De colonia agrícola bajo dominio japonés a líder global en semiconductores, Taiwán transformó un territorio del tamaño de Alagoas en potencia tecnológica mundial, con TSMC produciendo el 90% de los chips más avanzados del planeta
A pesar de su tamaño modesto —equivalente al estado de Alagoas— y de su escasez de recursos naturales, Taiwán se ha convertido en uno de los polos más dinámicos de la industria tecnológica global. Ubicada a solo 180 kilómetros de China y con 23 millones de habitantes, la isla es hoy la 21ª economía más grande del planeta, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Su impresionante crecimiento no fue obra del azar. La trayectoria taiwanesa combina períodos de dominio extranjero, reformas estructurales y una apuesta audaz en la industria de alta tecnología, especialmente en semiconductores.
El inicio de una transformación bajo dominio japonés
El punto de partida del llamado «milagro taiwanés» ocurrió aún a principios del siglo XX, durante la colonización japonesa, entre 1895 y 1945.
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En este período, Japón impulsó la economía local, ampliando las exportaciones de té, arroz y caña de azúcar, y creando un sistema productivo más integrado.
Además, el gobierno colonial implantó industrias de fertilizantes y textiles, lo que diversificó la pauta exportadora y aumentó el flujo de capital.
En 1899, los japoneses fundaron un Banco Central fuerte, que comenzó a emitir moneda y a estandarizar el cambio, facilitando transacciones comerciales y estimulando el crecimiento.
Este progreso, sin embargo, era desigual. Aunque las exportaciones crecían, gran parte de las ganancias seguía hacia Japón, y las familias locales continuaban con bajos ingresos.
El cambio vino tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial, cuando el control de la isla pasó a la República de China, en 1945.
De la guerra a la reconstrucción económica
En 1949, el gobierno de la República de China huyó del continente tras la victoria de los comunistas y trasladó su sede a Taiwán.
La prioridad inmediata fue reconstruir la infraestructura dañada por la guerra. Con el tiempo, el enfoque pasó a ser el fortalecimiento de la economía y la industrialización.
El Estado mantuvo una fuerte presencia en las decisiones económicas, pero, a diferencia de los japoneses, abrió espacio para la iniciativa privada.
Este cambio permitió el surgimiento de nuevos emprendedores y aceleró la modernización del país.
El primer gran plan de desarrollo buscaba transformar Taiwán de una economía esencialmente agrícola en una basada en la manufactura.
El sector textil fue elegido como base de esta transición, ya que requería menos capital y tenía un gran potencial de exportación.
El éxito de la estrategia dio nuevo impulso a la isla. El país comenzó a crear una base industrial sólida, con crecimiento constante y aumento gradual de los salarios.
La llegada de la era electrónica en Taiwán
En los años 1960 y 1970, Taiwán dio un nuevo salto al entrar en el sector electrónico. Inicialmente, las empresas locales producían aparatos simples, a menudo licenciados de corporaciones extranjeras.
Debido a la percepción de baja calidad, los fabricantes concentraron sus exportaciones en mercados emergentes, como el Sudeste Asiático, Oriente Medio y América Latina.
Estas ventas, sin embargo, generaron ingresos suficientes para modernizar las fábricas y mejorar el control de calidad.
El aprendizaje acumulado en este período fue decisivo para el siguiente paso: el nacimiento de la industria de semiconductores.
El nacimiento del Valle del Silicio asiático
La historia de esta industria en Taiwán comenzó en 1964, con la creación de un laboratorio de semiconductores en la National Chiao Tung University, en Hsinchu. El centro formó ingenieros que más tarde se convertirían en los pioneros del sector en el país.
En los primeros años, el apoyo extranjero fue limitado, ya que grandes corporaciones dudaban en invertir en líneas de producción de chips en la isla. Los costos eran altos y había desconfianza sobre la capacidad técnica local.
Aun así, el gobierno y las universidades continuaron invirtiendo. La insistencia dio resultado en los años 1980, cuando Taiwán comenzó a recibir apoyo técnico de Estados Unidos.
Esta cooperación permitió la fundación de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que se convertiría en la joya de la corona de la economía taiwanesa.
El imperio de los chips
TSMC revolucionó el modelo de producción al fabricar chips para otras empresas —una estrategia que la transformó en la mayor productora de semiconductores por contrato del mundo.
Hoy, la compañía proporciona componentes a gigantes como Apple, Amazon y Microsoft.
Actualmente, cerca del 90% de los chips más avanzados del planeta son producidos por TSMC. Estos semiconductores son esenciales para la inteligencia artificial, smartphones y supercomputadoras, convirtiendo a la empresa en una pieza central de la economía global.
Con más de 70 mil empleados, TSMC mantiene nueve fábricas en Taiwán y está expandiendo sus operaciones a países como Japón, Estados Unidos y Alemania.
Taiwán: Isla en la cima de la tecnología mundial
A pesar de la dura competencia de Corea del Sur, sede de Samsung, Taiwán sigue en la vanguardia mundial de la producción de chips. Sus productos son más eficientes, compactos y rápidos que los fabricados en otros países.
Esta supremacía tecnológica es el resultado de más de un siglo de transformaciones —desde la colonización japonesa hasta la apuesta estratégica en educación e innovación.
Hoy, el país que alguna vez exportaba arroz y té es responsable de alimentar la economía digital global con el producto más valioso de la era moderna: los semiconductores.
Con información de Veja.

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