Entienda por qué el Río Grande del Sur se inundó en 2024 según investigadores del Cemaden y de la Unesp, que vinculan lluvia excepcional, lago Guaíba en nivel récord, deforestación, expansión urbana desordenada y pérdida de áreas naturales al mayor desastre ambiental de la historia gaucha, y millones de personas afectadas en 2024.
En mayo de 2024, el Río Grande del Sur vivió la mayor tragedia ambiental de su historia reciente: lluvias extremas, inundaciones sucesivas y el lago Guaíba en nivel récord expusieron, de forma brutal, por qué el Río Grande del Sur se inundó en 2024 y cómo poblaciones enteras fueron puestas en riesgo. En total, cerca de 2,3 millones de personas en 471 municipios fueron afectadas, 600 mil necesitaron dejar sus hogares y 173 habitantes murieron, en un escenario que superó en escala la crecida histórica de 1941 en Porto Alegre.
Un año después, un estudio de investigadores del Cemaden y del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Unesp en São José dos Campos reconstruyó, en detalle, las causas naturales y antrópicas que convergieron para el desastre. El trabajo combina modelación hidrodinámica, datos de lluvia, series históricas del nivel del Guaíba y mapas de uso del suelo para mostrar que lluvias fuera de la curva encontraron un territorio más deforestado, más asfaltado y con gran concentración de personas en áreas de alta susceptibilidad a la inundación, respondiendo en lenguaje técnico y con números por qué el Río Grande del Sur se inundó en 2024.
Cómo la ciencia respondió por qué el Río Grande del Sur se inundó en 2024

El estudio, firmado por 17 investigadores, parte de una pregunta central: ¿cuáles factores físicos y antrópicos explican por qué el Río Grande del Sur se inundó en 2024 en esa escala.
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Para ello, los científicos cruzaron datos hidrológicos, climáticos y urbanos de la región metropolitana de Porto Alegre y de cuencas como Jacuí, Taquari y Caí, que actuaron en conjunto durante el evento.
El equipo utilizó un modelo hidrodinámico para simular cómo el agua se comporta cuando las cuencas vierten grandes volúmenes en el sistema Guaíba, considerando relieve, ocupación del suelo y áreas impermeabilizadas.
El resultado es contundente: casi el 18 por ciento de la región metropolitana de Porto Alegre aparece en zonas clasificadas como de riesgo extremo de inundación, incluyendo barrios densamente ocupados.
Según el coordinador del grupo en la Unesp, Enner Alcântara, los datos evidencian la combinación entre lluvia extrema y vulnerabilidad construida.
No fue solo un episodio climático aislado, sino la actuación simultánea de cuencas sobrecargadas, laderas desprotegidas, áreas húmedas reducidas y ciudades mucho más asfaltadas que hace algunas décadas.
De 1941 a 2024: cuando el Guaíba superó todos los límites

La comparación con el pasado ayuda a dimensionar el salto de gravedad. En 1941, la crecida histórica en Porto Alegre inundó alrededor de 15 mil viviendas, desplazó 70 mil personas y mantuvo un tercio de los establecimientos comerciales e industriales anegados durante cerca de 40 días, en una ciudad que tenía 272 mil habitantes.
En 2024, el efecto fue más amplio y más intenso.
La lámina de agua del lago Guaíba alcanzó 5,35 metros en el Cais Mauá, 59 centímetros por encima de lo registrado en 1941.
La diferencia crucial está en la escala geográfica: mientras que la crecida antigua se concentró principalmente en la cuenca del Jacuí, la de 2024 involucró simultáneamente Jacuí, Taquari y Caí, ampliando el área afectada y dificultando cualquier respuesta coordinada.
Con una Porto Alegre hoy de 1,3 millón de habitantes, y una región metropolitana mucho más densa y asfaltada, el mismo tipo de evento hidrológico produce ahora impactos mucho más destructivos.
El estudio muestra que, a lo largo de décadas, sucesivos gobiernos se apoyaron en la percepción de que las obras de defensa contra inundaciones eran suficientes, sin incorporar al planificación el nuevo escenario de eventos extremos más frecuentes e intensos.
Lluvias extremas, cambios climáticos y el colapso de la absorción natural

Los datos de lluvia analizados por los investigadores confirman que el episodio de 2024 fue extraordinario en intensidad y persistencia.
En abril de 2024, la precipitación acumulada en la región metropolitana de Porto Alegre varió entre 50 milímetros y 250 milímetros, con anomalías de hasta 200 milímetros por encima de la media histórica considerada entre 2001 y 2023.
En mayo de 2024, la situación se agravó: la región recibió entre 200 milímetros y 400 milímetros de lluvia, con distorsiones en relación a la media que llegaron a 450 milímetros.
En la parte norte de la Gran Porto Alegre, hubo puntos con más de 500 milímetros de precipitación en un solo mes. Para un territorio ya presionado, estos volúmenes son suficientes para romper cualquier margen de seguridad.
El climatólogo José Marengo, también autor del estudio, destaca que los cambios climáticos globales están aumentando la probabilidad de episodios de este tipo en el Sur y en otras regiones del país. Según él, la tormenta, aislada, no es la tragedia.
El desastre ocurre cuando lluvias intensas afectan a poblaciones altamente vulnerables, en áreas mal planificadas, con drenaje insuficiente y poca capacidad de absorción del suelo.
Deforestación, expansión urbana y exceso de asfalto en la ruta del agua
La pregunta por qué el Río Grande del Sur se inundó en 2024 no se responde solo con mapas de lluvia. El estudio muestra que, entre 1985 y 2020, la región metropolitana de Porto Alegre pasó por un proceso continuo de pérdida de vegetación natural y ampliación de áreas urbanizadas impermeables.
En términos de bosques, todas las ciudades evaluadas sufrieron pérdidas, con variaciones que alcanzan hasta 85 kilómetros cuadrados en determinados períodos.
Los municipios de Arroio dos Ratos, Dourado do Sul, Montenegro, São Jerônimo y Triunfo, al oeste de la capital, están entre los que más han perdido cobertura forestal.
En las formaciones naturales no forestales, como áreas anegables, campos y restingas, las pérdidas son aún más expresivas, con variaciones de hasta 121 kilómetros cuadrados y caídas acumuladas que superan 670 kilómetros cuadrados en algunos intervalos, especialmente entre 2000 y 2005 y 2015 y 2020.
Ciudades como Glorinha, Gravataí, Guaíba, Santo Antônio da Patrulha y Viamão presentan reducción significativa de estos ambientes que funcionan como zonas naturales de amortiguamiento hídrico.
En dirección opuesta, las áreas impermeabilizadas por la expansión urbana crecieron de forma acelerada. Municipios como Alvorada, Canoas, Gravataí, Novo Hamburgo, São Leopoldo y Viamão registraron aumento consistente de superficies cubiertas por asfalto y concreto, con Porto Alegre liderando la lista.
En total, más de 14 kilómetros cuadrados de nuevas áreas impermeables surgieron solo en los primeros 15 años del período analizado, dificultando el drenaje del agua de las lluvias.
El resultado es un territorio que perdió capacidad de infiltración, redujo bañados y áreas inundables y concentró más personas exactamente en las franjas de baja altitud y alta susceptibilidad a inundaciones.
Cuando las lluvias extremas de abril y mayo de 2024 llegaron, faltaba espacio natural para contener el agua y sobraban superficies rígidas que aceleraban el drenaje hacia ríos ya saturados.
Qué necesita cambiar después de la mayor tragedia ambiental del estado
Con base en el modelo hidrodinámico y en las series de uso del suelo, los autores del estudio defienden que la respuesta no puede limitarse a obras emergenciales después del desastre.
Es necesario revisar la planificación urbana, actualizar mapas de riesgo, recuperar vegetación natural estratégica y modernizar infraestructuras de drenaje que hoy operan al límite.
Entre las medidas destacadas están:
restauración de áreas de bañados y valles, que funcionan como esponjas naturales en eventos extremos
revisión de ocupaciones en zonas de alto riesgo, con políticas de remoción gradual y reasentamiento digno
integración de datos climáticos, hidrológicos y sociales en sistemas de alerta temprana que sean comprensibles para la población
planificación de expansión urbana que limite la impermeabilización continua y preserve corredores de drenaje natural
Los científicos advierten que la experiencia gaucha es una advertencia directa para ciudades situadas en regiones como Serra do Mar, Serra da Mantiqueira y otros corredores de relieve sensible, donde la combinación de urbanización desordenada con eventos climáticos extremos tiende a repetirse en las próximas décadas.
En un escenario en el que modelos climáticos ya indican lluvias más intensas y frecuentes en varias áreas del país, la respuesta a la pregunta por qué el Río Grande del Sur se inundó en 2024 no puede restringirse a los informes académicos.
Debe orientar decisiones políticas, planes directores, obras públicas y fiscalización ambiental, bajo pena de transformar eventos extremos en rutina de tragedias evitables.
En su evaluación, ¿cuál debería ser la prioridad número uno de los gobiernos para evitar una nueva inundación como la de 2024 en el Río Grande del Sur? recuperar áreas naturales, revisar ocupaciones en zonas de riesgo o modernizar toda la infraestructura de drenaje urbana?

A ocupação desordenada nas várzea de rios e corpos d’água, o assoreamento desses rios e das bacias de depósitos hídricos, o desastre só não foi maior devido a dragagem executada no canal de Rio Grande ao qual permitiu vazante durante todo o período de enchente…as plantações e desmatamentos nas encostas acelerando o processo de erosão e dando consequência no assoreamento permitindo a ocupação expressiva das várzea muitas vezes ocupadas pela urbanização.