Después del registro de 1.043 microterremotos en la región del Lago Laach, los científicos mapearon un reservorio subterráneo inclinado bajo el volcán e identificaron señales de presión y movimiento de fluidos a profundidades entre 10 y 16 kilómetros en la corteza
El volcán dormido del Lago Laach, en Alemania, volvió a llamar la atención de los científicos tras el registro de más de mil microterremotos que revelaron un reservorio subterráneo inclinado, sugiriendo que el sistema geológico debajo de la región sigue activo.
Los investigadores identificaron que más de mil pequeños terremotos ayudaron a exponer un reservorio más profundo bajo el volcán del Lago Laach. El descubrimiento contrasta con modelos anteriores que apuntaban a un cuerpo vertical de roca debajo de la estructura volcánica.
La nueva interpretación relaciona la superficie tranquila del lago con un sistema subterráneo activo que aún podría estar generando presión en el interior de la corteza. A pesar de esto, los datos no indican que una erupción esté próxima.
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Nuevo mapa subterráneo revela estructura inclinada bajo el volcán
Las evidencias surgieron a partir del análisis de fallas geológicas enterradas entre Ochtendung, cerca de Koblenz, y el Lago Laach. La mayoría de los temblores detectados se alinearon a lo largo de una zona estrecha en esta región.
Al examinar las señales sísmicas, Torsten Dahm, del Centro Helmholtz de Geociencias GFZ, mapeó un sistema subterráneo diferente al imaginado anteriormente.
El estudio reveló que el reservorio debajo del volcán está inclinado hacia la Cuenca de Neuwied.
Esta cuenca es un valle ubicado en la región del Rin y concentra muchos de los pequeños terremotos registrados durante el monitoreo. La geometría descubierta no prueba la proximidad de una erupción, pero sugiere un sistema geológico activo.
Según los investigadores, el nuevo modelo cambia la comprensión sobre la estructura subterránea del volcán y amplía el conocimiento sobre la dinámica interna del campo volcánico de la región de Eifel.
Red con más de 500 sensores investigó actividad del volcán
Para estudiar la actividad del volcán, el equipo científico instaló una red de más de 500 sensores a lo largo de las colinas de Eifel. Además, los investigadores utilizaron un cable de fibra óptica con una extensión de 64 kilómetros como instrumento adicional de observación.
La luz que recorre este cable reacciona a pequeñas deformaciones y variaciones de temperatura en el suelo. Estos cambios permiten detectar vibraciones que normalmente no serían captadas por redes sísmicas tradicionales.
En algunos puntos de la red, la distancia entre las estaciones de monitoreo se redujo a aproximadamente una milla, equivalente a unos 1,6 kilómetros. Esta densidad de observación proporcionó la visión subterránea más detallada obtenida de la región.
Con esta estructura altamente sensible, los científicos lograron identificar estructuras geológicas muy pequeñas que levantamientos anteriores no habían podido distinguir correctamente.
Más de mil microterremotos ayudan a explicar dinámica del volcán
Durante un período de un año, los investigadores registraron 1.043 microterremotos en la región del volcán. Estos eventos son tan pequeños que normalmente no son percibidos por la población.
La mayoría de estos temblores ocurrió a profundidades entre 10 y 16 kilómetros debajo de la superficie. Muchos de ellos sucedieron en secuencias rápidas y presentaron características similares, sugiriendo que pueden haber reutilizado la misma área de ruptura.
Este comportamiento es compatible con sistemas influenciados por fluidos en movimiento dentro de la corteza terrestre. La presión generada por estos fluidos puede debilitar las rocas y facilitar el desplazamiento de fallas ya tensionadas.
Sin embargo, cerca del punto más al sur de la zona de falla analizada, la secuencia de temblores presentó características diferentes. En ese lugar, los eventos se parecían más a réplicas sísmicas comunes que a un enjambre de temblores provocado por fluidos.
Reflexiones sísmicas indican presencia de fluidos magmáticos
En otras áreas debajo de la cuenca de Neuwied, los investigadores identificaron reflexiones sísmicas inusuales en las capas de roca. Estas señales indican la posible presencia de fluidos magmáticos acumulados entre las capas subterráneas.
Estos fluidos pueden incluir gases calientes y líquidos liberados durante el proceso de derretimiento de rocas profundas. Este material puede acumularse entre las capas geológicas a lo largo del tiempo.
Según Torsten Dahm, la intensidad de estas reflexiones sugiere que los fluidos están concentrados en estas capas subterráneas. Aún no está claro si el material corresponde a magma propiamente dicho o a fluidos derivados del magma.
La distinción entre estos dos tipos de material es importante para evaluar riesgos geológicos. Un saco presurizado de roca fundida puede comportarse de manera diferente que gases o agua acumulados en fisuras subterráneas.
Histórico del volcán y evidencias anteriores de actividad
El volcán del Lago Laach entró en erupción por última vez hace 13.006 años. Este evento se encuentra entre las mayores erupciones registradas en Europa al final de la Era Glacial.
Desde 2013, temblores más profundos han sido detectados entre 10 y 40 kilómetros debajo de la región del volcán. Estos registros indican que material fresco podría estar subiendo desde zonas sísmicas más profundas.
Estudios realizados en fuentes minerales cercanas también detectaron pulsos repetidos de gases provenientes de áreas profundas de la corteza. Estas señales sugieren que flujos de fluidos continúan activos en el sistema geológico de la región.
Cuando estas evidencias se analizan en conjunto con el nuevo mapa sísmico, el patrón observado comienza a parecer menos inesperado. Los investigadores consideran que los datos más recientes complementan pistas identificadas en estudios anteriores.
Presión subterránea altera comportamiento de las fallas geológicas
El equipo analizó con mayor precisión 192 eventos sísmicos registrados durante el estudio. Estos datos indicaron que el campo de tensión regional cerca del volcán presenta rotación, en lugar de permanecer constante.
Este comportamiento puede ocurrir en situaciones de sobrepresión en el interior de la corteza. En este escenario, el material en expansión empuja lateralmente las rocas y altera la manera en que las fallas geológicas se rompen.
La mayoría de los terremotos a lo largo de la falla principal presentó desplazamiento lateral. Mientras que un grupo menor de temblores ocurrió en dirección a lo que puede ser el borde oculto de una cuenca subterránea.
Algunos eventos también se propagaron hacia la superficie. Este patrón sugiere que el régimen de presión local puede variar significativamente con respecto al resto de la región.
Campo volcánico de Eifel exige monitoreo continuo
La Península de Eifel no está formada por un único volcán aislado. Se trata de un extenso campo volcánico que reúne varias crateras antiguas esparcidas por el paisaje.
En entornos de este tipo, una eventual erupción no necesariamente ocurriría en el mismo lugar de la última actividad volcánica. El magma puede abrir nuevos caminos y surgir en puntos diferentes del campo volcánico.
Mapas subterráneos más precisos ayudan a guiar el monitoreo de gases y el seguimiento sísmico de la región. Esta información también puede apoyar la planificación del uso de la tierra en áreas con actividad geológica potencial.
Los investigadores destacan que el modelo actual aún no prueba que el reservorio esté sobrepresurizado. El patrón de terremotos solo indica que los datos observados son compatibles con esta posibilidad.
Aun así, el estudio ofrece una nueva línea de base para comprender la actividad del volcán del Lago Laach. Con un panorama subterráneo más preciso, futuros disturbios en la región de Eifel podrán ser evaluados con mayor claridad.

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