La sonda Solar Orbiter fotografía el polo del Sol por primera vez y revela un campo magnético desorganizado que puede impactar las previsiones de tormentas solares.
Toda imagen del Sol ya vista por la humanidad fue registrada desde el plano ecuatorial. No por elección, sino por limitación física: la Tierra, los planetas y las sondas orbitan dentro de un disco llamado plano eclíptico, con una inclinación máxima de alrededor de 7 grados respecto al ecuador solar. Esta limitación impedía la observación directa de los polos de la estrella. Según la ESA, la Scientific American, la Smithsonian Magazine y la BBC Sky at Night, en marzo de 2025 la sonda Solar Orbiter, misión de aproximadamente 1.500 millones de dólares liderada por la Agencia Espacial Europea con participación de la NASA, rompió esta barrera al inclinar su órbita 17 grados por debajo del ecuador solar y, el 11 de junio, divulgó las primeras imágenes directas del polo sur del Sol.
El resultado representa un cambio estructural en la forma en que la ciencia observa y comprende la estrella.
El plano eclíptico limitó las observaciones solares durante siglos e impidió la visión de los polos
El sistema solar se formó a partir de un disco de polvo y gas en rotación, lo que determinó la orientación orbital de los planetas y demás cuerpos celestes.
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Como consecuencia, todas las misiones espaciales siguieron este mismo plano. Salir de esta geometría requiere un alto gasto energético y maniobras gravitacionales complejas.
La misión Ulysses, operada entre 1990 y 2009, fue la única en estudiar los polos solares anteriormente, pero no contaba con cámaras. Recolectó datos de partículas y campos magnéticos, pero no produjo imágenes, manteniendo los polos solares invisibles hasta entonces.
Las maniobras gravitacionales con Venus permitieron una inclinación orbital inédita de la Solar Orbiter
La Solar Orbiter fue lanzada en febrero de 2020 y utilizó asistencias gravitacionales de Venus para alterar gradualmente su trayectoria.
Tras múltiples pasajes por el planeta, la sonda alcanzó en 2025 una inclinación de 17 grados respecto al ecuador solar, más del doble de lo alcanzado por misiones anteriores con capacidad de imagenado.
Este avance permitió que los polos del Sol entraran en el campo de visión de los instrumentos ópticos por primera vez en la historia. Las primeras observaciones ocurrieron en marzo de 2025, con tres instrumentos operando simultáneamente.
El PHI registró imágenes en luz visible y mapeó el campo magnético de la superficie. El EUI capturó la atmósfera solar en ultravioleta. El SPICE midió la velocidad del material en diferentes capas. La combinación de estos datos permitió un análisis tridimensional inédito de la región polar del Sol.
El campo magnético del polo solar aparece desorganizado durante el máximo del ciclo solar
Las imágenes revelaron un comportamiento inesperado del campo magnético solar.
En lugar de presentar una polaridad dominante, el polo sur exhibió regiones con polaridades opuestas mezcladas, indicando un estado altamente desorganizado.
Este fenómeno está asociado al máximo solar, fase del ciclo de aproximadamente 11 años en la que el campo magnético de la estrella se invierte.
La observación directa de esta condición proporciona evidencia visual de procesos que antes eran solo teóricos.
El ciclo solar de 11 años aún desafía previsiones y depende de datos de los polos
El ciclo solar regula la actividad de la estrella, alternando períodos de baja y alta intensidad. Durante el máximo solar, hay un aumento de manchas solares, erupciones y eyecciones de masa coronal.
Los modelos actuales presentan limitaciones porque fueron construidos con base en observaciones restringidas al plano ecuatorial. La inclusión de datos polares representa un avance crítico para mejorar la capacidad de previsión de estos ciclos.
Datos recolectados indicaron que el material magnético se desplaza hacia los polos a velocidades entre 10 y 20 metros por segundo.
Este valor es significativamente mayor que el previsto por modelos anteriores. Este descubrimiento impacta directamente la comprensión sobre la formación de ciclos solares futuros, ya que los flujos polares son responsables de definir la intensidad del próximo ciclo.
Las tormentas solares pueden afectar satélites, GPS y redes eléctricas en la Tierra
La relevancia de estos descubrimientos va más allá de la ciencia teórica. Las tormentas solares pueden generar impactos directos en la infraestructura terrestre, incluyendo fallos en satélites, interrupciones en sistemas de navegación y daños a redes eléctricas.
Eventos históricos demuestran este riesgo, como el apagón de Quebec en 1989 y daños registrados en transformadores en Sudáfrica en 2003. La mejora en las previsiones es esencial para mitigar estos impactos.
La observación del viento solar en tres dimensiones amplía la comprensión de la heliosfera
La Solar Orbiter también mide el viento solar, flujo continuo de partículas cargadas emitidas por la estrella. La nueva perspectiva permite analizar la expansión de este flujo en tres dimensiones, contribuyendo al entendimiento de la heliosfera, la región que envuelve el sistema solar y protege contra radiación cósmica.
Este análisis es fundamental para comprender el ambiente espacial que influye en satélites y misiones tripuladas. La sonda ya había demostrado su capacidad al registrar una erupción solar de clase M7.7 en septiembre de 2024.
Los datos revelaron la formación de estructuras magnéticas inestables antes de la erupción, indicando posibles caminos para prever estos eventos con mayor anticipación. La misión continuará utilizando asistencias gravitacionales para aumentar la inclinación orbital.
Se prevé alcanzar 24 grados en 2026 y 33 grados en 2029, permitiendo observaciones aún más directas de los polos solares. Cada avance amplía la cantidad y la calidad de los datos recolectados.
La posible existencia de estructuras polares en el Sol puede redefinir modelos de dinámica estelar
Datos iniciales indican la posibilidad de estructuras dinámicas en la región polar, cuya naturaleza aún está en análisis.
Si se confirman, estas formaciones pueden representar nuevos elementos en la dinámica interna de la estrella y exigir revisión de los modelos actuales.
La misión representa un hito en la ciencia solar al proporcionar una visión que nunca había sido posible. La observación directa de los polos abre camino para avances en la comprensión de la actividad solar y sus impactos.
El cambio de perspectiva reveló limitaciones en los modelos existentes e indicó la necesidad de revisión de conceptos consolidados. Con datos inéditos y observaciones directas de los polos solares, la ciencia pasa a tener acceso a información que puede redefinir previsiones y estrategias de mitigación de riesgos.
En su opinión, ¿serán suficientes estos descubrimientos para hacer las previsiones solares más precisas o aún existen lagunas importantes que deben ser llenadas?

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