En Brasil, perforar y usar un pozo artesiano sin autorización del poder público está prohibido desde la Constitución Federal de 1988, que estableció el agua subterránea como bien de dominio público. La captación sin concesión puede generar multas y procesos, incluso en propiedades particulares.
Desde 1988, la Constitución Federal determinó que toda el agua subterránea pertenece al dominio público, incluso la ubicada en terrenos privados. Antes de eso, los propietarios tenían derecho pleno sobre el recurso hídrico encontrado en sus propiedades.
A partir de 1997, la Ley n.º 9.433, conocida como Ley de las Aguas, pasó a obligar autorización previa, llamada concesión, para cualquier captación significativa de agua subterránea, con el fin de controlar el uso y proteger acuíferos.
En algunos estados, como São Paulo, existen límites de exención de concesión, válidos para captaciones pequeñas, de hasta 15 mil litros diarios en pozos y 25 mil litros en ríos, siempre y cuando se registre en el sistema estatal.
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Exenciones y situaciones específicas previstas en la ley
La legislación prevé exenciones para usos considerados técnicos o emergenciales, como pozos para medición de nivel de agua, limpieza de áreas contaminadas o descenso del nivel freático sin utilización del agua. También se prevén excepciones en casos de inundaciones o desasolve de ríos.
A pesar de la exención, el propietario debe registrar el pozo en el organismo estatal competente, como el Departamento de Aguas y Energía Eléctrica (DAEE) en São Paulo, para control y fiscalización.
En estados como Rio Grande do Sul, la Resolución CRH n.º 402/2022 permite la regularización provisional de pozos antiguos hasta 2025, siempre que los responsables realicen el registro y presenten estudios técnicos.
Por qué la regulación se considera esencial
El objetivo declarado de la legislación es evitar la sobreexplotación de los acuíferos, garantizar calidad del agua y preservar reservas para futuras generaciones. Los pozos artesianos dependen de la recarga natural de las lluvias y del suelo, siendo fuentes finitas y susceptibles a la contaminación.
Los pozos demasiado cercanos pueden reducir el caudal entre sí y comprometer la disponibilidad del recurso, creando conflictos entre usuarios e impactos ambientales.
Además, el agua subterránea contaminada por desechos industriales, fosas o agroquímicos puede contener metales pesados y bacterias nocivas, ofreciendo riesgos a la salud pública y exigiendo monitoreo continuo.
Por qué el 88 % de los pozos brasileños están irregulares
A pesar de los motivos técnicos, regularizar un pozo artesiano en Brasil es un proceso caro y burocrático. El costo puede llegar a decenas de miles de reales, incluyendo licencias de perforación, informes hidrogeológicos, análisis de calidad, instalación obligatoria de hidrómetros y renovación periódica de la concesión.

Estudios indican que cerca de 9 de cada 10 pozos en el país funcionan sin autorización formal, no por mala fe, sino debido a la dificultad de seguir todas las etapas y costos del proceso.
Aún los usos simples, como irrigación de jardines públicos o descargas en plazas, requieren autorización estatal, ya que los municipios no tienen competencia para conceder permisos.
Conflictos entre leyes municipales y estatales
En 2025, en Santa María (RS), una ley municipal autorizó el uso de pozos artesianos regularizados para consumo humano en residencias y condominios, como alternativa a la red pública.
La compañía Corsan impugnó la norma, alegando que los recursos hídricos son de competencia estatal y federal. Con base en la Ley de las Aguas y resoluciones del Consejo de Recursos Hídricos, la concesionaria defendió el cierre de los pozos, generando disputa entre municipio y estado.
La situación ejemplifica cómo los residentes quedan en un limbo jurídico, sin saber si pueden o no utilizar legalmente sus pozos, incluso después de seguir las reglas locales.
Decisiones judiciales refuerzan la prioridad de la red pública
En 2018, el Tribunal de Justicia de Rio Grande do Sul prohibió a un condominio regularizado usar un pozo artesiano para consumo humano, incluso con la concesión solicitada.
Los desembargadores afirmaron que donde hay red pública de abastecimiento, la prioridad es de la concesionaria, con el objetivo de garantizar el control sanitario y la preservación ambiental.
Según la decisión, la tutela del medio ambiente ecológicamente equilibrado debe prevalecer sobre el interés individual, reforzando la primacía del abastecimiento colectivo.
Costos y obligaciones adicionales para quienes tienen pozo regular
A pesar de la concesión, los propietarios están obligados a realizar análisis frecuentes de la calidad del agua y renovar licencias cada cinco años, conforme a normas técnicas como las de la ABNT.
Quien utiliza un pozo y no está conectado a la red aún puede ser obligado a pagar una tasa de alcantarillado, ya que toda el agua captada debe ser devuelta al sistema de recolección disponible.
Este conjunto de obligaciones hace que, en muchos casos, mantener un pozo sea más caro que usar el agua de la red pública, desincentivando la regularización.
Impactos en áreas urbanas y rurales
En las áreas urbanas, la prioridad legal es el uso de la red pública, mientras que los pozos están reservados para actividades específicas, como usos industriales o rurales.

En zonas rurales, donde el acceso a la red es limitado, el pozo artesiano sigue siendo la principal fuente de abastecimiento para familias y propiedades agrícolas, a pesar de que el proceso de legalización siga siendo complejo y costoso.
En casos de sequía, los organismos gestores como el DRH pueden suspender captaciones no esenciales, como lavado de coches o aceras, priorizando la industria alimentaria y servicios de salud.
Burocracia como factor para irregularidad generalizada
Con costos elevados y exigencias técnicas extensas, la regularización se ha vuelto inviable para buena parte de los brasileños, que dependen del recurso por necesidad y no por elección.
De acuerdo con datos sectoriales, más de 400 mil domicilios en Rio Grande do Sul utilizan pozos irregulares, muchos en áreas sin alternativa de abastecimiento público.
Este escenario demuestra el desafío de equilibrar la preservación ambiental con el acceso democrático al agua, especialmente en comunidades de bajos ingresos y regiones aisladas.
La información fue recopilada con base en datos públicos de legislaciones estatales, como las resoluciones del DAEE y del CRH-RS, además de reportajes, comunicados institucionales y contenido del canal Elementar sobre gestión de recursos hídricos en el país.
¿Y tú, qué opinas sobre que el agua subterránea sea considerada pública y prohibida para uso sin autorización, incluso estando debajo de tu propio terreno?


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