La trayectoria del primer brasileño formado en Harvard revela un pionero que fundó un museo, hospital y periódico científico en el siglo XIX, pero tuvo sus contribuciones olvidadas incluso después de influir en la organización de la medicina y la ciencia en el país
La presencia de personajes que rompieron patrones no siempre recibe la debida atención. Este es el caso de Joaquim Antônio Alves Ribeiro, médico cearense formado por la Universidad de Harvard a mediados del siglo XIX.
Él integró un grupo reducido de brasileños que buscó formación en Estados Unidos y asumió roles importantes en Ceará. Su labor incluyó el liderazgo en la Santa Casa de Misericordia de Fortaleza, primer hospital de caridad del estado, además de la creación del primer museo de historia natural cearense.
El médico también estuvo al frente de uno de los primeros periódicos de divulgación científica del Norte y Nordeste. Nacido en Icó, en 1830, permaneció olvidado durante décadas.
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Su nombre solo volvió a ser discutido cuando el investigador Eduardo de Vasconcelos encontró indicios de su relevancia. El descubrimiento ocurrió aún en la graduación de Historia, cuando Eduardo asistía a una charla sobre el científico Francisco Dias da Rocha.
El investigador oyó que la colección de Dias da Rocha habría originado el Museo del Ceará. Sin embargo, un documento encontrado en los archivos históricos presentaba otra narrativa.
El propio Dias da Rocha mencionaba la existencia de un museo anterior, ideado por Alves Ribeiro. Este dato revelaba una laguna significativa en la historiografía local y estimuló una investigación más profunda.
El interés de Vasconcelos resultó en el libro A Ciência Peculiar de Joaquim Antônio Alves Ribeiro, publicado por la Editora Cancioneiro. El trabajo deriva de su tesis de doctorado y busca incluir al cearense en el conjunto de los pioneros de la medicina brasileña, grupo generalmente asociado a nombres como Oswaldo Cruz y Carlos Chagas.

Entre Ceará y Harvard
La decisión de estudiar en Estados Unidos se destacó en un contexto en el que familias brasileñas enviaban a sus herederos a Portugal o Francia. El investigador sugiere que la elección puede haber sido influenciada por la crisis económica europea del período, que elevó los costos de la educación superior. Conexiones comerciales de la familia también pueden haber favorecido esta alternativa.
Harvard aún no poseía el prestigio actual. El ingreso exigía una prueba de matemáticas y latín, dominio del inglés y recursos para costear las clases. Alves Ribeiro se convirtió en el primer brasileño nativo, hijo de brasileños, en ser admitido en la institución. Durante la investigación, sin embargo, se encontraron registros de dos estudiantes naturales de Río de Janeiro que pasaron por el curso anteriormente. Ambos tenían el apellido White, lo que indica vínculos extranjeros.
Tras concluir la formación, el médico regresó al país. Abrió una clínica en Recife y actuó como generalista durante tres años. En 1858, volvió a Ceará y asumió el cargo de médico de los pobres, función remunerada por la provincia para atender a quienes no tenían condiciones de pagar por cuidados médicos. Cuando la Santa Casa de Misericordia fue inaugurada, en 1861, se convirtió en el primer médico de la unidad.
Ciencia, medicina y divulgación
El investigador destaca que la medicina y la ciencia vividas por Alves Ribeiro estaban en desarrollo. Médicos competían con otras prácticas de cura, como ritos religiosos y métodos tradicionales. A pesar del escenario fragmentado, él buscaba apoyo en los conocimientos científicos disponibles.
Una de sus iniciativas más notables fue el periódico A Lanceta, publicado de 1861 a 1863. El periódico puede haber sido inspirado en la revista inglesa The Lancet, ya que existen registros de cartas enviadas por el médico a la publicación extranjera. La versión brasileña abordaba medicina, cirugía, fisiología y farmacia. Su objetivo era crear una red de profesionales interesados en fortalecer el área en el país.
Además del periódico, Alves Ribeiro produjo el Manual da Parteira, destinado a orientar a legos en prácticas obstétricas fundamentales. La obra utilizaba imágenes como recurso pedagógico y buscaba promover la difusión del conocimiento médico. El material reflejaba preocupación por la salud pública y la educación popular.
El cearense también adoptó prácticas consideradas innovadoras para el período, como el uso de éter en procedimientos. Se enteró de debates sobre anestesia a través de la Gazeta Médica da Bahia. Después de leer un artículo, envió una respuesta informando que aplicaba la técnica para extraer dientes o nódulos. Además, ajustaba la cantidad de la sustancia al clima local, ya que el calor del Nordeste exigía un mayor volumen para garantizar el efecto deseado.
El apagado histórico
A pesar de las contribuciones, Alves Ribeiro desapareció de la memoria colectiva tras su muerte, en 1875, a los 45 años. El investigador señala diferentes factores para explicar el olvido. La muerte prematura dificultó la consolidación de su legado. Además, no hubo discípulos ni instituciones capaces de dar continuidad a su trabajo.
El contexto histórico de Ceará reforzó este apagado. Narrativas centradas en la sequía y el cangaço ocuparon un espacio significativo en los estudios académicos, reduciendo la visibilidad de trayectorias científicas. La colección de historia natural producida por el médico también se perdió con el tiempo, eliminando uno de los principales testimonios de su actuación.
Aún con sus iniciativas pioneras, Vasconcelos argumenta que no se debe retratarlo como un hombre avanzado para su época. Para él, Alves Ribeiro expresó de manera precisa los desafíos y posibilidades de su contexto. La dificultad está en percibir este marco porque, según el investigador, la producción científica brasileña sigue frecuentemente asociada al eje sur-sudeste.
Su trayectoria revela un nordestino que buscó medios para contribuir al desarrollo de la ciencia. Él transitó entre la práctica médica, la creación de espacios de conocimiento y la divulgación científica. Estas acciones demuestran un intento coherente de fortalecer el campo en Brasil, a pesar de las limitaciones del período.
La investigación sobre su vida señala cómo las lagunas historiográficas aún moldean la comprensión sobre pioneros. El esfuerzo de Vasconcelos intenta restituir a Alves Ribeiro el lugar que le corresponde en esta historia. Su actuación en la Santa Casa, el involucramiento con la prensa científica y el proyecto del museo refuerzan la importancia de revisitar figuras cuyas contribuciones no fueron plenamente reconocidas.
La historia de Joaquim Antônio Alves Ribeiro, por lo tanto, evidencia cómo personajes relevantes pueden ser borrados por factores sociales, institucionales y culturales. Recuperar sus iniciativas representa más que recuperar biografías olvidadas. Significa ampliar la lectura sobre quiénes participaron en la construcción de la ciencia en el país y reconocer la diversidad de caminos que moldearon este proceso.
Con información de BBC.

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