La cobertura con shade balls ayudó a reducir la evaporación, derribar el bromato y limitar algas, cambiando la forma en que la ciudad protege el agua tratada
Los Ángeles adoptó una solución poco común para proteger su agua al cubrir reservorios abiertos con shade balls, pequeñas esferas de plástico que flotan en la superficie.
La estrategia comenzó en 2009 y ganó escala entre 2014 y 2015, cuando 96 millones de bolas negras fueron lanzadas en el mayor reservorio de la ciudad, el Los Ángeles Reservoir.
El impacto fue directo tanto en la economía de agua por evaporación como en la calidad, con reducción de la formación de bromato, una sustancia asociada a riesgo de cáncer cuando aparece en niveles elevados en el agua potable.
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Los Ángeles transformó reservorios en un mar de bolas negras para proteger el agua
En 2009, la ciudad colocó bolas en el reservorio Ivanho y economizó 290 millones de galones de agua en un solo año al reducir la evaporación.
El resultado llevó a la ampliación del proyecto entre 2014 y 2015, cuando 96 millones de esferas cubrieron el Los Ángeles Reservoir, dejando la superficie completamente protegida de la luz solar.
Además de la economía hídrica, la cobertura pasó a impedir reacciones químicas que elevaban el bromato a lo largo del camino entre el tratamiento y el consumo.
Qué son las shade balls y cómo estas esferas logran flotar sin hundirse
Las shade balls son esferas hechas de polietileno de alta densidad, el mismo material usado en empaques plásticos comunes en el día a día.
El color negro proviene del pigmento negro de humo, que protege el plástico contra la radiación ultravioleta del sol.
Cada bola tiene 10 centímetros de diámetro, tamaño un poco mayor que una bola de béisbol.
No son totalmente huecas. Parte del interior está rellena de agua, lo que impide que el viento las lleve y asegura que permanezcan flotando en la superficie del reservorio.

El bromato en el agua potable encendió la alerta y exigió una solución urgente
A principios de la década de 2000, el Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles identificó niveles elevados de bromato en el agua.
El bromato es una sustancia considerada carcinogénica cuando aparece en altas concentraciones en el suministro.
Se forma a partir de la reacción entre bromuro, un compuesto normalmente inofensivo, y ozono, en condiciones favorables.
Por este motivo, los sistemas de tratamiento necesitan mantener el nivel por debajo de 0,01 miligramo por litro, límite considerado seguro para el consumo humano.
Entiende cómo la luz solar, cloro y ozono elevaban el bromato en los reservorios
El problema quedó evidente cuando una empresa de bebidas detectó niveles de bromato casi tres veces por encima del límite seguro.
La estación de tratamiento presentaba índices normales, lo que indicaba que el aumento ocurría después del tratamiento.
El análisis reveló un reservorio abierto entre la estación y el punto de consumo.
En esos ambientes, la luz solar favorece la presencia de ozono, mientras que el cloro usado para controlar algas actúa como catalizador de la reacción que genera bromato.

Cubiertas, lonas y otras ideas caras fueron descartadas antes de la decisión final
Una de las primeras propuestas evaluadas fue instalar cubiertas flotantes sobre los reservorios.
El costo estimado superaba 300 millones de dólares, además de dificultar el acceso y mantenimiento.
Otra alternativa involucraba grandes lonas suspendidas sobre el agua.
A pesar de ser eficientes, requerían estructuras complejas y inviables para reservorios de gran tamaño, lo que llevó al descarte de la idea.
La solución simple que transformó una idea improbable en política pública
La propuesta final fue presentada por el biólogo retirado Brian White.
La inspiración vino de esferas usadas para impedir que aves se posen sobre lagos y piscinas.
Las pruebas mostraron que cubrir completamente la superficie del agua bloqueaba la luz de forma eficaz.
En experimentos controlados, las shade balls redujeron rápidamente el bromato, confirmando la viabilidad de la solución.
Tras la instalación de las bolas, la evaporación cayó y el bromato se desplomó
La implementación comenzó en 2009, con 400 mil bolas en el reservorio Ivanho.
La luz dejó de alcanzar el agua y los niveles de bromato cayeron significativamente.
Como beneficio adicional, hubo un ahorro de 290 millones de galones de agua en un año.
En 2015, el proyecto se amplió a 96 millones de bolas en el Los Ángeles Reservoir, cubriendo 708 hectáreas y manteniendo entre 12 y 15 metros de agua bajo la superficie.
La elección del color negro fue decisiva para reducir calor, evaporación y desgaste
A pesar de la apariencia, el color negro ayudó a bloquear la radiación antes de que alcanzara el agua.
El pigmento negro de humo absorbe la luz solar y reduce la transferencia de energía al agua.
Como las bolas están parcialmente llenas de agua, el aire interno funciona como aislante térmico.
Esto redujo la evaporación en alrededor del 80 al 90 por ciento y aumentó la durabilidad del material expuesto al sol.
El bloqueo de la luz también redujo algas y disminuyó el uso de productos químicos
La luz solar es esencial para el crecimiento de algas en reservorios abiertos.
Sin suficiente luz, la fotosíntesis se interrumpe y las algas dejan de proliferarse.
Con menos algas, el sistema requiere menos cloro en el tratamiento del agua.
Esto reduce los costos operativos y evita alteraciones visuales indeseadas en periodos de calor intenso.
Otros países siguen el modelo, pero los especialistas señalan limitaciones
La estrategia llamó la atención de otros países que enfrentan grandes pérdidas por evaporación.
Turquía evaluó el uso de bolas tras una crisis hídrica de seis años, buscando reducir pérdidas y alejar animales del agua.
España realizó pruebas a menor escala, mientras que Jordania y Marruecos también adoptaron soluciones similares.
Críticas señalaron el volumen de agua utilizado en la producción. Fueron necesarios 2,9 millones de metros cúbicos para fabricar 96 millones de bolas, mientras que hasta marzo de 2017, tras 19 meses, el ahorro era de 1,7 millones de metros cúbicos, con un retorno estimado de dos años y medio.
Los Ángeles demostró que las shade balls pueden reducir la evaporación, limitar algas y contener la formación de bromato al mismo tiempo.
La ciudad combinó la protección del agua, la economía operativa y la seguridad sanitaria al transformar sus reservorios en una solución simple y a gran escala, utilizando 96 millones de esferas flotantes como barrera permanente contra el sol.


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