Diseñado para ser un «tren fantasma» cargado de misiles atómicos, el tren ferroviario es la versión moderna de un arma de la Guerra Fría que podría reactivarse en cualquier momento
En las vastas vías que recorren Rusia, un fantasma de la Guerra Fría se niega a morir. Es el «tren del fin del mundo», un tren ferroviario de apariencia común, pero que esconde en sus vagones misiles balísticos intercontinentales listos para un ataque nuclear. Conocido como BZhRK «Barguzin», el proyecto es la más reciente encarnación de un arma móvil y casi indetectable, diseñada para sobrevivir a un primer ataque y garantizar una represalia devastadora.
El desarrollo del nuevo tren comenzó en 2012, pero fue oficialmente suspendido en 2017, principalmente por razones financieras. Sin embargo, el concepto de un tren ferroviario nuclear nunca se ha abandonado por completo. En un escenario de tensiones crecientes, la amenaza de reactivar esta arma, que combina sigilo y poder de fuego, sigue siendo una carta potente en la doctrina de disuasión de Rusia.
El legado soviético, el primer tren nuclear y sus fallas
Para entender el nuevo proyecto, es necesario retroceder a la Guerra Fría. El primer tren ferroviario nuclear, con el misil RT-23 «Molodets», fue la respuesta soviética a la creciente precisión de los misiles estadounidenses, que amenazaban destruir sus silos fijos. La idea era crear un objetivo móvil, que pudiera esconderse en la inmensa red ferroviaria del país.
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El sistema entró en operación en 1987, pero tenía una falla fatal: no era verdaderamente secreto. El misil «Molodets» era tan pesado (más de 100 toneladas) que el tren necesitaba de tres locomotoras para moverse y de rieles reforzados para soportar su peso. Esos factores eran una «firma» obvia, que permitía a la inteligencia occidental rastrearlo. El sistema fue desactivado en 2005, pero se aprendió la lección.
El proyecto Barguzin, el plan para el tren ferroviario del siglo XXI

Alrededor de 2012, Rusia decidió resucitar el concepto, pero de una manera mucho más inteligente. El proyecto «Barguzin», desarrollado por el Instituto de Tecnología Térmica de Moscú, fue diseñado para ser un verdadero «tren fantasma».
La clave para la magia del ‘tren fantasma’ fue el cambio de misil. El nuevo RS-24 ‘Yars’ era tan más ligero que su predecesor soviético que el vagón de lanzamiento, antes una estructura monstruosa que denunciaba el tren, ahora podía ser perfectamente disfrazado como un vagón refrigerado común. Con esto, el nuevo tren ferroviario nuclear necesitaría solo una locomotora y podría transitar por cualquier vía, convirtiéndose en virtualmente indistinguible de los miles de trenes de carga que cruzan Rusia diariamente.
Un regimiento sobre rieles, cómo funcionaría el tren nuclear
La doctrina operacional del Barguzin era impresionante. Un solo tren, o «regimiento», sería capaz de cargar seis misiles ICBM del tipo Yars. Cada misil, a su vez, puede llevar de 3 a 6 ojivas nucleares. Esto significa que un solo tren, oculto a la vista de todos, tendría el poder de fuego para devastar múltiples ciudades o objetivos militares.
La idea era tener una «división» completa, compuesta por cinco de estos trenes, totalizando 30 misiles. Ocultos en la vastedad de la red ferroviaria rusa, que se extiende por once husos horarios, estos trenes serían una «pesadilla» para los sistemas de vigilancia, garantizando la capacidad de represalia nuclear de Rusia incluso bajo el ataque más intenso.
La cancelación en 2017, ¿por qué el «tren del fin del mundo» fue puesto en hielo?
A pesar del avance del proyecto, con pruebas de lanzamiento exitosas en 2016, la noticia de su suspensión llegó el 2 de diciembre de 2017. La razón oficial, divulgada por los medios estatales rusos, fue el costo prohibitivo. En un momento de optimización de gastos, el Kremlin decidió que el proyecto era «demasiado caro».
Pero la cancelación no fue solo por falta de dinero, sino por un exceso de éxito en otras áreas. Con los misiles Yars ya operando en camiones y los nuevos submarinos de la clase Borei patrullando los océanos, la dirección rusa concluyó que ya poseía una capacidad de represalia ‘suficientemente buena’. El carísimo tren ferroviario se convirtió en una póliza de seguro redundante.
El tren que no murió, ¿por qué el ‘fantasma’ nuclear aún asombra a Occidente?
La puerta para el «tren del fin del mundo», sin embargo, nunca se ha cerrado completamente. Las autoridades rusas siempre se han referido al proyecto como «suspendido» o «congelado», no cancelado. Esto lo mantiene como una amenaza latente, una carta que puede ser colocada sobre la mesa en cualquier momento.
En 2025, con la economía rusa enfocada en la guerra de Ucrania, la reactivación del proyecto es improbable. Sin embargo, el concepto del tren ferroviario nuclear no ha sido descartado. Permanece como un as congelado, un fantasma sobre ruedas que Rusia se niega a exorcizar y que sigue asombrando los cálculos de defensa de Occidente.


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