican la estructura como una capa de subplacaje, formada por material magmático que no alcanzó la superficie durante el período de actividad volcánica, permaneciendo atrapado debajo de la corteza.
En islas volcánicas más estudiadas, como Hawái o Reunión, capas similares suelen presentar espesores entre 5 y 10 kilómetros, valor significativamente inferior al observado en las Bermudas.
En el caso bermudense, la capa alcanza cerca de 20 kilómetros, el doble de los espesores normalmente asociados a procesos de subplacaje en ambientes oceánicos comparables.
El artículo publicado en Geophysical Research Letters indica que la densidad de esta capa es aproximadamente 50 kg-m³ menor que la del manto litosférico que fue desplazado durante su formación.
Esta diferencia de densidad confiere flotabilidad suficiente para sostener la elevación del fondo del mar sin necesidad de calor adicional proveniente de una pluma mantélica activa.
Con ello, el estudio demuestra que una anomalía térmica actual no es condición obligatoria para mantener ondulaciones oceánicas de larga duración, contrariando presupuestos tradicionales de la geodinámica.
Origen asociado al vulcanismo antiguo
Las evidencias sísmicas indican que la capa se formó durante el período de mayor actividad volcánica en la región, hace más de 30 millones de años, cuando el archipiélago emergió en el Atlántico.
Durante ese estadio, el magma ascendente habría acumulado en la base de la corteza, solidificándose antes de alcanzar la superficie, formando una especie de almohadilla rocosa interna.
Tras el enfriamiento, esta estructura permaneció estable, sin signos de colapso, compactación o hundimiento significativo a lo largo de decenas de millones de años, según los datos analizados.
Estudios geoquímicos recientes, mencionados en el trabajo, apuntan que el magma asociado a las Bermudas era rico en volátiles y originado de regiones profundas del manto terrestre.
Este magma profundo posiblemente se relaciona a procesos antiguos ligados a la fragmentación del supercontinente Pangea, lo que ayuda a explicar su composición y comportamiento atípicos.
La capacidad de este material de modificar las rocas circundantes habría contribuido a la formación de una capa gruesa y mecánicamente eficiente, capaz de sostener el relieve submarino.
Persistencia de la elevación oceánica
Uno de los principales enigmas geológicos de las Bermudas siempre ha sido la permanencia de la elevación oceánica incluso después del cierre del vulcanismo regional, ocurrido entre 30 y 35 millones de años atrás.
En contextos similares, la interrupción de la actividad magmática suele llevar al enfriamiento y al hundimiento gradual de la corteza, proceso que no se verificó bajo el archipiélago.
La presencia de la capa de subplacaje ofrece una explicación coherente para esta persistencia, actuando como soporte estructural independiente de fuentes térmicas actuales.
Los registros sísmicos no indican señales de actividad mantélica contemporánea debajo de las Bermudas, reforzando la hipótesis de que la sustentación deriva exclusivamente de la estructura sólida identificada.
Esta constatación amplía la comprensión sobre mecanismos alternativos de mantenimiento del relieve oceánico a lo largo de escalas de tiempo geológicas extensas.
Limitaciones y extensión de la estructura
A pesar de la robustez de los datos, el estudio reconoce limitaciones inherentes al uso de una única estación sísmica para caracterizar la estructura a escala regional.
Con base en los modelos interpretativos, los investigadores estiman que la capa pueda extenderse entre 50 y 100 kilómetros más allá de la isla principal, aunque esta dimensión aún no puede ser confirmada con precisión.
La ausencia de una red sísmica más amplia impide la determinación exacta de los límites laterales de la estructura y su continuidad bajo el fondo oceánico adyacente.
Aun así, los autores destacan que las propiedades observadas son suficientes para explicar la elevación regional detectada y su estabilidad a lo largo de millones de años.
Nuevos levantamientos sísmicos en áreas cercanas podrán aclarar la extensión real de la capa y verificar si estructuras similares existen en otros puntos del Atlántico.
Un caso único en la geodinámica oceánica
Hasta el momento, no hay registros de capas con características similares bajo otros archipiélagos oceánicos conocidos, según enfatiza el estudio publicado.
Aunque algunas islas en los océanos Pacífico e Índico presentan indicios de subplacaje, ninguna exhibe una estructura tan espesa, estable y con densidad suficientemente baja como para sostener elevación prolongada.
Los autores afirman que las Bermudas representan, por ahora, un caso único documentado de este tipo de configuración geológica interna.
Esta singularidad plantea la posibilidad de que otros sistemas oceánicos considerados anómalos puedan ser reinterpretados a la luz de mecanismos similares, aún no detectados.
El equipo involucrado en el estudio ya inició análisis en regiones con elevaciones oceánicas inexplicadas, buscando identificar patrones comparables a lo observado en las Bermudas.
Más allá de las narrativas populares
El hallazgo desplaza el foco de los misterios asociados a las Bermudas del campo de la especulación al de la geología profunda, revelando procesos complejos ocultos bajo el fondo del mar.
La capa de 20 kilómetros de espesor representa un registro físico de eventos ocurridos hace decenas de millones de años, preservado debajo de la corteza oceánica actual.
Más que explicar el origen del archipiélago, el descubrimiento proporciona información relevante sobre el comportamiento del manto, de la corteza y de las placas tectónicas en contextos oceánicos antiguos.
El estudio refuerza que regiones consideradas bien conocidas aún pueden albergar estructuras desconocidas, accesibles solo a través de técnicas geofísicas avanzadas.
Al revelar una estructura invisible que sostiene el relieve de las Bermudas, la investigación amplía el entendimiento sobre la dinámica interna del planeta y muestra que algunos de los mayores enigmas geológicos permanecen ocultos, muy por debajo de la superficie oceánica.

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