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El Pasaje de la Mujer Muerta asusta y fascina a los aventureros en el Camino Inca: una subida de 4.215 metros pone a prueba los límites físicos y emocionales en medio de los Andes peruanos

Escrito por Jefferson Augusto
Publicado el 08/06/2025 a las 19:10
Actualizado el 08/06/2025 a las 19:12
Paisagem hiper realista da Passagem da Mulher Morta na Trilha Inca, com vale sinuoso, vegetação densa e montanhas imponentes sob céu parcialmente nublado
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Conocida como el punto más temido de la Senda Inca, el Paso de la Mujer Muerta mezcla leyenda, altitud extrema y paisajes deslumbrantes, siendo el mayor desafío de los 43 km hasta Machu Picchu

El Paso de la Mujer Muerta, o Warmiwañusqa en idioma quechua, es el punto más alto, y también el más temido, de la legendaria Senda Inca rumbo a Machu Picchu. A 4.215 metros sobre el nivel del mar, este tramo es famoso por su belleza asombrosa, pero también por desafiar hasta a los caminantes más preparados, exigiendo resistencia física, aclimatación previa y fuerza de voluntad.

De acuerdo con reportajes, esta parte del trayecto es responsable de gran parte de los abandonos por mal de altura, pero también es donde muchos celebran el ápex de la jornada con emoción, fotos y hasta rituales simbólicos de conquista.

Donde la leyenda encuentra el desafío físico

El Paso de la Mujer Muerta no recibió este nombre por casualidad. De acuerdo con los habitantes locales y leyendas ancestrales, el relieve montañoso forma la silueta de una mujer tendida, figura visible cuando se observa el lugar desde el fondo del valle. Esta imagen simbólica ganó fuerza a lo largo del tiempo, convirtiéndose en parte de la mística de la Senda Inca.

El nombre original, Warmiwañusqa, combina los términos quechuas para “mujer” (warmi) y “muerta” (wañusqa). Pero no se trata solo de folclore: este es el punto de mayor elevación del recorrido, lo que transforma esta parte en una verdadera prueba de superación.

personas admiran el paisaje exuberante en la senda inca
personas admiran el paisaje exuberante en la senda inca – Reproducción web

El trayecto hasta el Paso de la Mujer Muerta comienza de forma suave, con senderos flanqueados por bosques nublados y ruinas incas. Pero a medida que la altitud aumenta, la vegetación disminuye, el aire rarificado toma el control y el calor del día puede dar paso a vientos cortantes e incluso lluvia ligera.

A 4.215 metros de altura, la dificultad para respirar es real. Según Bookmundi, los primeros síntomas del mal de altura incluyen dolor de cabeza, náuseas, mareos, fatiga intensa e incluso vómito. Esto puede ocurrir a partir de 2.400 metros y agravarse a medida que se sube.

La recomendación de los especialistas es clara: quienes pretenden hacer la Senda Inca deben pasar al menos dos días en Cusco (3.400m) antes de la partida, para aclimatar el cuerpo. También es importante evitar alcohol, bebidas energéticas y dormir bien.

Entre las soluciones tradicionales para aliviar los síntomas están el té de coca y el uso de medicamentos como acetazolamida, pero la única cura comprobada para el mal de altura es el descenso a niveles más bajos.

A pesar de todos los desafíos, la recompensa visual del Paso de la Mujer Muerta es incomparable: la cima ofrece vista panorámica de los Andes peruanos, valles cubiertos por nubes y un verdadero sentido de conquista, registrado por muchos viajeros en fotos y lágrimas.

El paso de la mujer muerta, o "Paso de la Mujer Muerta"
El paso de la mujer muerta, o «Paso de la Mujer Muerta»

El segundo día más difícil de la Senda Inca

La Senda Inca, con sus 43 kilómetros, está dividida en cuatro días. La subida hasta el Paso de la Mujer Muerta ocurre en el segundo día, considerado por muchos el más duro de todos. El tramo es casi enteramente de subida, con escaleras de piedra resbaladizas e inclinación constante.

Según informa G Adventures, este es el momento en que muchos se cuestionan por qué aceptaron el desafío, pero también el momento en que el espíritu de la jornada comienza a revelarse. El aislamiento del lugar, la altitud y la dificultad física promueven una especie de «bautismo de fuego» para los aventureros.

La senda se transforma radicalmente a lo largo del día: pasa de la vegetación densa a campos alpinos áridos. Con pocas árboles y exposición directa al clima, es común pasar por sol intenso, lluvias y vientos en un intervalo de pocas horas.

La mayoría de los grupos hacen pausas estratégicas para descansar, alimentarse con snacks energéticos y beber mucha agua. Los bastones de caminata son esenciales en este tramo, tanto para aliviar el impacto en las rodillas como para mantener el ritmo estable.

Es común ver a los senderistas emocionados al alcanzar la cima, muchos de ellos sacando fotos con los brazos en alto, gritando de felicidad o simplemente sentándose en silencio para contemplar el paisaje.

Desde la cima, comienza el descenso hacia el campamento en Pacaymayu, un tramo empinado, pero reconfortante después del esfuerzo de la subida. La bajada también es exigente, ya que forza articulaciones y músculos ya exhaustos.

La llegada al campamento trae sensación de alivio, confraternización entre los miembros de la expedición y una cena bien servida, generalmente acompañada de historias y planes para el tercer día de la jornada.

Preparación, fauna y la belleza salvaje del trecho

Superar el Paso de la Mujer Muerta exige preparación mucho más allá de lo físico. Es preciso tener una mentalidad resiliente, planificación logística y respeto por las fuerzas de la naturaleza y de la altitud. Muchos senderistas subestiman los efectos del aire rarificado y acaban sufriendo innecesariamente.

Agencias especializadas, como Inka Trail Expedition Perú, recomiendan entrenamiento previo con senderos locales, enfoque en resistencia cardiovascular, caminatas largas con carga ligera y entrenamiento de fuerza para fortalecer piernas y rodillas.

Además del desafío, este es uno de los tramos más bonitos de toda la Senda Inca. Durante la subida, los viajeros son obsequiados con visiones de la flora andina, orquídeas, bromelias, musgos, y pueden encontrar especies como el colibrí gigante, alpacas e incluso el mítico cóndor de los Andes volando sobre los acantilados.

El camino se realiza sobre piedras milenarias colocadas por los propios incas. El piso irregular, escaleras desgastadas por el tiempo y muros bajos de contención son parte de la historia viva que aún ecoa por estas montañas.

Otro elemento que hace que la experiencia sea única es el silencio. No hay tráfico, electricidad, ni señal de celular. Solo el sonido del viento, la respiración y los pasos sobre la piedra. Una reconexión rara y poderosa con la naturaleza y consigo mismo.

Al completar el segundo día y dejar el Paso de la Mujer Muerta atrás, la mayoría de los aventureros se transforma. Se sienten más fuertes, más conectados a la esencia de la jornada y más determinados a alcanzar Machu Picchu.

A partir de ahí, el resto de la senda hasta la Ciudad Perdida de los Incas se vuelve menos temido. El tramo más duro ya quedó atrás, y dejó marcas de superación que cada viajero lleva para la vida.

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