En travesía anual de riesgo máximo, pastores del Tirol del Sur conducen cien ovejas por glaciares a más de 2.800 metros entre Italia y Austria, cruzan frontera sobre puentes y nieve inestable y mantienen una tradición reconocida como patrimonio mundial de la UNESCO bajo amenaza de lobos, avalanchas, tormentas repentinas y caídas.
En la temporada de este año, en junio, pastores del Tirol del Sur volvieron a conducir alrededor de 100 ovejas por las laderas de los Alpes, saliendo de valles italianos a unos 800 metros de altitud, donde los animales pastan desde el 25 de abril, hasta los pasos alpinos ya dentro de Austria, en una ruta que supera los 2.800 metros y cruza tramos de glaciar.
Reconocida por la UNESCO como patrimonio mundial, esta transhumancia milenaria atraviesa hielo, ríos turbulentos y una frontera nacional y convive con riesgos concretos: a finales de la década de 1970, una tormenta de nieve derribó alrededor de 70 ovejas de un desfiladero y, solo en 2023, ataques de un contingente estimado en 80 lobos llevaron al estado a pagar casi 100 mil euros en indemnizaciones.
Una subida alpina de más de 3.000 metros y un título de la UNESCO

El recorrido que estos pastores realizan cada año suma más de 3.000 metros de subida en terreno severo, con nieve, hielo, piedras sueltas y travesía de ríos de deshielo.
-
España sorprende al mundo al erigir 62 dunas artificiales, mezclar arena con restos naturales de posidonia y hacer que la estructura pierda solo el 1,4% del volumen en 1 año.
-
Con 16 misiles Bulava, mejoras en la furtividad acústica y un diseño orientado a patrullas silenciosas, el submarino nuclear de Rusia nació para garantizar la retaliación invisible de Moscú y se convirtió en uno de los pilares de su fuerza en el mar.
-
Cidade ‘populosa’ en Río entre las peores de Brasil en ranking nacional y expone crisis silenciosa de desarrollo.
-
Casal compra casa en la zona Sur de São Paulo, abre una puertita escondida en el garaje y encuentra una bodega secreta con decenas de vinos antiguos olvidados desde los años 1970.
No se trata de una caminata simbólica: cada etapa exige planificación, coordinación y experiencia acumulada por generaciones.
La práctica, conocida como transhumancia alpina, hoy está reconocida como patrimonio mundial por la UNESCO, justamente por combinar manejo tradicional de ovejas, uso sostenible del paisaje y cooperación transfronteriza entre Italia y Austria.
Para los pastores del Tirol del Sur, es la prueba oficial de que lo que siempre fue “solo el modo de vida de la familia” se ha convertido en referencia global de cultura de montaña.
La travesía también tiene un impacto ecológico.
Sin el rebaño, los pastos alpinos serían rápidamente invadidos por vegetación densa, lo que alteraría el equilibrio de plantas típicas de alta montaña.
Las ovejas mantienen el mosaico de pastos abiertos que sostiene la biodiversidad local, al mismo tiempo que garantizan carne y un retorno económico mínimo a las comunidades.
Pastores del Tirol del Sur entre Italia y Austria

El punto de partida se encuentra en los valles del Tirol del Sur, del lado italiano.
Allí, pastores como Thomas reúnen las ovejas a lo largo de días, juntando animales dispersos para formar el rebaño de alrededor de 100 cabezas que completará la travesía hasta el valle de Eartstal, en Austria.
Pastores experimentados dividen la ruta en etapas, alternando subidas, travesías y pernoctas en estaciones de esquí desactivadas fuera de temporada.
La primera gran meta es la cruz de la cumbre en Tinurer, a aproximadamente 2.800 metros. Después de cerca de tres horas de escalada, la pausa es corta.
La bajada que sigue, en terreno empinado e inestable, es descrita por los pastores como casi más extenuante que la propia subida.
Aún así, todos saben que esta rutina se repite año tras año y que un resbalón aislado puede ser suficiente para acabar con vidas humanas y animales en segundos.
En la trayectoria, la transhumancia atraviesa una frontera nacional.
En uno de los tramos más sensibles, los pastores necesitan llevar el rebaño sobre un puente colgante estrecho, donde el flujo de animales debe ser rígidamente controlado para evitar pánico y caídas al río.
La regla es clara: pocos animales a la vez, siempre avanzando, nunca parando sobre el espacio vacío.
Trabajo peligroso, ingreso corto y el peso de la tradición
Para el joven Marcos, de 25 años, esto no es un espectáculo turístico, sino trabajo.
Él es contratado por alrededor de 40 criadores diferentes para cuidar de las ovejas durante el verano en un área de pasto que llega a 1.000 hectáreas en la alta montaña, a más de 2.400 metros de altitud.
En invierno, necesita buscar otras fuentes de ingreso, ya que el salario de pastor no sustenta a la familia todo el año.
Ser pastor alpino hoy significa acumular riesgos de deslizamiento de piedras, caídas en laderas y rayos, sin la contraparte de un ingreso voluminoso.
Los propios pastores admiten que, económicamente, la cría de ovejas es casi un pasatiempo.
La lana prácticamente no cubre los costos, y lo que se obtiene con la carne apenas cubre los gastos de mantenimiento.
La mayoría complementa el presupuesto con oficios paralelos, como fontanero, albañil, empleado de estación de esquí o trabajador temporal en otras actividades rurales.
Aún así, nadie quiere abandonar la transhumancia.
Para familias como la de Marcos y su hermano Johan, seguir con las ovejas montaña arriba y valle abajo significa dar continuidad a una herencia que viene de los abuelos.
Afirmaron explícitamente que trabajan para que “quien venga después de nosotros aún tenga algo”, incluso sabiendo que vivir solo de las ovejas ya no es posible.
Lobos, osos, avalanchas y clima que cambia tres veces al día
Los obstáculos no se limitan al relieve.
En las últimas décadas, el regreso de depredadores naturales a las montañas ha añadido una capa más de riesgo.
Estimaciones locales apuntan a alrededor de 80 lobos en el Tirol del Sur, además de osos que están siendo observados con más frecuencia.
En 2023, ataques a rebaños llevaron al poder público a pagar casi 100 mil euros en compensaciones a criadores.
Pastores veteranos alertan que, si el número de ataques aumenta, la viabilidad de la propia transhumancia puede verse comprometida.
En su opinión, un depredador que ataca sin control puede “romper” el equilibrio económico frágil de la actividad, desalentando a los más jóvenes a continuar.
Junto a esto, el clima de alta montaña complica aún más el cuadro: relatos de campo indican que, allí arriba, el tiempo puede cambiar tres veces al día, alternando cielo despejado, viento fuerte, nieve y neblina en pocas horas.
Hay antecedentes trágicos.
A finales de la década de 1970, una tormenta de nieve repentina hizo que cerca de 70 ovejas cayeran del camino y murieran.
Comentarios como este siguen presentes en la memoria colectiva e influyen en decisiones operativas, como posponer la subida cuando hay demasiada nieve en junio o alterar la ruta para evitar tramos con riesgo de avalancha.
Cada decisión de ruta es una negociación permanente entre tradición, seguridad y condiciones reales de la montaña.
Una rutina de soledad vigilando 100 ovejas en la alta montaña
Después de la larga jornada de subida, el trabajo de los pastores cambia de forma, pero no de intensidad. Marcos, por ejemplo, pasa semanas en una cabaña aislada, acompañado solo del perro y de alrededor de 100 ovejas.
La estructura es simple, con cocina a gas, agua corriente, electricidad básica y una cama extra para eventuales visitantes.
Él describe las mañanas en silencio, con café y vista al valle, como uno de los puntos altos del trabajo.
Todos los días recorre rutas diferentes para verificar que los animales estén bien, si no hay heridos, si el rebaño no se ha dispersado en áreas peligrosas.
Una de las tareas menos visibles y más importantes es la distribución de sal.
Al inicio de la temporada, un helicóptero lleva alrededor de 15 kilos de sal de cocina a la cima, que Marcos esparce en varios puntos.
El mineral complementa la dieta de las ovejas y ayuda a mantenerlas concentradas en determinadas áreas.
Antes de convertirse en pastor, Marcos se graduó como albañil, pero abandonó la obra por la montaña.
Él afirma que le gusta ver a los corderos llegar pequeños en la primavera y, en otoño, volver más grandes, más fuertes, con lana abundante y buen peso.
Para él, acompañar este ciclo completo de crecimiento de los animales es la principal recompensa emocional de un trabajo que paga poco y exige mucho.
Hermanos en valles diferentes y una tradición que resiste
Mientras Marcos vigila el rebaño en la parte alta, el hermano Johan cuida de animales en el lado italiano, más abajo en el valle de Schnalstal, durmiendo en casa y dividiendo el tiempo entre la granja, el pastoreo y el trabajo en la estación de esquí en invierno.
Casi no se ven durante el verano; cuando se encuentran, conversan rápidamente sobre las ovejas, intercambian impresiones sobre el clima y siguen su camino.
Para Johan, trabajar en los campos del Tirol del Sur es la única forma de vida que tiene sentido.
Él afirma que, al subir la montaña, puede “dejar atrás el estrés” y que la visión de animales saludables, bien alimentados, basta como justificación para continuar.
Al mismo tiempo, reconoce que depende de ingresos complementarios para mantener la propiedad y sustentar a la familia.
Los dos hermanos representan una generación de pastores que necesita equilibrar tradición y pragmatismo.
Ellos participan en asociaciones de criadores de ovejas y cabras que organizan la transhumancia, comparten costos y responsabilidades y forman jóvenes talentos.
La expectativa es que esta renovación sea suficiente para mantener la actividad viva, desde que riesgos como ataques de depredadores y eventos climáticos extremos permanezcan bajo algún grado de control.
La larga bajada, la contabilidad final y el futuro de la transhumancia
Al final del verano, el trabajo se invierte.
Pastores y ovejas dejan los prados alpinos y regresan al valle.
La operación repite muchos de los desafíos de la subida: travesía del puente colgante, tramos empinados donde una caída puede ser fatal, riesgo de cambio brusco del tiempo.
En uno de los retornos recientes, la neblina, la lluvia y el viento frío acompañaron toda la caminata de más de ocho horas hasta el fondo del valle.
Esta vez, los números finales fueron considerados excelentes: solo dos animales muertos durante toda la temporada y ninguna fractura o herida en la bajada.
El tesorero de la asociación revisó rebaño por rebaño antes de declarar que todo había salido bien.
Para los pastores, el alivio es visible, pero la conclusión es siempre la misma: “harémoslo de nuevo el año que viene”.
Con la tradición ahora registrada por la UNESCO, con lobos y osos de vuelta a las montañas y con jóvenes divididos entre empleos urbanos y la vida en el campo, la transhumancia alpina del Tirol del Sur se convierte en una prueba viva de equilibrio entre economía, cultura y naturaleza.
En su opinión, los pastores deben continuar arriesgando vida y rebaño en los glaciares para mantener esta tradición milenaria de los Alpes o ya es hora de repensar este ritual de montaña para las próximas generaciones?


Quando morei na França entre 1975 e 1979 fazendo um doutorado conheci uma pastora que veio da Alemanha a convite do governo francês ela recebia um salário para manter o pastoreio nos Pirineus montanha deserta sem gente ou cultura ou população. Desde a época de Carlos Magno que havia a preocupação geo política de ocupação de área desabitada. Antes da 2a guerra a frança vhamou colonos italianos para ociparemmo Gers.ou
Simplesmente, fantástico!!!