Cómo un animal del tamaño de la palma de la mano desafía a la biología al encogerse y regenerar el cerebro estacionalmente, abriendo caminos inéditos para el estudio de la neurodegeneración humana
Durante la preparación para el invierno, un pequeño mamífero casi imperceptible a los ojos humanos realiza un hecho que desafía conceptos fundamentales de la biología moderna. El musaraña común (Sorex araneus), un animal de metabolismo acelerado y vida discreta, logra reducir el volumen de su propio cerebro en alrededor del 30% como estrategia para ahorrar energía en los meses más fríos. Sin embargo, lo más sorprendente ocurre en primavera, cuando ese mismo cerebro vuelve a crecer, recuperando su estructura original sin pérdida de neuronas.
La información fue divulgada por el sitio ScienceAlert, con base en un estudio reciente publicado en la revista científica Molecular Biology and Evolution, que investigó los mecanismos genéticos y evolutivos detrás de este fenómeno raro. Según los investigadores, se trata de una adaptación extrema, perfeccionada a lo largo de miles de años, que permite al animal sobrevivir a la escasez de alimento sin recurrir a la hibernación.
Este proceso, aunque parece casi ciencia ficción, es real, medible y documentado. Más que eso, puede proporcionar pistas valiosas para comprender y tratar enfermedades neurodegenerativas en humanos, como Alzheimer y Parkinson.
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El fenómeno de Dehnel y la adaptación extrema al invierno
Este comportamiento inusual es conocido como fenómeno de Dehnel, nombre dado en honor al zoólogo polaco August Dehnel, quien describió por primera vez esta capacidad extraordinaria. A diferencia de otros mamíferos que enfrentan el invierno reduciendo actividades o hibernando, la musaraña mantiene una rutina activa, incluso cuando el alimento se vuelve escaso.
Justamente por poseer un metabolismo extremadamente rápido, la musaraña necesita adoptar medidas radicales para reducir el gasto energético. Además del cerebro, otros órganos y estructuras corporales también sufren reducción estacional, pero es el encogimiento cerebral lo que más intriga a los científicos.
Aunque es raro, el fenómeno de Dehnel no ocurre solo en musarañas. Especies como la topo europeo (Talpa europaea), la comadreja (Mustela nivalis) y el arminio (Mustela erminea) también presentan reducción del tamaño del cerebro según las estaciones del año. Todos estos animales comparten características importantes: metabolismo elevado, ausencia de hibernación y alta demanda energética continua.
De esta manera, la reducción cerebral surge como una solución evolutiva extrema, pero altamente eficiente, para sobrevivir en ambientes hostiles.
Genes, agua y supervivencia celular: qué sucede dentro del cerebro
Para entender cómo este proceso ocurre sin causar daños irreversibles, un equipo liderado por el ecólogo William Thomas, de la Stony Brook University, en Estados Unidos, realizó el mapeo completo del genoma de la musaraña común. El estudio comparó este genoma con el de otros mamíferos que también exhiben el fenómeno de Dehnel.
Además, los investigadores analizaron cambios estacionales en la expresión genética en dos regiones específicas del cerebro del animal. El objetivo era identificar qué genes se volvían más activos durante el período de encogimiento y posterior regeneración cerebral.
Los resultados revelaron que genes asociados a la creación y mantenimiento de células cerebrales permanecen activos, incluso durante la reducción del volumen del cerebro. Esto indica que el proceso no involucra muerte neuronal, sino una reorganización estructural temporal.
En 2025, los científicos descubrieron que la disminución del tamaño del cerebro está ligada principalmente a la pérdida de agua, y no a la pérdida de células. Genes relacionados con la regulación hídrica fueron altamente activados, reforzando la teoría de que el cerebro de la musaraña “se deshidrata” temporalmente para reducir volumen y consumo energético.
Otro hallazgo relevante fue la alta expresión del gen VEGFA, asociado a la permeabilidad de la barrera hematoencefálica, lo que puede mejorar la percepción de nutrientes por el cerebro en períodos críticos. Además, el genoma de la musaraña mostró un enriquecimiento de genes ligados a la reparación del ADN y a la longevidad celular, sugiriendo un sistema biológico altamente refinado para evitar daños permanentes.
Lo que este pequeño animal puede enseñar sobre el cerebro humano
Según los autores del estudio, el conjunto de estas adaptaciones apunta a “un sistema finamente ajustado que permite a las musarañas regular de forma reversible el encogimiento cerebral, evitando los efectos perjudiciales normalmente asociados a la neurodegeneración”.
La bióloga celular Aurora Ruiz-Herrera, de la Universidad Autónoma de Barcelona, destaca que los genes relacionados con el equilibrio energético y la barrera hematoencefálica pueden convertirse en biomarcadores importantes en el futuro. Estos elementos, según ella, pueden servir como base para el desarrollo de nuevas terapias para enfermedades neurodegenerativas, siempre con cautela al extrapolar resultados de animales a humanos.
Aun así, el estudio refuerza una idea poderosa: la naturaleza ya ha desarrollado soluciones que la medicina moderna aún intenta comprender. Al observar cómo un animal tan pequeño puede preservar neuronas, reparar ADN y revertir alteraciones estructurales en el cerebro, la ciencia humana gana un nuevo horizonte de posibilidades.
La musaraña, a menudo ignorada por su apariencia simple, puede convertirse en una de las claves para desentrañar los misterios más complejos del cerebro humano.
Fuente: ScienceAlert



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