El cambio de estilo de vida marca una nueva fase de Xuxa, que cambia una mansión icónica por una casa integrada a la naturaleza, manteniendo el confort y adoptando elecciones sostenibles alineadas a la rutina actual.
Xuxa Meneghel llega a los 63 años este viernes, 27 de marzo, en medio de un cambio que simboliza más que un cambio de dirección.
Después de vivir durante décadas en una de las propiedades más conocidas de Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, la presentadora vendió la llamada “Nave Madre” por alrededor de R$ 45 millones y comenzó a vivir, desde 2021, en una residencia más pequeña, en el mismo condominio, pero concebida con otra lógica: menos escala, más integración con la naturaleza y una rutina orientada al bienestar.
Venta de la mansión en Barra da Tijuca y cambio de residencia
La mansión dejada atrás ocupaba un lugar destacado en la imaginación en torno a la artista.
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Ubicado en el condominio Malibu, el inmueble tenía 2.626 metros cuadrados, estructura de alto estándar, amplias áreas de ocio y ambientes que ayudaron a consolidar la imagen de una casa monumental, construida para una fase en la que la vida familiar y la exposición pública tenían otra dimensión.
Entre los espacios mencionados a lo largo de los años estaban cine, gimnasio, piscinas y un área adaptada para atender las necesidades de salud de la madre de la presentadora.
Cambio de vida tras pérdidas familiares
La decisión de salir de la antigua residencia no ocurrió por impulso ni se presentó como una ruptura con el confort.
Lo que cambió fue la relación de Xuxa con el espacio.
Desde la muerte de Alda Meneghel, en 2018, la casa pasó a representar una dinámica diferente de aquella para la cual había sido organizada, sobre todo después de que su hija, Sasha, siguió su propia vida.

La propiedad, antes compatible con una rutina más llena, se volvió demasiado grande para la fase actual de la presentadora.
Nueva casa sostenible con enfoque en el bienestar
Fue en este contexto que la artista optó por permanecer en el mismo condominio y cambiar la grandiosidad por un inmueble de aproximadamente 900 metros cuadrados.
La nueva casa preserva características de alto estándar, con suites, áreas de convivencia, estudio y espacios destinados a recibir amigos y familiares, pero el proyecto se aleja de la lógica de ostentación que marcó la residencia anterior.
En lugar de monumentalidad, el enfoque pasó a ser funcionalidad, acogida y conexión cotidiana con el entorno.
Jabuticabeira en el centro de la sala simboliza integración con la naturaleza
El elemento más simbólico de la nueva fase está en el corazón de la casa.
En el centro de la sala, una jabuticabeira fue incorporada al proyecto y rodeada de vidrio, en una solución pensada para llevar luz natural al interior y disolver la frontera entre dentro y fuera.
El recurso no aparece solo como una elección estética.
Resume la propuesta de una vivienda que intenta acercar la rutina doméstica a la vegetación, al respiro y a una idea más orgánica de permanencia.
Sostenibilidad y consumo consciente en la decoración
Este concepto se extiende a la decoración y al modo de ocupar los ambientes.
La casa fue asociada, en reportajes sobre el inmueble, a opciones alineadas al estilo de vida que Xuxa ha defendido en los últimos años, con preferencia por materiales que prescinden de elementos de origen animal y por elecciones que dialoguen con un consumo más consciente.
No se trata de renunciar al confort, sino de reorganizarlo sobre bases diferentes, con menos exceso visual y más coherencia con los hábitos que la presentadora ha hecho públicos.
Los animales mantienen protagonismo en la rutina de la casa
La presencia de animales sigue siendo una marca del cotidiano de la artista y ayuda a explicar la atmósfera de la nueva dirección.
La circulación de pájaros y perros por los ambientes integra la dinámica de la casa y refuerza la propuesta de un espacio menos rígido, en el que la arquitectura no sirve solo a la exhibición, sino a la convivencia.
En este diseño, la residencia funciona casi como una extensión del refugio que la presentadora buscó construir para sí, sin abandonar la privacidad ni la estructura.
Al reducir la escala del inmueble, Xuxa no dejó atrás el estándar elevado de vivienda, sino que rediseñó el significado de ese estándar.
La nueva casa sigue siendo amplia para los parámetros urbanos, pero responde a necesidades distintas de las que orientaron la antigua mansión.
El inmueble actual alberga encuentros, ofrece confort y mantiene áreas dedicadas a la convivencia, aunque el centro de la experiencia ha dejado de ser el impacto visual para privilegiar la permanencia, la circulación y la sensación de abrigo.
La trayectoria de Xuxa refuerza la dimensión del cambio
La relevancia de esta transformación personal gana otro peso cuando se observa a la luz de la carrera de Xuxa.
Nacida el 27 de marzo de 1963, en Santa Rosa, en Río Grande do Sul, construyó una de las trayectorias más populares de la televisión brasileña.
Antes de consolidarse como presentadora, trabajó como modelo a finales de la década de 1970.
En la transición a los años 1980, fue invitada a dirigir el Clube da Criança, en la extinta TV Manchete, paso que abrió camino para la consolidación de su imagen ante el público infantil.
La proyección nacional se transformó en fenómeno a partir del estreno de Xou da Xuxa en TV Globo, en 1986.
El programa se convirtió en una de las atracciones infantiles de mayor repercusión de la emisora, combinando auditorio, música, juegos y personajes que marcaron generaciones.
El éxito en la televisión también impulsó la carrera fonográfica de la presentadora y amplió su presencia a otros mercados, con versiones y proyectos en español e inglés en los años siguientes.
A lo largo de las décadas, Xuxa transitó por diferentes formatos, mantuvo la fuerza de su marca en el entretenimiento, actuó en películas, licenciaron productos y se convirtió en uno de los nombres más reconocibles de la cultura pop brasileña.
En este recorrido, la “Nave Madre” también se convirtió en símbolo de una fase de auge, prosperidad y vida familiar intensa.
El cambio por una casa más pequeña, sin embargo, muestra que la reducción de escala no representa un retroceso, sino una adaptación a un momento en que la imagen de refugio pasó a pesar más que la de vitrina.
La nueva dirección, con su jabuticabeira en el centro de la sala y propuesta orientada a la integración con la naturaleza, sintetiza esta transición de manera más elocuente que cualquier discurso.
En lugar de la casa monumental asociada a la celebridad, prevalece ahora la lógica de una vivienda pensada para la rutina real, para la circulación de los animales, para encuentros más íntimos y para un cotidiano menos atravesado por excesos.
El cambio, en este sentido, acompaña no solo la edad de la presentadora, sino la forma en que ha comenzado a organizar su propia vida.

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