En medio a stock críticos tras años de apoyo militar a Ucrania y la guerra de 12 días entre Israel e Irán, el Pentágono acelera la carrera armamentista contra Pekín y presiona gigantes como Lockheed Martin a entregar miles de misiles hasta 2026.
La alerta partió de una de las instituciones de defensa más influyentes del planeta. El Pentágono emitió una orden urgente para que la industria americana cuadruplique la producción de armas y misiles en los próximos años. La meta no es solo reforzar los arsenales, sino también prepararse para un eventual conflicto directo con China en el Pacífico.
Según información divulgada por el Wall Street Journal, la prioridad incluye 12 sistemas de armas, con énfasis en los misiles Patriot, cruciales en la defensa aérea moderna. Esta determinación representa un salto inédito de escala, ya que Estados Unidos desea duplicar o incluso cuadruplicar las tasas actuales de producción para compensar años de agotamiento de los stocks.
Lockheed Martin ya ha recibido 10 mil millones de dólares para fabricar 2.000 Patriot PAC-3
El ejemplo más emblemático de este esfuerzo es Lockheed Martin, gigante de la defensa que ya ha recibido casi 10 mil millones de dólares para producir alrededor de 2.000 misiles PAC-3 hasta 2026. Estos interceptores son considerados vitales no solo para los EE. UU., sino también para aliados como Ucrania e Israel.
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El objetivo es simple: recomponer rápidamente los arsenales americanos, gravemente afectados por más de tres años y medio de envíos intensos de armamentos a Ucrania y por los sucesivos conflictos en el Oriente Medio. La reciente guerra de 12 días entre Israel e Irán, en la que se dispararon más de 600 misiles balísticos iraníes, solo aceleró esa urgencia.
Stocks peligrosamente bajos ya han afectado entregas a Ucrania
El problema alcanzó un punto crítico en julio de 2025, cuando el Pentágono se vio obligado a pausar envíos de municiones de precisión y misiles de defensa aérea para Kiev. La justificación fue clara: los arsenales americanos estaban peligrosamente reducidos, sobre todo en lo que respecta a las defensas aéreas de largo alcance.
Este corte impactó directamente a los Patriot, sistema desarrollado en los años 1980 que se convirtió en el pilar de la defensa occidental contra misiles balísticos y aeronaves a grandes altitudes. En Ucrania, estos misiles representaron un divisor de aguas, permitiendo interceptar proyectiles rusos avanzados como el Iskander. Sin embargo, el uso intensivo, con cientos de disparos entre 2024 y 2025, drenó rápidamente las reservas.
Oriente Medio agota aún más los arsenales americanos
Si Ucrania ya había drenado los stocks, el Oriente Medio completó el cuadro de escasez. La guerra entre Israel e Irán en 2025 estuvo marcada por el lanzamiento de más de 600 misiles balísticos iraníes contra el territorio israelí. Gracias al apoyo americano, con suministro de sistemas Patriot, más del 80% de esas amenazas fueron interceptadas.
Al mismo tiempo, los rebeldes hutíes de Yemen, apoyados por Teherán, obligaron a Estados Unidos a reforzar su presencia en el Mar Rojo, aumentando de dos a cinco destructores para proteger barcos y rutas comerciales. El costo de este esfuerzo fue alto: stocks aún más reducidos y una prueba de que, en guerras de alta intensidad, el factor decisivo no es solo la calidad tecnológica, sino también la cantidad de armamentos disponibles.
Cómo el fin de la Guerra Fría llevó al colapso de la producción en masa
Para los expertos, el gran responsable de este escenario es el desinversión tras la caída de la Unión Soviética. Occidente priorizó tecnología de punta y sistemas avanzados, pero negligió la producción en escala. La creencia dominante era que los futuros conflictos serían asimétricos, involucrando coaliciones de países occidentales contra estados más débiles.
El resultado fue una industria bélica capaz de entregar armas sofisticadas, como los Patriots, pero en volúmenes insuficientes para los combates que volvieron a surgir. Esta lección quedó clara en los conflictos recientes: tanto en Ucrania como en Israel, la escasez mostró que incluso superpotencias pueden verse vulnerables ante una guerra prolongada.
Carrera armamentista con China acelera en el Pacífico
No obstante, la preocupación mayor no está solo en el Este de Europa o en el Oriente Medio, sino en el Pacífico. El Pentágono dejó claro que su principal temor es una ofensiva de China contra Taiwán o incluso contra las Filipinas.
El número de incursiones chinas en el espacio aéreo de Taiwán se disparó de algunas decenas en 2020 a más de 3.000 solo en 2024, según datos oficiales. En 2025, los informes parciales ya apuntan a cifras alarmantes, alimentando el temor de un ataque multifrontal para alterar el equilibrio de poder regional.
Con la Marina china creciendo rápidamente y Pekín reclamando prácticamente todo el Mar del Sur de China, los incidentes violentos con barcos filipinos se han multiplicado. En este escenario, Washington busca fortalecer alianzas y, sobre todo, asegurar que no será sorprendido con stocks vacíos.
Producción cuadruplicada es cuestión de supervivencia estratégica
Con la guerra de Ucrania en curso, el apoyo continuo a Israel y la posibilidad de una ofensiva china en el horizonte, la orden del Pentágono para multiplicar por cuatro la producción de armas se ve no solo como una estrategia de reposición, sino como cuestión de supervivencia geopolítica.
Según análisis de Newsweek y del Wall Street Journal, Estados Unidos necesita prepararse para el escenario en que dos o incluso tres conflictos de alta intensidad ocurran simultáneamente. En este caso, incluso la mayor potencia militar del planeta tendría dificultad en sostener el ritmo con la capacidad actual de fabricación.
Así, al ordenar este salto de producción, Washington envía un mensaje claro: la carrera armamentista con China ya no es una previsión distante, sino una realidad urgente.


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