El portaaviones São Paulo tuvo uno de los finales más controversiales de la historia naval brasileña: vendido como chatarra, rechazado por astilleros extranjeros debido al asbesto y hundido por la Marina a 350 km de la costa en 2023.
Pocos buques de guerra de la historia brasileña han tenido un destino tan controvertido como el portaaviones São Paulo (A-12). Durante años, fue el mayor buque de combate jamás operado por la Marina de Brasil y el principal símbolo de la aviación naval del país. Sin embargo, su capítulo final estuvo marcado por una secuencia de eventos inusuales: vendido como chatarra, rechazado por astilleros internacionales debido a materiales peligrosos, impedido de entrar en puertos brasileños y finalmente hundido deliberadamente en el Atlántico tras meses de incertidumbre.
El episodio involucró disputas jurídicas, preocupaciones ambientales y una compleja decisión militar que cerró definitivamente la historia de uno de los mayores buques de la marina brasileña.
Un portaaviones nacido en la Guerra Fría
El buque que más tarde se convertiría en el São Paulo no nació en Brasil. Fue originalmente construido en Francia. Bautizado como Foch (R99), el portaaviones entró en servicio en la Marina francesa en 1963. El buque formaba parte de la clase Clemenceau, diseñada durante la Guerra Fría para operar aviones de combate embarcados en el Mediterráneo y en el Atlántico.
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Durante décadas, el Foch participó en diversas operaciones militares francesas, incluyendo misiones durante conflictos internacionales y ejercicios navales de la OTAN. Con aproximadamente 265 metros de longitud y más de 32 mil toneladas de desplazamiento, el buque fue diseñado para operar jets militares, helicópteros y aeronaves de reconocimiento.
Después de más de tres décadas de servicio, Francia decidió retirarlo a finales de los años 1990.
La compra por Brasil y el surgimiento del NAe São Paulo
En 2000, el gobierno brasileño decidió adquirir el buque para sustituir al antiguo portaaviones Minas Gerais, que ya estaba próximo a la jubilación. La negociación con Francia resultó en la compra del buque por alrededor de US$ 12 millones, un valor relativamente bajo para un portaaviones, pero que reflejaba la antigüedad de la embarcación.
Tras ser transferido a Brasil, el buque fue renombrado NAe São Paulo (A-12). Durante los años siguientes, el São Paulo se convirtió en el centro de las operaciones de la aviación naval brasileña, permitiendo a la Marina operar aviones de ataque embarcados, como el A-4 Skyhawk, adaptado para operaciones en portaaviones.
Los problemas técnicos comenzaron a limitar el uso del buque
A pesar de la importancia estratégica del buque, su operación estuvo marcada por dificultades técnicas. A lo largo de los años, el São Paulo pasó por largos períodos de mantenimiento y modernización. Sistemas antiguos heredados de la época de la Guerra Fría exigían constantes reparaciones.
En 2005, un grave accidente que involucró explosiones en tuberías de la sala de máquinas mató a tres tripulantes y dejó varios heridos. Este episodio evidenció los desafíos de mantener un buque diseñado en los años 1950 operando en el siglo XXI.
En los años siguientes, nuevos problemas estructurales continuaron surgiendo, incluyendo fallas en sistemas de propulsión y catapultas utilizadas para lanzar aeronaves.
La desactivación marcó el fin de la era de los portaaviones en Brasil
Tras años de mantenimiento costoso y dificultades técnicas, la Marina de Brasil decidió desactivar el São Paulo en 2017. La decisión cerró definitivamente la operación de portaaviones convencionales en el país.
Sin condiciones económicas para modernizar la embarcación, el buque fue retirado de servicio y quedó anclado a la espera de un destino final. A partir de ese momento, se inició la búsqueda de una solución para el casco del buque.
Venta como chatarra para astillero extranjero
En 2021, la Marina realizó una subasta para vender el casco del São Paulo como chatarra. El comprador fue la empresa turca Sök Denizcilik, especializada en reciclaje de buques.
El plan era remolcar el portaaviones hasta Turquía, donde sería desmantelado en astilleros que realizan la reciclaje de grandes embarcaciones. En agosto de 2022, el buque dejó Río de Janeiro remolcado rumbo al Mediterráneo. Pero el viaje nunca llegó a su destino planeado.
El rechazo de Turquía debido al asbesto
Antes de la llegada del buque, las autoridades ambientales turcas analizaron documentos sobre la composición de la embarcación. Estos informes indicaban que el portaaviones contenía grandes cantidades de asbesto, un material utilizado durante décadas en la construcción naval como aislante térmico.
El asbesto es hoy considerado altamente peligroso para la salud humana, pudiendo causar enfermedades graves, incluido el cáncer. Ante la presión de organizaciones ambientales y protestas públicas, el gobierno turco decidió revocar la autorización para la entrada del buque en el país.
Sin permiso para atracar, el casco del São Paulo se vio obligado a regresar al Atlántico.
Meses vagando en el mar sin destino
Tras el rechazo de Turquía, el destino del buque se convirtió en un problema complejo. Puertos brasileños también mostraron resistencia en permitir la entrada de la embarcación, precisamente por la presencia de materiales peligrosos en su estructura.
Mientras las autoridades buscaban una solución, el portaaviones permaneció remolcado en alta mar durante meses, especialmente cerca de la costa del Nordeste brasileño. La situación generó gran repercusión internacional y abrió un debate involucrando:
- seguridad ambiental
- el desecho de buques militares antiguos
- responsabilidades legales en el transporte de residuos peligrosos
Durante este período, evaluaciones técnicas indicaron que el casco se estaba deteriorando.
La decisión de hundir el buque
Frente al estancamiento, la Marina de Brasil tomó una decisión definitiva. En 3 de febrero de 2023, el gobierno autorizó el hundimiento controlado del buque en el océano Atlántico.
La operación se realizó a cerca de:
- 350 kilómetros de la costa brasileña
- en una región con aproximadamente 5.000 metros de profundidad
Según la Marina, el lugar fue elegido por estar lejos de áreas ambientalmente sensibles, rutas de navegación y cables submarinos. La operación involucró un complejo planificación logística para garantizar que el buque fuera hundido de manera controlada.
Operación generó críticas de ambientalistas
A pesar de la autorización judicial, la decisión no ocurrió sin controversia. Organizaciones ambientales y el Ministerio Público Federal cuestionaron la operación, planteando preocupaciones sobre posibles impactos ambientales.
Los críticos señalaron que el buque contenía:
- asbesto
- metales pesados
- residuos industriales
Según estas organizaciones, el hundimiento podría liberar contaminantes en el medio marino. A pesar de las críticas, la justicia autorizó la operación tras análisis técnicos presentados por las autoridades brasileñas.
El fin de un gigante de la historia naval brasileña
Con el hundimiento del casco, llegó a su fin la historia del mayor portaaviones jamás operado por la Marina de Brasil. Durante su vida útil, el São Paulo representó la capacidad del país para operar aeronaves embarcadas en buques de guerra — una habilidad dominada por pocas marinas en el mundo.
Tras su jubilación, Brasil comenzó a operar un buque con función diferente: el NAM Atlântico, adquirido del Reino Unido en 2018.
Este buque funciona como porta-helicópteros y plataforma de operaciones anfibias, pero no sustituye totalmente el papel de un portaaviones convencional.
Uno de los finales más inusuales de la historia naval
El destino del São Paulo se convirtió en uno de los episodios más inusuales de la historia naval reciente. Un buque que durante décadas representó poder militar y tecnología naval terminó su trayectoria envuelto en disputas ambientales, rechazos internacionales y meses vagando en el océano sin destino definido.
Su hundimiento en aguas profundas cerró definitivamente la trayectoria de un gigante que, durante años, simbolizó la presencia de Brasil en el selecto grupo de países capaces de operar portaaviones.
Y aun desaparecido en el fondo del Atlántico, la historia del São Paulo sigue siendo recordada como uno de los capítulos más complejos y debatidos de la historia naval brasileña.



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