Desde el punto de vista argentino, el financiamiento brasileño de este proyecto sería un alivio debido a las dificultades financieras, pudiendo incluso llevar más dólares a Argentina
En su primer viaje internacional desde la asunción, el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva sugirió, en Buenos Aires, que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) financiara el segundo tramo del gasoducto Néstor Kirchner, en Argentina. La obra transportaría gas de esquisto de las reservas de Vaca Muerta para la región metropolitana de Buenos Aires y para el sur de Brasil.
Según estimaciones de especialistas, Vaca Muerta alberga el segundo mayor yacimiento de gas de esquisto del mundo y el cuarto de petróleo no convencional. A pesar de este potencial, hay un déficit notable en infraestructuras en Argentina para distribuir estos recursos, lo que limita la capacidad del país para convertirse en una potencia exportadora a nivel regional. En este sentido, la explotación de Vaca Muerta es uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de Argentina.
Problemas financieros y limitación de inversiones de Argentina
Desde el punto de vista argentino, el financiamiento de este tramo de la obra por el banco público brasileño sería un alivio debido a las graves dificultades financieras que han limitado la inversión pública en infraestructura. Entre los desafíos económicos enfrentados por el vecino, están la inflación anual y tasas de interés altas, bajas reservas en moneda extranjera y la reestructuración de la deuda pública con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
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Desde que Alberto Fernández asumió la presidencia, en 2020, el gobierno ha apostado por medidas regulatorias heterodoxas para controlar los desequilibrios macroeconómicos. Ejemplos clave y de alto impacto para los inversores son los controles de capital para limitar el acceso al dólar y las restricciones a las importaciones y los impuestos de exportación (retenciones) para contener fugas de capitales. Las distorsiones monetarias, debido a las múltiples tasas de cambio, aún suman un desafío adicional al escenario económico de Argentina.
Dichas circunstancias no permiten que el gobierno de Fernández pueda explorar, comercializar y exportar el gas natural de Vaca Muerta. Estas exportaciones traerían los dólares que la economía argentina tanto anhela. La ayuda de Brasil, que ha sido históricamente el principal socio comercial de Argentina (perdió el puesto en 2019 ante China), sería de gran valor, incluso, para aliviar la popularidad en declive de la coalición gobernante de izquierda Frente de Todos.
Empresas brasileñas podrán participar en la licitación del gasoducto Vaca Muerta en Argentina
Ya de nuestro lado de la frontera, la conversación de Lula sacó a la luz el debate sobre el papel de los bancos estatales durante su tercer mandato. Esto se debe a que en sus dos primeros gobiernos el petista fue acusado de usar recursos públicos del BNDES en beneficio de aliados políticos en el exterior, además de abrir espacio para la corrupción, involucrando empresas brasileñas. En un intento de diferenciar el financiamiento del gasoducto de Vaca Muerta de las contrataciones pasadas en el exterior, el Ministro de Hacienda, Fernando Haddad, propuso un sistema de garantías para que el propio gas natural argentino sirviera como garantía de la inversión para mitigar riesgos de insolvencia. Además, Haddad también señalizó que las empresas brasileñas participarían en los procesos de licitación para la construcción del gasoducto. Esto es decir que Brasil se beneficiaría directamente de este proyecto, según el ministro, ya que facilitaría la importación de una commodity considerada estratégica.
La propuesta puede ser comprendida como un esfuerzo del gobierno de Lula para reposicionar a Brasil como un líder regional, mimetizando la estrategia de política exterior adoptada por el presidente en sus mandatos anteriores. La idea del presidente es que la integración regional beneficie a Brasil a nivel global ya que, en bloque, Brasil pueda incrementar su proyección de poder político y económico, lo que no logra hacer solo. Esta es la misma línea de razonamiento detrás de la creación del bloque económico del Mercosur, en los años 1990, y del arreglo entre potencias emergentes de los BRICS, a principios de los años 2000.
Otra interpretación posible es la de que iniciativas como el gasoducto, el sistema de garantías y hasta incluso la moneda-vehículo común entre Brasil y Argentina serían maneras de Brasil de mejorar la relación comercial con Argentina, a fin de recuperar la parte del mercado perdida ante China. Existe, por lo tanto, un notable cálculo geopolítico detrás del posible financiamiento del gasoducto: el Brasil de Lula pretende posicionarse como un polo autónomo de poder en el contexto de disputas entre Estados Unidos y China.
Puede ser improbable que el financiamiento del gasoducto argentino por el BNDES continúe en los próximos años
A pesar de los incentivos para ambos países, es improbable que el financiamiento avance en los próximos años. En primer lugar, la continuidad del proyecto estaría condicionada a una profunda cooperación política y económica entre los países, lo que puede ser dificultado por los futuros cambios de gobierno en cada país. En segundo lugar, es posible que la discusión sobre el financiamiento encuentre resistencia significativa en Brasil.
Además de la viabilidad financiera, los impactos socioambientales asociados a la exploración y uso del gas de esquisto representarían posibles puntos de fricción entre diferentes ministerios del gobierno. La Ministra del Medio Ambiente, Marina Silva, ya ha afirmado que la extracción de este tipo de gas es dañina para el medio ambiente y que los riesgos asociados a este proceso deben ser debidamente considerados.
Artículo Autoral Por: Marina Pera es analista de riesgo político para el Cono Sur en la consultoría Control Risks.

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